Estaba volviendo de colegiales en el 93, después de uno de esos sábados inciertos, sentado en un asiento individual, concentrándome en cosas banales y carentes de interés, totalmente emponchado por el frío y con la guitarra a cuestas. El 93 tiene algunas particularidades, de las que voy a nombrar sólo dos en este momento: La primera, es su capacidad de tardar más de media hora entre colectivo y colectivo, que hace que el frío se sienta más en estas épocas invernales que azotan la Ciudad; y la otra, es su paso por la estación de Chacarita, y fue ahí donde empezó todo esto.
Como mencioné antes, yo iba abrigado y sentado en un asiento individual, pensando en la nada misma, cuando en la estación de Chacarita subió ella. Abrigada con una campera marrón, y un gorrito de lana blanco con dibujos azules. Inmediatamente algo en ella me llamó la atención, y empecé a mirarla. Tenía unos 30 y pico, y algo inexplicable hacía que la mire. Disimuladamente, clavé mi vista en ella, a veces directamente cuando sabía que no estaba viendo, a veces de reojo, a veces por el reflejo que daba la ventana.
Descubrí entonces que hacía pequeñas muecas con la boca, como apretando los labios, moviéndolos inquietamente, nerviosa. Entonces, un rayo de empatía me atravesó, y pude sentir algo. Observando más detalladamente, me di cuenta que los movimientos que hacía con la cara arrugando el mentón, eran como aguantando un llanto inminente, entonces, para mis adentros, empecé a teorizar sobre el asunto, y llegué a la conclusión de que seguro venía del cementerio, que no está lejos de donde se había subido. Con la certeza de esto, se me ocurrieron dos variantes: la primera, es que había ido a ver a alguien que había fallecido hace poco y que era joven, probablemente un familiar de segundo grado, como un primo, un tío. La otra hipótesis, decía que justo ese día se cumplía el aniversario de la muerte de un familiar de primer grado, como un hermano, o alguno de sus padres, o alguien a quien ella quería realmente mucho. Me quedé entonces con la primera, y en mi cabeza siguieron los divagues, mientras la miraba atentamente.
Cada tanto, ella respiraba hacia adentro, y su nariz sonaba angustiada, sus ojos de a poco se humedecieron, haciéndose más brillantes, y se notaba que cada vez le costaba más retener el llanto. Nadie más en el colectivo parecía notarlo.
En una parada logró conseguir asiento, justo adelante del mío, por lo que no pude ver más su cara, pero si oía su respiración algo agitada, la angustia de su nariz, y veía como movía su cabeza levemente haciendo una especie de "no, esto no puede ser" que yo decodificaba de forma inequívoca. Seguí entonces pensando en ella, en lo que estaba pasando, a medida que el aire de Palermo iba entrando en el colectivo y yo me acercaba a mi destino.
Avenida Santa Fé. Me paré para poder llegar a la puerta cómodamente, sin tener que apurarme por empujar a toda la gente que inundaba el 93. Cuando me paré, lo primero que hice fue mirarla. Y entendí todo. Ella estaba viendo por la ventana, sin mirar por la ventana, concentrándose en el polvo del vidrio que se dejaba ver por el contraluz del sol de las cinco de la tarde, y en algunas imperfecciones y manchas. La excusa perfecta para pensar, y pensar, y pensar. Yo la estaba mirando fijamente, mientras el colectivo se acercaba a Juan B. Justo. Toqué el timbre. El colectivo iba bajando su marcha, y empecé a sentir el viento frío de la puerta que se abrío de golpe. Una última mirada, se dió vuelta, con los ojos totalmente llenos de lágrimas que no caían. Se dio cuenta que la estaba mirando, porque me agarró desprevenido, así que levemente sonreí, con una de esas sonrisas que sutilmente dicen "todo va a pasar... tranquila", por más que una muerte nunca pase, hablamos del mal momento, de la angustia y de la impotencia de ese instante en que no sabemos cómo reaccionar. Ella me entendió, y apretando los labios y casi dejando caer una de sus lágrimas, que por suerte se quedó pegada al ojo (una vez que una lágrima cae, todas las demás lo hacen casi por inercia) dejó sin querer, salir una leve, muy leve sonrisa que decía "voy a estar bien, gracias", en lo que me pareció un segundo eterno. Justo antes de que termine ese segundo, otro rayo de empatía me atravesó, y me sentí algo angustiado. Supe entonces, que ella me había traspasado un poco de su tristeza, muy poca, pero que le había servido para sentirse mejor. En un golpe de reacción, me di vuelta y bajé del colectivo, pensando muchísimo.
Es así como la tristeza se disuelve con este entendimiento casi inexplicable. Uno la va pasando a distintas personas casi de imprevisto y sin querer, pero es que inconscientemente uno traspasa un poquito de su propia tristeza a los demás, diluyéndola así entre tal vez decenas de personas que logran conectarse con uno, para las que ese poquito sería casi inofensivo. Pero la tristeza no es inofensiva, ni en la unidad de medición más ínfima.
Cuando me vi abajo del colectivo, sabía lo que había pasado, y totalmente pensativo me subí al 166, que me acercaría aún más a mi casa. Fue un viaje de una hora totalmente reflexivo, de esos en los que uno ve por la ventana, sin mirar por la ventana.
domingo, 3 de julio de 2011
lunes, 27 de junio de 2011
Nota Editorial #2
Debido a distintos inconvenientes y problemas técnicos (casi muero en un ataque nuclear) sepan ustedes amablemente disculpar a toda la empresa Paradoenelabismo S.A. por sus intermitentes apariciones a lo largo de este último mes. Se comunica a los señores lectores, espectadores y radioescuchas, que la transmisión de este medio será momentáneamente interrumpida hasta que se vea concluida la fase "6 Finales: Estoy hasta las manos" próxima a comenzar. Se calcula que en el mes de agosto retomaremos la continuidad de las ediciones tal como era en la época de oro, donde las letras iban y venían en libre albedrío.
De todas formas, también se comenta que se están gestando nuevas publicaciones, que pasado dicho período serán, valga la redundancia, publicadas para que usted, sus hijos, su perro y godzilla puedan disfrutarlas.
Sin más, hago propicia la oportunidad para enviarles un cordial saludo.
Atte., Pebablds.
Vicepresidente Junior
De todas formas, también se comenta que se están gestando nuevas publicaciones, que pasado dicho período serán, valga la redundancia, publicadas para que usted, sus hijos, su perro y godzilla puedan disfrutarlas.
Sin más, hago propicia la oportunidad para enviarles un cordial saludo.
Atte., Pebablds.
Vicepresidente Junior
sábado, 18 de junio de 2011
Odio VI (Auuuuun hay máaas!)
Bueno, queridos lectores, si es que realmente leen, hoy (ayer) ha sido un viernes largo y de mierda, por lo tanto, las pilas del odio han sido cargadas. Tanto es así, que mis pelotas (hoy estoy maleducado, sí) están haciendo la travesía de Julio Verne hacia el centro de la tierra, de tan abajo que las tengo (ya pasaron el nivel del suelo). Por ende, me enorgullece traerles una nueva edición de odio, que les debía de la encuesta anterior (pueden votar cosas copantes a la derecha). Y bueno, sin más preámulos, chúpenme la oreja:
Odio que las rueditas vengan en paquetes tan chiquitos: Aunque se que podría tranquilamente intoxicarme hasta la muerte con esa porquería, siempre me quedo con ganas de más cuando como un paquete!
Odio los vendedores de ropa. Cuando estoy en el probador te dicen de afuera a los gritos "Y? cómo te queda el bóxer apretado con leopardo??" -¡ME LEVANTA LA COLA, PELOTUDA, Y GRITÁ UN POCO MÁS FUERTE QUE EL QUE HACE LOS CHORIS EN LA ESTACIÓN DE ONCE NO TE ESCUCHÓ BIEN!
Odio los que dicen "todo regio": Qué mierda tienen en la cabeza???
Odio los psicólogos: Me niego totalmente a pagarle a alguien para contarle mis problemas, para que luego de interminables sesiones concluya que soy gay, o que tuve un problema en la infancia. Para eso está facebook, que ponés "Estoy triste porque mi gato escupió una pelusa" y miles de personas sin mucho que hacer empiezan a blasfemar sobre las pelusas, el gato, y larrep!
Odio que los remiseros me hablen de sus problemas: Me han contado que tienen problemas con la mujer, con la suegra, y hasta uno me dijo "el médico me dijo que no podía excederme con las comidas, porque me podía morir, pero yo todos los viernes me clavo unos buenos tacos mexicanos con picante!". O van al psicólogo, o se abren un facebook ya!
Odio las matemáticas: PUTAS!
Odio que la gente termine los nombres en "y": Por ejemplo Pably, Flory, Jony: Símbolo indudable de ignorancia. (A menos que te llame Johnny o seas inglés).
Odio las pizzas que tienen salsa golf: Qué onda? Es algo terrible!!! Te manchas todo, se te cae la porción SIEMPRE, se desarma... y ni hablar de los palmitos! AAAAAAAAA!
Odio a los que nunca se sacan los anteojos de sol: O están drogados a lo Andy chango, o tienen una especie de tumor cerebral. Creo que la del tumor es más creíble, nadie se puede drogar como Andy.
Odio los que escupen cuando hablan: Voy a inventar un paraguas para caras. O mejor aún, voy a evitar hablar con gente. La gente me irrita, y más cuando me habla!
----
Este odio ha sido cortito y al pie, no es que se me haya acabado, es que NO ME ROMPAN LAS PELOTAS!
:)
Odio que las rueditas vengan en paquetes tan chiquitos: Aunque se que podría tranquilamente intoxicarme hasta la muerte con esa porquería, siempre me quedo con ganas de más cuando como un paquete!
Odio los vendedores de ropa. Cuando estoy en el probador te dicen de afuera a los gritos "Y? cómo te queda el bóxer apretado con leopardo??" -¡ME LEVANTA LA COLA, PELOTUDA, Y GRITÁ UN POCO MÁS FUERTE QUE EL QUE HACE LOS CHORIS EN LA ESTACIÓN DE ONCE NO TE ESCUCHÓ BIEN!
Odio los que dicen "todo regio": Qué mierda tienen en la cabeza???
Odio los psicólogos: Me niego totalmente a pagarle a alguien para contarle mis problemas, para que luego de interminables sesiones concluya que soy gay, o que tuve un problema en la infancia. Para eso está facebook, que ponés "Estoy triste porque mi gato escupió una pelusa" y miles de personas sin mucho que hacer empiezan a blasfemar sobre las pelusas, el gato, y larrep!
Odio que los remiseros me hablen de sus problemas: Me han contado que tienen problemas con la mujer, con la suegra, y hasta uno me dijo "el médico me dijo que no podía excederme con las comidas, porque me podía morir, pero yo todos los viernes me clavo unos buenos tacos mexicanos con picante!". O van al psicólogo, o se abren un facebook ya!
Odio las matemáticas: PUTAS!
Odio que la gente termine los nombres en "y": Por ejemplo Pably, Flory, Jony: Símbolo indudable de ignorancia. (A menos que te llame Johnny o seas inglés).
Odio las pizzas que tienen salsa golf: Qué onda? Es algo terrible!!! Te manchas todo, se te cae la porción SIEMPRE, se desarma... y ni hablar de los palmitos! AAAAAAAAA!
Odio a los que nunca se sacan los anteojos de sol: O están drogados a lo Andy chango, o tienen una especie de tumor cerebral. Creo que la del tumor es más creíble, nadie se puede drogar como Andy.
Odio los que escupen cuando hablan: Voy a inventar un paraguas para caras. O mejor aún, voy a evitar hablar con gente. La gente me irrita, y más cuando me habla!
----
Este odio ha sido cortito y al pie, no es que se me haya acabado, es que NO ME ROMPAN LAS PELOTAS!
:)
domingo, 12 de junio de 2011
domingo, 5 de junio de 2011
¿Qué es el arte?
Esta es una pregunta casi de esas que acompañan al hombre a lo largo de su historia, y por más que algún cómico te diga "es cagarte de frío" sabemos que estamos lejos de esa respuesta, a menos obviamente que se nos ocurra contemplar la belleza de un cuadro de Mondrian en medio de la antártida, aunque eso, más que arte, es ser medio pelotudo.
Wikpedia (que tranquilamente ya podríamos decir que es como -o mejor- que un diccionario de la RAE, aunque muchos duden de su contenido) define al arte como "...cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, a través del cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, mediante diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos."
Sabiendo entonces que el arte es en sí una expresión del humano para generar comunicación o con un fin estético... ¿Por qué mierda todos dicen que lo que hacen es un arte?
"El arte de cocinar mandioca los martes a la mañana", "El arte de arreglar un carburador con un encendedor y una percha", "El arte de navegar en barco por el pacífico" y muchas otras cosas que hacen sentir a la gente importante, porque creen que lo que hacen es arte.
¿De qué estamos hablando señores? Uno podría justificarse y decir "...porque cocinar mandiocas los martes a la mañana es una expresión del hombre que transmite el estado de ánimo del cocinero y genera emociones distintas en cada uno de los comensales", pero yo digo que nos dejemos de joder y que al pan, pan, y al vino, gracias.
Todo bien con que le tengamos aprecio a nuestras actividades, pero si empezamos a decir que todo es arte y a devualuar entonces el verdadero valor del arte, DaVinci va a revivir, lo va a llamar a Miguel Ángel, y mediante una poción mágica que incluye pelo del bigote de Dalí y cera de la oreja de Van Gogh (al primero que mencione la bandita gallega lo cago a piñas) para revivir un ejército de Dadaístas que destruyan el mundo en el nombre del verdadero Arte.
Obviamente, encontramos dentro de las ramas del arte, personas que hacen cosas que muchos dicen "¿y por esto le pagaron veinte millones de dólares?" como por ejemplo, cuando uno ve un cuadro de Jackson Pollock que no es más que un montón de manchas, potenciadas con basura, e incluso pis del artista. Pero el arte, supongo, es eso.
Hacer pis en un cuadro y que te paguen en dólares de seis o siete cifras. Como siempre, la culpa no es del que lo vende, sino del que lo compra, pero si sos un jeque árabe y tenés que impresionar a tu harem de 200 mujercitas, es obvio que con un pancho y una coca no las vas a cautivar, a menos que ese pancho y esa coca hayan salido millones de dólares. Pero es mejor comprar una obra de arte, que dura un poco más de tiempo, y no te la querés comer, a menos claro, que a Marta Minujín se le ocurra hacer un cabildo de gelatina, y como su gran concepto de arte efímero invita a destruir la obra, podría invitar a cada uno de los espectadores a participar de la obra y comérsela.
Pero en fin, dejen de categorizar todas las actividades del ser humano como arte, y pónganse a laburar!!!!!!!!!!!
Y por favor!!! Dejen de sacar libros que se llamen "El arte de..."
Sin afecto,
Paradoenelabismo S.A.
Muchas gracias.
Wikpedia (que tranquilamente ya podríamos decir que es como -o mejor- que un diccionario de la RAE, aunque muchos duden de su contenido) define al arte como "...cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, a través del cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, mediante diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos."
Sabiendo entonces que el arte es en sí una expresión del humano para generar comunicación o con un fin estético... ¿Por qué mierda todos dicen que lo que hacen es un arte?
"El arte de cocinar mandioca los martes a la mañana", "El arte de arreglar un carburador con un encendedor y una percha", "El arte de navegar en barco por el pacífico" y muchas otras cosas que hacen sentir a la gente importante, porque creen que lo que hacen es arte.
¿De qué estamos hablando señores? Uno podría justificarse y decir "...porque cocinar mandiocas los martes a la mañana es una expresión del hombre que transmite el estado de ánimo del cocinero y genera emociones distintas en cada uno de los comensales", pero yo digo que nos dejemos de joder y que al pan, pan, y al vino, gracias.
Todo bien con que le tengamos aprecio a nuestras actividades, pero si empezamos a decir que todo es arte y a devualuar entonces el verdadero valor del arte, DaVinci va a revivir, lo va a llamar a Miguel Ángel, y mediante una poción mágica que incluye pelo del bigote de Dalí y cera de la oreja de Van Gogh (al primero que mencione la bandita gallega lo cago a piñas) para revivir un ejército de Dadaístas que destruyan el mundo en el nombre del verdadero Arte.
Obviamente, encontramos dentro de las ramas del arte, personas que hacen cosas que muchos dicen "¿y por esto le pagaron veinte millones de dólares?" como por ejemplo, cuando uno ve un cuadro de Jackson Pollock que no es más que un montón de manchas, potenciadas con basura, e incluso pis del artista. Pero el arte, supongo, es eso.
Hacer pis en un cuadro y que te paguen en dólares de seis o siete cifras. Como siempre, la culpa no es del que lo vende, sino del que lo compra, pero si sos un jeque árabe y tenés que impresionar a tu harem de 200 mujercitas, es obvio que con un pancho y una coca no las vas a cautivar, a menos que ese pancho y esa coca hayan salido millones de dólares. Pero es mejor comprar una obra de arte, que dura un poco más de tiempo, y no te la querés comer, a menos claro, que a Marta Minujín se le ocurra hacer un cabildo de gelatina, y como su gran concepto de arte efímero invita a destruir la obra, podría invitar a cada uno de los espectadores a participar de la obra y comérsela.
Pero en fin, dejen de categorizar todas las actividades del ser humano como arte, y pónganse a laburar!!!!!!!!!!!
Y por favor!!! Dejen de sacar libros que se llamen "El arte de..."
Sin afecto,
Paradoenelabismo S.A.
Muchas gracias.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Fuego
- ¿Por qué te mandaron ahora a que vengas?
- La señorita dice que me porté mal.
- ¿Qué hiciste?
- Nada.
- No, nada no, por algo te mandó a que me vengas a ver.
- Es que casi prendo fuego a una compañerita.
- ¡¿Y por qué hiciste eso?!
- Porque me estaba molestando.
- ¡¿Y cómo es que a una criatura de tercer grado se le ocurre prender fuego a alguien?! ¡De los treinta años que llevo atrás de este escritorio nunca escuché nada igual!
- Bueno, pero por ahí nunca nadie le dijo lo que me dijeron a mí.
- ¿Y qué te dijeron?
- Era mi novia y me dijo que no me quería más.
- ¿Y por eso la querías prender fuego?
- Sí, ¿Usted no querría lo mismo?
- Mirá, yo cuando tenía tu edad las cosas eran muy distintas. Ahora tendrías que estar encerrado sin poder salir. Voy a llamar a tus padres para que te vengan a buscar.
- ¡No! ¡Por Favor! ¡Le juro que no lo hago más!
- Escuchame, ¡no podés prender fuego a la gente porque sí!
- Pero yo tenía una razón...
- ¡Dejate de pavadas! Quedate ahí que voy a llamar a tus padres.
- ¡Pero déjese de joder!
- ¡¿Cómo le hablás así a una autoridad?! ¡Ubicate porque vas de mal en peor!
- Bueno, me parece que va a tener que llamar a mi papá al trabajo entonces.
- ¿Dónde trabaja tu papá?
- En los bomberos voluntarios.
- ¿Qué?
- ¡Muejeje!
- ¡Deja eso!
- ¡MUEJEJEJEE!
- AAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!
- La señorita dice que me porté mal.
- ¿Qué hiciste?
- Nada.
- No, nada no, por algo te mandó a que me vengas a ver.
- Es que casi prendo fuego a una compañerita.
- ¡¿Y por qué hiciste eso?!
- Porque me estaba molestando.
- ¡¿Y cómo es que a una criatura de tercer grado se le ocurre prender fuego a alguien?! ¡De los treinta años que llevo atrás de este escritorio nunca escuché nada igual!
- Bueno, pero por ahí nunca nadie le dijo lo que me dijeron a mí.
- ¿Y qué te dijeron?
- Era mi novia y me dijo que no me quería más.
- ¿Y por eso la querías prender fuego?
- Sí, ¿Usted no querría lo mismo?
- Mirá, yo cuando tenía tu edad las cosas eran muy distintas. Ahora tendrías que estar encerrado sin poder salir. Voy a llamar a tus padres para que te vengan a buscar.
- ¡No! ¡Por Favor! ¡Le juro que no lo hago más!
- Escuchame, ¡no podés prender fuego a la gente porque sí!
- Pero yo tenía una razón...
- ¡Dejate de pavadas! Quedate ahí que voy a llamar a tus padres.
- ¡Pero déjese de joder!
- ¡¿Cómo le hablás así a una autoridad?! ¡Ubicate porque vas de mal en peor!
- Bueno, me parece que va a tener que llamar a mi papá al trabajo entonces.
- ¿Dónde trabaja tu papá?
- En los bomberos voluntarios.
- ¿Qué?
- ¡Muejeje!
- ¡Deja eso!
- ¡MUEJEJEJEE!
- AAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!
martes, 24 de mayo de 2011
Tacto
Abrió los ojos. O eso creyó. Volvió a abrirlos. Estaban abiertos. Notó entonces dónde se encontraba. En realidad, no sabía dónde se encontraba. Era la oscuridad misma. Un negro increíble, como nunca antes había visto. Pudo notar que estaba sentado, apoyado sobre lo que parecía ser una pared. Le dolía la cabeza levemente, pero estaba bien, desorientado, pero bien. Pensó en decir algo, lo dudó un instante hasta que un "hola" salió de sus labios tímidamente. Había eco. Pensó entonces que estaba en una habitación cerrada. Subió agarrándose de la pared. Estaba cubierta con una sustancia algo resbalosa, y tenía una textura granulada algo desagradable. Al principio le costó incorporarse, confundido por la oscuridad, perdiendo a veces el equilibro. Notó que el piso era liso y que podía caminar. Lo hizo, siempre pegado a la resbaloza pared. Buscando algún interruptor para prender la luz, siguió caminando por la pared, y comenzó a sentir un olor extraño. Sus sentidos estaban totalmente alerta y agudizados, a causa de la falta de visión. Por un momento cerró lo ojos y caminó de la misma forma. No había diferencia.
En su caminata, notó que la pared en un punto comenzaba a ser lisa, y aunque seguía esa extraña sustancia resbalosa y escurridiza, él decidió continuar. La pared parecía no terminar jamás, hasta que de repente, pisó un charco. Sintió el sonido de sus pies chapoteando en un líquido un poco menos vizcoso que el de la pared. Se agachó para tocarlo con un poco de miedo, notó su espesor y pensó en probarlo, pero se arrepintió al instante. Tenía la boca seca y un leve mareo, pero no iba a probar esa sustancia. Comenzó entonces a despegarse de a poco de la pared para seguir ese líquido. Sentía el eco del chapotear de sus pies cuando pisaban, y casi resbala un par de veces, pero pudo pilotearlo. En un momento, realmente tropezó y cayó, pero no se había resbalado. Se tropezó con algo contundente. Se había golpeado la nariz contra el suelo, y sentía cómo la sangre salía por ella. Se la apretó con una mano y con la cabeza hacia arriba y comenzó a gritar. Sólo el eco respondía sus gritos una y otra vez. Nada parecía cambiar, por más fuerte que gritara y por más maldiciones que diga.
Se dió cuenta que todo estaba pasando realmente, que el dolor era real, que las sensaciones eran reales, como el dolor de cabeza que cada vez se hacía más intenso, mientras que la sangre de la nariz paraba de salir de a poco y se sentía mareado. Decidió entonces agacharse a examinar el objeto con el que se había tropezado. Era blando, completamente frío. Parecía de tela. Comenzó a tocar con sus manos una especie de tubo de tela blando. Lo recorrió con sus manos, podía apretarlo, estaba muy frío. Llegó a un punto en el que tenía una inflexión. Pudo doblarlo. Continuó más por el tubo, y se dió cuenta que llegaba a un punto donde se ensanchaba, continuó y notó que salía un tubo más ancho y algo irregular. Pudo apretarlo con todas sus fuerzas, sintió cómo se aplastaba, y notó que también era mucho más frío que el anterior. Continuó siguiendo unos cuantos centrímetros hasta llegar a una esfera dura en la punta de ese tubo. La tocó con ambas manos, estaba muy fría. Notó entonces dos pequeños agujeros por donde le cabían los dedos, y en el medio, una pertuberancia que salía unos centímetros hacia afuera. Pero lo que más lo aterró, cuando al fin se dió cuenta, fue el orificio más grande justo debajo de la pertuberancia: Blando y húmedo. Metió la mano dentro y le pareció sentir una especie de gelatina rugosa.
Comprendió entonces, que estaba tocando una cabeza. Una horrible cabeza, conectada a un cuerpo totalmente inerte y frío. Empujó entonces la cabeza en un impulso y en la oscuridad saltó hacia atrás. Quedó en un charco de líquido viscoso que rodeaba al cuerpo. Comenzó a sofocarse, gritó hasta que ya no pudo. Sus pulmones no tenían más aire. Saltó y corrió cuanto pudo, pero todo era en vano. No encontraba una luz, ni una puerta. Todo era paredes que parecían encerrarlo cada vez más. Y así, derrotado, cayó al piso, ya sin aire, jadeando, sintiendo nuevamente el río de sangre que le brotaba de la nariz. Tenía frío. Quiso cerrar los ojos. Los tenía cerrados. Los abrió. O eso creyó.
En su caminata, notó que la pared en un punto comenzaba a ser lisa, y aunque seguía esa extraña sustancia resbalosa y escurridiza, él decidió continuar. La pared parecía no terminar jamás, hasta que de repente, pisó un charco. Sintió el sonido de sus pies chapoteando en un líquido un poco menos vizcoso que el de la pared. Se agachó para tocarlo con un poco de miedo, notó su espesor y pensó en probarlo, pero se arrepintió al instante. Tenía la boca seca y un leve mareo, pero no iba a probar esa sustancia. Comenzó entonces a despegarse de a poco de la pared para seguir ese líquido. Sentía el eco del chapotear de sus pies cuando pisaban, y casi resbala un par de veces, pero pudo pilotearlo. En un momento, realmente tropezó y cayó, pero no se había resbalado. Se tropezó con algo contundente. Se había golpeado la nariz contra el suelo, y sentía cómo la sangre salía por ella. Se la apretó con una mano y con la cabeza hacia arriba y comenzó a gritar. Sólo el eco respondía sus gritos una y otra vez. Nada parecía cambiar, por más fuerte que gritara y por más maldiciones que diga.
Se dió cuenta que todo estaba pasando realmente, que el dolor era real, que las sensaciones eran reales, como el dolor de cabeza que cada vez se hacía más intenso, mientras que la sangre de la nariz paraba de salir de a poco y se sentía mareado. Decidió entonces agacharse a examinar el objeto con el que se había tropezado. Era blando, completamente frío. Parecía de tela. Comenzó a tocar con sus manos una especie de tubo de tela blando. Lo recorrió con sus manos, podía apretarlo, estaba muy frío. Llegó a un punto en el que tenía una inflexión. Pudo doblarlo. Continuó más por el tubo, y se dió cuenta que llegaba a un punto donde se ensanchaba, continuó y notó que salía un tubo más ancho y algo irregular. Pudo apretarlo con todas sus fuerzas, sintió cómo se aplastaba, y notó que también era mucho más frío que el anterior. Continuó siguiendo unos cuantos centrímetros hasta llegar a una esfera dura en la punta de ese tubo. La tocó con ambas manos, estaba muy fría. Notó entonces dos pequeños agujeros por donde le cabían los dedos, y en el medio, una pertuberancia que salía unos centímetros hacia afuera. Pero lo que más lo aterró, cuando al fin se dió cuenta, fue el orificio más grande justo debajo de la pertuberancia: Blando y húmedo. Metió la mano dentro y le pareció sentir una especie de gelatina rugosa.
Comprendió entonces, que estaba tocando una cabeza. Una horrible cabeza, conectada a un cuerpo totalmente inerte y frío. Empujó entonces la cabeza en un impulso y en la oscuridad saltó hacia atrás. Quedó en un charco de líquido viscoso que rodeaba al cuerpo. Comenzó a sofocarse, gritó hasta que ya no pudo. Sus pulmones no tenían más aire. Saltó y corrió cuanto pudo, pero todo era en vano. No encontraba una luz, ni una puerta. Todo era paredes que parecían encerrarlo cada vez más. Y así, derrotado, cayó al piso, ya sin aire, jadeando, sintiendo nuevamente el río de sangre que le brotaba de la nariz. Tenía frío. Quiso cerrar los ojos. Los tenía cerrados. Los abrió. O eso creyó.
lunes, 23 de mayo de 2011
Curiosidad Dominguera
Las personas que comen mucho chocolate por día, tienen más chocolate en sangre que las que no.
jueves, 19 de mayo de 2011
Alfalfa
Aquel hombre tenía extraños rituales, dignos de ver en algunas que otras sectas de esas que abundan en la sombra de las grandes ciudades, pero a diferencia de éstas, vivía en un gran campo de alfalfa, dónde las luces no alumbran por la noche. Todas las mañanas, el sol empujaba al negro del cielo para dar lugar a un abundante turquesa que rebalsaba por el horizonte de la llanura. La vista alcanzaba entonces a divisar algunos pequeños ombúes a la lejanía, bandadas de pájaros que cantaban al amanecer y una ruta que dividía al prado en dos, de este a oeste, donde cada tanto refunfuñaba el motor de alguna camioneta vieja, tal vez llevando la cosecha al silo, o incluso algún camión más grande que marcaba su autoridad, imponiendo su potencia que hacía eco en la nada.
Todas las mañanas, exactamente a la seis menos diez, el hombre se levantaba de su catre bien armado. Sin ponerse los zapatos, se dirigía al baño, donde practicaba distintas técnicas de cepillado de dientes: hacia arriba y hacia abajo, hacia los costados, en movimientos circulares y diagonales, etcétera. Cinco minutos después, y aturdido por el frío del campo, se ponía el abrigo marrón, la boina, colocaba un poco de tabaco en una cajita de aluminio y comprobaba que su pipa aún esté en el bolsillo del abrigo. Salía por la puerta de atrás, hacia el campo de alfalfa, donde tenía su tractor estacionado bajo un precario techo de chapas que apenas lo cubría de las despiadadas tormentas que castigaban al suelo cuando decidían caer como elefantes desde el cielo.
Después de unas cuantas horas de recorrer el campo y comprobar que todo esté en su correcto lugar y orden, el hombre volvía a su casa de madera para comer un buen guiso de pato, algunas verduras hervidas o una sopa bien energética, para luego de la siesta iniciar su segunda recorrida.
Era época de lluvias, y el hombre temía por sus plantaciones de alfalfa, aunque también estaba alegre porque vería llover, y la lluvía regaría la tierra, mejorando la cosecha. El espectáculo de la lluvia en medio de la llanura es algo incomprendido para quien vive en la ciudad, y aunque lo vea en primera fila, es imposible que logre encontrarle un verdadero sentido.
En esas ansiadas y detestadas épocas de lluvia, el hombre solía preparar su piloto amarillo. Cuando se aproximaba la fecha del diluvio, comprobaba que su impermeable esté en perfectas condiciones, revisando las costuras y los pliegues en busca de grietas o agujeros. A veces, sólo bastaba con colocar algún pequeño parche o remiendo para que la prenda quede, valga la redundancia, impermeable, lista para soportar aquellas pesadas lágrimas que caían con una gran fuerza sobre él y su dueño.
Cada vez que llovía, el hombre salía a caminar, primero por el campo de alfalfa y luego por la ruta. Hacía siempre el mismo camino, para recordar cómo volver en caso de una emergencia. Siempre y cada vez lo hacía con agrado y satisfacción. Amaba que su simple abrigo plástico lo mantenga seco en semejante tempestad, y obviamente, la lluvia regaba por sí misma los cultivos de alfalfa y le ahorraba mucho dinero y muchísimos días de trabajo.
Pero ese año todo fue distinto.
Era ya el segundo día y aún no había caído ni una gota. El sol brillaba como nunca, manteniendo su posición egocéntrica en medio del cielo, acaparándolo todo con su brillo y quebrando la tierra, ya seca, pidiendo casi a gritos por un poco de humedad.
Una semana había pasado y no había una nube en el cielo. El sol seguía amenazando con destruir la alfalfa, el trabajo de un año. Y no sólo eso, sino que el incendio de los pastizales que rodeaban la pequeña casa de madera era inminente.
El hombre, casi preocupado pero sin mostrar rasgo alguno de debilidad, se sentó en un banco a pensar. Recordó todo su ritual ante la lluvia. Tenía todo preparado. El piloto, el abrigo, el tabaco y la pipa. Pero faltaba la lluvia. Algo dentro de sí, le hizo pensar todo al revés. ¿Qué pasaría si sale con el piloto, como si estuviera lloviendo, pero en pleno sol?
Y en un intento desesperado por salvar sus campos, lo hizo.
Esa mañana se puso su abrigo. Llenó la cajita de tabaco y palmeó en el bolsillo izquierdo de su saco: La pipa estaba allí. Luego fue al armario y agarró el impermeable amarillo. Lo desdobló lentamente y se lo puso, casi con miedo a la herejía que estaba cometiendo. Lo sabía. Pero poco le importaba ya.
Fue entonces que lentamente se acercó hacia la puerta. Cada paso era un mundo. Cada madera chirriaba, como advirtiendo lo peor. Él lo sabía, pero ya estaba decidido a hacerlo.
Se vió cara a cara con la puerta trasera. Tragó saliva. La miró. Agachó su cabeza y logró ver en el picaporte oxidado un pequeño dejo brillante que lo llamaba. No se pudo resistir y cuando quiso arrepentirse, su mano lo había girado. Estaba afuera. Comenzó a caminar hacia el campo de alfalfa bajo el sol de la mañana. Caminó como su ruta habitual de lluvia lo indicaba, sólo que bajo un despiadado sol que parecía del mediodía que amenazaba con quitar cada centrímetro cúbico de agua que poseía dentro de sí.
Logró ver entonces la ruta. Se acercó lentamente, sofocado, gimiendo. Juró para sus adentros que había cometido el peor error de su vida. Aunque logró dar unos pasos, tuvo que caer sobre la tierra metros antes de llegar a la ruta. Sus rodillas levantaron polvo con el que él mismo se atragantó y comenzó a toser, mientras miraba al piso. La única sombra cerca era la de su propia cabeza, y mientras su vista se nublaba y su garganta se secaba al ritmo de su tos, comenzó a ver sus gotas de transpiración caer sobre la tierra seca, esa especie de arenilla sensible que toma la forma de todo lo que la toca. Su transpiración había dejado ya un pequeño charco bajo su cabeza, y él, apoyado sobre sus rodillas y sus brazos extendidos, casi no podía respirar. Pensó en que debía haber esperado unos días más, que realmente se había equivocado. Entonces, su cabeza empezó a transpirar para afuera. Ya no escuchaba ni sentía con claridad. Su cabeza estaba cada vez más húmeda. Su visión comenzó a oscurecerse. Sintió frío de repente. Estaba completamente mojado.
Alzó su cabeza, y el sol había desaparecido. En su lugar, nubes negras, rayos, y lluvia caían sobre él. Sonrió, como si desde el principio hubiera sabido lo que hacía. Se levantó como pudo y terminó su ruta.
Al volver a su casa, triunfante, pasó por el campo de alfalfa casi saludando a las flores y los brotes que flameaban agradecidos al compás del terrible viento que los azotaba. Ese día llovió. Llovió como nunca antes había visto llover. Dulce y desaforadamente. Se fue a dormir con una sonrisa. Lo había logrado.
Al día siguiente, los primeros rayos del sol le abrieron los ojos. Luego de lavarse los dientes, de ponerse su saco, de llenar la cajita y de verificar la presencia de su pipa, salió al campo de alfalfa por la puerta trasera. Al recorrerlo, notó extraños brotes entre la alfalfa que él conocía, que se erguía impecable en la llanura. Desorientado, revisó. Acarició los brotes nuevos, para darse cuenta que tenían raíces fuertes y firmes. Comenzó a desenterrar una, dos, tres, diez...
Eran batatas. Todas ellas eran batatas.
El hombre, cabizbajo, había aprendido su lección. No desafiaría más a la lluvia.
Decidió entonces, esperar siempre que llueva, y juró jamás volver a salir con su impermeable amarillo un día de sol.
Todas las mañanas, exactamente a la seis menos diez, el hombre se levantaba de su catre bien armado. Sin ponerse los zapatos, se dirigía al baño, donde practicaba distintas técnicas de cepillado de dientes: hacia arriba y hacia abajo, hacia los costados, en movimientos circulares y diagonales, etcétera. Cinco minutos después, y aturdido por el frío del campo, se ponía el abrigo marrón, la boina, colocaba un poco de tabaco en una cajita de aluminio y comprobaba que su pipa aún esté en el bolsillo del abrigo. Salía por la puerta de atrás, hacia el campo de alfalfa, donde tenía su tractor estacionado bajo un precario techo de chapas que apenas lo cubría de las despiadadas tormentas que castigaban al suelo cuando decidían caer como elefantes desde el cielo.
Después de unas cuantas horas de recorrer el campo y comprobar que todo esté en su correcto lugar y orden, el hombre volvía a su casa de madera para comer un buen guiso de pato, algunas verduras hervidas o una sopa bien energética, para luego de la siesta iniciar su segunda recorrida.
Era época de lluvias, y el hombre temía por sus plantaciones de alfalfa, aunque también estaba alegre porque vería llover, y la lluvía regaría la tierra, mejorando la cosecha. El espectáculo de la lluvia en medio de la llanura es algo incomprendido para quien vive en la ciudad, y aunque lo vea en primera fila, es imposible que logre encontrarle un verdadero sentido.
En esas ansiadas y detestadas épocas de lluvia, el hombre solía preparar su piloto amarillo. Cuando se aproximaba la fecha del diluvio, comprobaba que su impermeable esté en perfectas condiciones, revisando las costuras y los pliegues en busca de grietas o agujeros. A veces, sólo bastaba con colocar algún pequeño parche o remiendo para que la prenda quede, valga la redundancia, impermeable, lista para soportar aquellas pesadas lágrimas que caían con una gran fuerza sobre él y su dueño.
Cada vez que llovía, el hombre salía a caminar, primero por el campo de alfalfa y luego por la ruta. Hacía siempre el mismo camino, para recordar cómo volver en caso de una emergencia. Siempre y cada vez lo hacía con agrado y satisfacción. Amaba que su simple abrigo plástico lo mantenga seco en semejante tempestad, y obviamente, la lluvia regaba por sí misma los cultivos de alfalfa y le ahorraba mucho dinero y muchísimos días de trabajo.
Pero ese año todo fue distinto.
Era ya el segundo día y aún no había caído ni una gota. El sol brillaba como nunca, manteniendo su posición egocéntrica en medio del cielo, acaparándolo todo con su brillo y quebrando la tierra, ya seca, pidiendo casi a gritos por un poco de humedad.
Una semana había pasado y no había una nube en el cielo. El sol seguía amenazando con destruir la alfalfa, el trabajo de un año. Y no sólo eso, sino que el incendio de los pastizales que rodeaban la pequeña casa de madera era inminente.
El hombre, casi preocupado pero sin mostrar rasgo alguno de debilidad, se sentó en un banco a pensar. Recordó todo su ritual ante la lluvia. Tenía todo preparado. El piloto, el abrigo, el tabaco y la pipa. Pero faltaba la lluvia. Algo dentro de sí, le hizo pensar todo al revés. ¿Qué pasaría si sale con el piloto, como si estuviera lloviendo, pero en pleno sol?
Y en un intento desesperado por salvar sus campos, lo hizo.
Esa mañana se puso su abrigo. Llenó la cajita de tabaco y palmeó en el bolsillo izquierdo de su saco: La pipa estaba allí. Luego fue al armario y agarró el impermeable amarillo. Lo desdobló lentamente y se lo puso, casi con miedo a la herejía que estaba cometiendo. Lo sabía. Pero poco le importaba ya.
Fue entonces que lentamente se acercó hacia la puerta. Cada paso era un mundo. Cada madera chirriaba, como advirtiendo lo peor. Él lo sabía, pero ya estaba decidido a hacerlo.
Se vió cara a cara con la puerta trasera. Tragó saliva. La miró. Agachó su cabeza y logró ver en el picaporte oxidado un pequeño dejo brillante que lo llamaba. No se pudo resistir y cuando quiso arrepentirse, su mano lo había girado. Estaba afuera. Comenzó a caminar hacia el campo de alfalfa bajo el sol de la mañana. Caminó como su ruta habitual de lluvia lo indicaba, sólo que bajo un despiadado sol que parecía del mediodía que amenazaba con quitar cada centrímetro cúbico de agua que poseía dentro de sí.
Logró ver entonces la ruta. Se acercó lentamente, sofocado, gimiendo. Juró para sus adentros que había cometido el peor error de su vida. Aunque logró dar unos pasos, tuvo que caer sobre la tierra metros antes de llegar a la ruta. Sus rodillas levantaron polvo con el que él mismo se atragantó y comenzó a toser, mientras miraba al piso. La única sombra cerca era la de su propia cabeza, y mientras su vista se nublaba y su garganta se secaba al ritmo de su tos, comenzó a ver sus gotas de transpiración caer sobre la tierra seca, esa especie de arenilla sensible que toma la forma de todo lo que la toca. Su transpiración había dejado ya un pequeño charco bajo su cabeza, y él, apoyado sobre sus rodillas y sus brazos extendidos, casi no podía respirar. Pensó en que debía haber esperado unos días más, que realmente se había equivocado. Entonces, su cabeza empezó a transpirar para afuera. Ya no escuchaba ni sentía con claridad. Su cabeza estaba cada vez más húmeda. Su visión comenzó a oscurecerse. Sintió frío de repente. Estaba completamente mojado.
Alzó su cabeza, y el sol había desaparecido. En su lugar, nubes negras, rayos, y lluvia caían sobre él. Sonrió, como si desde el principio hubiera sabido lo que hacía. Se levantó como pudo y terminó su ruta.
Al volver a su casa, triunfante, pasó por el campo de alfalfa casi saludando a las flores y los brotes que flameaban agradecidos al compás del terrible viento que los azotaba. Ese día llovió. Llovió como nunca antes había visto llover. Dulce y desaforadamente. Se fue a dormir con una sonrisa. Lo había logrado.
Al día siguiente, los primeros rayos del sol le abrieron los ojos. Luego de lavarse los dientes, de ponerse su saco, de llenar la cajita y de verificar la presencia de su pipa, salió al campo de alfalfa por la puerta trasera. Al recorrerlo, notó extraños brotes entre la alfalfa que él conocía, que se erguía impecable en la llanura. Desorientado, revisó. Acarició los brotes nuevos, para darse cuenta que tenían raíces fuertes y firmes. Comenzó a desenterrar una, dos, tres, diez...
Eran batatas. Todas ellas eran batatas.
El hombre, cabizbajo, había aprendido su lección. No desafiaría más a la lluvia.
Decidió entonces, esperar siempre que llueva, y juró jamás volver a salir con su impermeable amarillo un día de sol.
sábado, 14 de mayo de 2011
Carta Abierta
A quien corresponda:
"Estamos cansados de que todo siempre termine bien y que nuestros hermanos sean devorados por las historias que vienen de la cabeza de algún bebedor de whisky capaz de hilar un par de palabras seguidas! Los príncipes jamás de casan con plebeyas, y las princesas nunca se casan con sapos! Eso es todo mentira! Nos repugna ese comportamiento positivo e irreal, que hace que miles de nosotros perdamos nuestro tiempo educando a nuestros hijos, para que luego hechen a perder todo el esfuerzo que hicimos, llevándonos como corderos a un plato repleto de mentiras, engaños e ilusiones baratas. Es técnicamente imposible que un aprendiz de mago pueda enfrentarse y vencer al hechicero viejo y experimentado o a un maldito dragón, y que, además, se quede con la princesa, la chica más linda del reino.
Es absurdo pensar en cuentos de hadas. Las cosas no terminan bien casi nunca, y cuando lo hacen nunca vuelven a ser lo mismo. ¿Qué nos vienen a decir ahora? El príncipe azul del que tanto hablaban, valiente caballero de pelos dorados que logra salvar a la divina princesa raptada por una asquerosa bestia de origen desconocido, fuerza decomunal y tamaño dinosáurico, ese príncipe, luego de casarse con la princesa, se enfiesta todos los días luego del banquete real con diez doncellas a la vez, un caballo, y tres esclavos que obliga a que le laman los dedos de los pies.
¿Es esta la clase de comportamientos que avalamos con tanta inocencia y que ayudan a dormir a nuestros hijos?
Decimos BASTA!
No vamos a tolerar más este tipo de amenazas psicológicas con las que crecen sus pequeños y con los que nosotros sufrimos tantas pérdidas. Deberían entonces, dar lecciones de vida. No siempre el que quiere puede, no siempre el que salva a la chica se queda con ella, y sobre todo, que la vida te patea mucho más de lo que todos creen, y si hacemos que las futuras generaciones sigan creciendo bajo los efectos de estos cuentos alucinógenos, arropados por la inocencia que los caracteriza, todos van a chocar contra una gran pared de concreto, generando así, la autodestrucción del mundo.
Por eso decimos:
- BASTA de pérdidas injustificadas, producto de esas historias baratas.
- BASTA de criar una nueva generación de débiles.
- BASTA de tratar de extinguirnos.
- ¡BASTA DE FINALES FELICES!"
Atte.
Adelina Rufa.
Sociedad de Perdices del Mundo
PD: Ya tendrán más noticias nuestras.
"Estamos cansados de que todo siempre termine bien y que nuestros hermanos sean devorados por las historias que vienen de la cabeza de algún bebedor de whisky capaz de hilar un par de palabras seguidas! Los príncipes jamás de casan con plebeyas, y las princesas nunca se casan con sapos! Eso es todo mentira! Nos repugna ese comportamiento positivo e irreal, que hace que miles de nosotros perdamos nuestro tiempo educando a nuestros hijos, para que luego hechen a perder todo el esfuerzo que hicimos, llevándonos como corderos a un plato repleto de mentiras, engaños e ilusiones baratas. Es técnicamente imposible que un aprendiz de mago pueda enfrentarse y vencer al hechicero viejo y experimentado o a un maldito dragón, y que, además, se quede con la princesa, la chica más linda del reino.
Es absurdo pensar en cuentos de hadas. Las cosas no terminan bien casi nunca, y cuando lo hacen nunca vuelven a ser lo mismo. ¿Qué nos vienen a decir ahora? El príncipe azul del que tanto hablaban, valiente caballero de pelos dorados que logra salvar a la divina princesa raptada por una asquerosa bestia de origen desconocido, fuerza decomunal y tamaño dinosáurico, ese príncipe, luego de casarse con la princesa, se enfiesta todos los días luego del banquete real con diez doncellas a la vez, un caballo, y tres esclavos que obliga a que le laman los dedos de los pies.
¿Es esta la clase de comportamientos que avalamos con tanta inocencia y que ayudan a dormir a nuestros hijos?
Decimos BASTA!
No vamos a tolerar más este tipo de amenazas psicológicas con las que crecen sus pequeños y con los que nosotros sufrimos tantas pérdidas. Deberían entonces, dar lecciones de vida. No siempre el que quiere puede, no siempre el que salva a la chica se queda con ella, y sobre todo, que la vida te patea mucho más de lo que todos creen, y si hacemos que las futuras generaciones sigan creciendo bajo los efectos de estos cuentos alucinógenos, arropados por la inocencia que los caracteriza, todos van a chocar contra una gran pared de concreto, generando así, la autodestrucción del mundo.
Por eso decimos:
- BASTA de pérdidas injustificadas, producto de esas historias baratas.
- BASTA de criar una nueva generación de débiles.
- BASTA de tratar de extinguirnos.
- ¡BASTA DE FINALES FELICES!"
Atte.
Adelina Rufa.
Sociedad de Perdices del Mundo
PD: Ya tendrán más noticias nuestras.
lunes, 9 de mayo de 2011
Cosas que tenés que hacer después de morir
PRÓLOGO
En complemento con el post "cosas que tenes que hacer antes de morir" (Que podés ver ACA), presentamos hoy el paso siguiente. Espero puedan disfrutar del más allá, cumpliendo sus más anheladas fantasías post-mortem.
RECOMENDACIÓN PARA JUGAR EN CASA
Traten de que, una vez difuntos, su casa siga siendo su casa, más allá de los nuevos inquilinos que puedan llegar a habitarla una vez que ustedes dejen de hacerlo en forma física. Hay que enseñarles a estos nuevos dueños que esa casa tenía y tiene dueño y que vamos a prender y apagar la luz hasta que se vayan!
ACLARACIÓN
Yo entiendo que puede generar una gran emoción morir para empezar a hacer cosas de la lista y tacharlas, y así sentirnos realizados, pero mi recomendación es que esperen a que la selección natural haga lo suyo y los lleve al inframundo cuando ella crea conveniente. A lo que voy es... si te matás para empezar a cumplir las cosas de la lista, Paradoenelabismo S.A. no se hace responsable por eso, y más aún! Automáticamente se transforma en el único heredero de todas tus cosas, incluyendo tu vieja.
Entonces:
- Asustar viejas durante la noche.
- Traspasar paredes.
- Cantarle a Gardel.
- Tener un video en youtube (http://www.youtube.com/watch?v=rF73AcmLKH8)
- Tener un perfil en Facebook.
- Cagar a piñas a Casper.
- Cazar cazafantasmas.
- Meterse dentro de las copas.
- Prender y apagar las luces durante la noche.
- Tomarse el Whisky de las heladeras de la gente.
- Salir en las fotos grupales.
- Subir corriendo la escalera al cielo.
- Bajar al infierno en ascensor.
- Hacer ruidos de cadenas.
- Meterse siendo invisible en las habitaciones de las mujeres. (ohh zi!)
- Aprender a tocar el piano.
- Volar!
- Caminar sin miedo por los cementerios.
- Espiar a tus conocidos. Cómo serían sus vidas después de vos.
- Asustar gente en los aviones.
- Aparecer siempre a la misma hora en un lugar determinado, hasta que alguien se de cuenta, y dejar de hacerlo cuando venga con más gente.
- Tener tu propio documental en discovery.
- Incendiar un edificio abandonado.
- Hablar con un chamán.
- Hacer "uuuuuuuuuuuuuuuu" en las noches lluviosas y que parezca el viento.
- Susurrar al oído de alguien durante la noche.
- Mirar a la gente.
- Subirte al colectivo sin pagar.
- Gritar fuerte!
- Abrir y cerrar puertas, cajones y armarios.
- Pisar fuerte sobre piso de madera.
- Salvar un bebé que cae por un precipicio.
- Quedarse parado en un muelle por cien años.
- Caminar por horas durante la noche, sin un rumbo fijo.
- Dejar mensajes subliminales en las canciones cuando uno las invierte.
- Vengarte de los abusivos de la primaria.
- Vengarte de los profesores malignos.
- Vengarte de esos que se vengaron de algo que les hiciste.
- Vengarte de antemano de alguien que seguro te iba a hacer mal.
- Usar la motosierra con impunidad.
- Comer dinamita.
- Explotar (Esta vez sin dinamita).
- Ir a muchos recitales gratis.
- Investigar si existe la atlántida.
- Viajar en el tiempo.
- Dejar de cumplir años.
- ¡Que nadie te rompa las pelotas!
- Preguntarle a Jesús qué onda.
- Teletransportarte.
- Tomar distintas formas, como por ejemplo, aparecer como Mr. T.
- Pedir prestado un cuerpo por una noche en un ritual Umbanda.
- Aparecerle por la noche en la casa al actor de "El Ilusionista" (Edward Norton) y decirle "¿¿DONDE ESTAN TUS ESPEJITOS AHORA??" [ SPOILER ALERT!... ups, muy tarde!, jiji ]
- Dejar mensajes en el ruido blanco de la tele.
- Usar el celular de la gente para llamar a otras personas.
- Aparecer en los espejos de la gente mientras se peinan.
- Asustar.
- Asustar de nuevo.
Y hasta aquí llegó. No porque no tenga más cosas para poner, sino porque tienen que tener un poco de creatividad ustedes y hacer su propio camino una vez que se hayan desviado del camino de los vivos. Tal vez les vaya escribiendo a medida que cumpla estas cosas, luego de pasar al otro lado.
Tal vez.
jueves, 5 de mayo de 2011
Woody Dijo...
"... Es curioso, una vez estaba en un taxi, esto fue hace años... Estába desahogándome con el taxista sobre todo lo que estabas hablando, la vida, la muerte, el universo vacío, el significado de la existencia, el sufrimiento humano... y el taxista me dijo: 'Es como cualquier otra cosa'.
Piénsalo."
Piénsalo."
miércoles, 4 de mayo de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
Hoy...
Bueno, me llamaron para que suba a recibir los honores, pero no tenía nada preparado. Así que me voy a remitir a las palabras de George Michael, en su época de vedette, que decía algo como "Cumplir años es como que te toquen una teta. A los 15 te gusta, pero después de los 25, no querés saber más nada, te pudrís de que vengan todos los boludos y se te apoyen en el bondi, estás en pedo todo el día y esperás a que te pise un auto mientras cruzás la nueve de Julio con el changuito de las compras." pero bueno, todos sabemos como terminó.
¿Qué festejamos? ¿Un año más de vida? Técnicamente no. El tiempo avanza, tachamos un día más en el calendario y suponemos entonces, que nos queda un dia menos de vida. A menos claro, que tengamos (y lo voy a hacer) un calendario invertido en el que todos los días estén tachados y borremos la tachadura para contar los días vividos. Pero como no es así, nos acercamos más a la muerte que a otra cosa. Y antes de la muerte están, obviamente según las elecciones de cada uno, el pelo, su gran caída, la no panza, la gran panza, los 30, los 40 y su crisis, el medio siglo y su etapa de reflexión, los 60 y su etapa de "uso anteojos que se le rompieron una patita", los 70 y sus quejas, los 80 y sus quejas, los 90, si sos tan guapo como para llegar, y ya cuando te pensás que alcanzás los cien, aparece ese señor encapuchado señalándote y listo. Las llamas. No! No las llamitas simpáticas de las montañas! Las llamas que dan calor eterno y demás cosas que por el momento no me interesan.
En fin, sigamos con esto. Te cae la gente a tu casa cuando vos solo querés dormir. Te dicen que quedás mal si no los saludás porque te vienen a ver a vos. PONELES UNA FOTO EN UN MARQUITO Y DESPERTAME PARA COMER, QUE TENGO QUE PASARME LA NOCHE HACIENDO TAREA! Y es así como te ganás el odio de amigos, parientes, el perro del vecino que había venido a ver qué pasaba, y una paloma que de boluda cayó ahí, pero se quedó por si había torta.
Otro temazo, hit del verano de los cumpleaños, es la torta. Es un clásico poner cara de boludo mientras te cantan el feliz cumpleaños, que dicho sea de paso, ni Piñón Fijo podría haber hecho un tema tan horrible! Cántenme, no se... Stairway to Heaven de Zeppelin, Help de los Beatles, o Si Yo Soy Así de Flema, o mejor! Juguemos a estar todos en silencio mientras vemos los simpsons!! O MEJOR AUN!!! Juguemos a estar cada uno en su casa mientras YO veo los Simpson!
Y bueno, "No hay nada que festejar" diría Vicentico en su gran época. Pero sin embargo, es una buena excusa para empinar un par de vodkitas con los pibes de siempre, despetar en una vereda lleno de barro y volverme a mi casa caminando como si nada hubiera pasado. Eso es un festejo!
Este post podría ir tranquilamente en la categoría Odio, pero vamos a dejarlo afuera para que tenga el protagonismo que se merece.
Aprovecho también la ocasión para avisarles que no es mi cumpleaños. Que ya desde hace unos años decidí no cumplir años, así que desde ese momento tengo 19, no llegué a los 20 aún. Así que aunque el documento diga que nací el 27 de Abril, no quiere decir que vaya a cumplir todos los años! Supongo que llega un momento, igual, que entre la senilidad y la cantidad, perdés la cuenta y lo único que te importa es quedar del orto con un buen Smirnoff. O no?
Si estos párrafos les parecieron colmados de odio... puede que tengan razón.
Los odio a todos.
Que estén bien :)
¿Qué festejamos? ¿Un año más de vida? Técnicamente no. El tiempo avanza, tachamos un día más en el calendario y suponemos entonces, que nos queda un dia menos de vida. A menos claro, que tengamos (y lo voy a hacer) un calendario invertido en el que todos los días estén tachados y borremos la tachadura para contar los días vividos. Pero como no es así, nos acercamos más a la muerte que a otra cosa. Y antes de la muerte están, obviamente según las elecciones de cada uno, el pelo, su gran caída, la no panza, la gran panza, los 30, los 40 y su crisis, el medio siglo y su etapa de reflexión, los 60 y su etapa de "uso anteojos que se le rompieron una patita", los 70 y sus quejas, los 80 y sus quejas, los 90, si sos tan guapo como para llegar, y ya cuando te pensás que alcanzás los cien, aparece ese señor encapuchado señalándote y listo. Las llamas. No! No las llamitas simpáticas de las montañas! Las llamas que dan calor eterno y demás cosas que por el momento no me interesan.
En fin, sigamos con esto. Te cae la gente a tu casa cuando vos solo querés dormir. Te dicen que quedás mal si no los saludás porque te vienen a ver a vos. PONELES UNA FOTO EN UN MARQUITO Y DESPERTAME PARA COMER, QUE TENGO QUE PASARME LA NOCHE HACIENDO TAREA! Y es así como te ganás el odio de amigos, parientes, el perro del vecino que había venido a ver qué pasaba, y una paloma que de boluda cayó ahí, pero se quedó por si había torta.
Otro temazo, hit del verano de los cumpleaños, es la torta. Es un clásico poner cara de boludo mientras te cantan el feliz cumpleaños, que dicho sea de paso, ni Piñón Fijo podría haber hecho un tema tan horrible! Cántenme, no se... Stairway to Heaven de Zeppelin, Help de los Beatles, o Si Yo Soy Así de Flema, o mejor! Juguemos a estar todos en silencio mientras vemos los simpsons!! O MEJOR AUN!!! Juguemos a estar cada uno en su casa mientras YO veo los Simpson!
Y bueno, "No hay nada que festejar" diría Vicentico en su gran época. Pero sin embargo, es una buena excusa para empinar un par de vodkitas con los pibes de siempre, despetar en una vereda lleno de barro y volverme a mi casa caminando como si nada hubiera pasado. Eso es un festejo!
Este post podría ir tranquilamente en la categoría Odio, pero vamos a dejarlo afuera para que tenga el protagonismo que se merece.
Aprovecho también la ocasión para avisarles que no es mi cumpleaños. Que ya desde hace unos años decidí no cumplir años, así que desde ese momento tengo 19, no llegué a los 20 aún. Así que aunque el documento diga que nací el 27 de Abril, no quiere decir que vaya a cumplir todos los años! Supongo que llega un momento, igual, que entre la senilidad y la cantidad, perdés la cuenta y lo único que te importa es quedar del orto con un buen Smirnoff. O no?
Si estos párrafos les parecieron colmados de odio... puede que tengan razón.
Los odio a todos.
Que estén bien :)
miércoles, 20 de abril de 2011
¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer?
Bueno señores. Para pagar la fianza por caer preso en el post anterior, me dijeron que tenía que juntar plata. Para eso, me hicieron escribir sobre un tema totalmente pochoclero como es este. Ustedes dirán que es un tema ya muy hablado, ya muy escrito. Lo es.
(en realidad lo hice para una materia y bueno, como quien no quiere la cosa lo metí acá en el blog como para hacer lugar... todo suma).
Espero, de corazón, que no lo disfruten.
----------------------------
¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer?
Es imposible para los seres humanos ser totalmente objetivos e imparciales en cualquier ámbito. Todas nuestras elecciones dependen así, de nuestros gustos, influenciados por experiencias que tuvimos, por cosas que nos pasaron o simplemente, por la cuestión de "me gusta o no me gusta" (en estos días muy popular gracias al señor Caralibro). Y es así, que por este proceso de selección con el que inconscientemente lidiamos a diario, elegimos a nuestras amistades. Claro que todas las mujeres querrían ser amigas de Brad Pitt, y los hombres amigos de Pamela Anderson en su mejor momento, y en eso se basa la amistad entre el hombre y la mujer, un juego de idas y vueltas, donde casi siempre hay más vueltas que idas, si es que hay alguna ida realmente.
Es imposible pasar diez horas al día con alguien del sexo opuesto y jamás emitir un juicio de valor: si es lindo o no, o si te gusta o no (aunque la mayoría de las veces ese juicio nunca salga de los rincones más recónditos de nuestra cabeza).
De todas formas, es muy distinto en el hombre y en la mujer. El hombre sueña con una amiga exhuberante que lo invite a su casa a estudiar (entre comillas) y sueña una fantasía que casi nunca se cumple. La mujer, en cambio, busca a su compañero ideal, aquel con el que pueda en un principio hablar por teléfono diez horas seguidas, y al cabo de un tiempo casarse y tener hijos. Imaginan un príncipe vaya uno a saber de qué color, mientras que el hombre no deja de pensar (como China Zorrilla en una película que no me acuerdo el nombre) en qué habrá debajo de esa remera. ¿Será de verdad? ¿Estarán hechas o será puro push-up? Se preguntan. Y casi siempre todo esto queda en la imaginación.
Como decía Freud (aparte de ser homosexuales y pervertidos de nacimiento), somos seres que tenemos un gran poder sexual, desde la infancia, con los primeros meses de vida, buscamos el placer sexual por el placer mismo. Al crecer y no poder satisfacer plenamente nuestros deseos sexuales (como los conejos), lo acumulamos y luego lo disipamos y hacemos fluir mediante nuestras actividades cotidianas como el estudio, el trabajo, etcétera. Para Freud, la energía sexual impulsa nuestras vidas y una reunión de estudio entre un hombre y una mujer, solos en una casa, tiene una bomba de hidrógeno llena de tensión sexual, que muchas veces amaga con caer y destrozarlo todo. Pero no cae siempre, porque estamos limitados por la duda, la timidez o quién sabe qué otra cosa.
Es por eso que la amistad entre el hombre y la mujer (desde ahora "L.A.E.E.H.Y.L.M.") es como pie grande. La leyenda cuenta que existe... hay miles de personas que aseguran haberla visto y conocerla. Y de vez en cuando, el amigo de un amigo del tío del cuñado de un amigo afirma haber tenido contacto con ella. Pero uno, por experiencia propia nunca tuvo el placer.
Es simple. L.A.E.E.H.Y.L.M. existe. Hasta que deja de existir.
(en realidad lo hice para una materia y bueno, como quien no quiere la cosa lo metí acá en el blog como para hacer lugar... todo suma).
Espero, de corazón, que no lo disfruten.
----------------------------
¿Existe la amistad entre el hombre y la mujer?
Es imposible para los seres humanos ser totalmente objetivos e imparciales en cualquier ámbito. Todas nuestras elecciones dependen así, de nuestros gustos, influenciados por experiencias que tuvimos, por cosas que nos pasaron o simplemente, por la cuestión de "me gusta o no me gusta" (en estos días muy popular gracias al señor Caralibro). Y es así, que por este proceso de selección con el que inconscientemente lidiamos a diario, elegimos a nuestras amistades. Claro que todas las mujeres querrían ser amigas de Brad Pitt, y los hombres amigos de Pamela Anderson en su mejor momento, y en eso se basa la amistad entre el hombre y la mujer, un juego de idas y vueltas, donde casi siempre hay más vueltas que idas, si es que hay alguna ida realmente.
Es imposible pasar diez horas al día con alguien del sexo opuesto y jamás emitir un juicio de valor: si es lindo o no, o si te gusta o no (aunque la mayoría de las veces ese juicio nunca salga de los rincones más recónditos de nuestra cabeza).
De todas formas, es muy distinto en el hombre y en la mujer. El hombre sueña con una amiga exhuberante que lo invite a su casa a estudiar (entre comillas) y sueña una fantasía que casi nunca se cumple. La mujer, en cambio, busca a su compañero ideal, aquel con el que pueda en un principio hablar por teléfono diez horas seguidas, y al cabo de un tiempo casarse y tener hijos. Imaginan un príncipe vaya uno a saber de qué color, mientras que el hombre no deja de pensar (como China Zorrilla en una película que no me acuerdo el nombre) en qué habrá debajo de esa remera. ¿Será de verdad? ¿Estarán hechas o será puro push-up? Se preguntan. Y casi siempre todo esto queda en la imaginación.
Como decía Freud (aparte de ser homosexuales y pervertidos de nacimiento), somos seres que tenemos un gran poder sexual, desde la infancia, con los primeros meses de vida, buscamos el placer sexual por el placer mismo. Al crecer y no poder satisfacer plenamente nuestros deseos sexuales (como los conejos), lo acumulamos y luego lo disipamos y hacemos fluir mediante nuestras actividades cotidianas como el estudio, el trabajo, etcétera. Para Freud, la energía sexual impulsa nuestras vidas y una reunión de estudio entre un hombre y una mujer, solos en una casa, tiene una bomba de hidrógeno llena de tensión sexual, que muchas veces amaga con caer y destrozarlo todo. Pero no cae siempre, porque estamos limitados por la duda, la timidez o quién sabe qué otra cosa.
Es por eso que la amistad entre el hombre y la mujer (desde ahora "L.A.E.E.H.Y.L.M.") es como pie grande. La leyenda cuenta que existe... hay miles de personas que aseguran haberla visto y conocerla. Y de vez en cuando, el amigo de un amigo del tío del cuñado de un amigo afirma haber tenido contacto con ella. Pero uno, por experiencia propia nunca tuvo el placer.
Es simple. L.A.E.E.H.Y.L.M. existe. Hasta que deja de existir.
domingo, 17 de abril de 2011
¿Qué hacer cuando te piden el DNI para ver la foto?
En este mundo apresurado, de idas y vueltas, de tecnología salvaje y capitalismo absurdo, es necesario para el orden de nuestra sociedad tener una pequeña libretita que diga nuestros datos, por si un día viene un Terminator a buscarnos y nos pulveriza y justo llegamos a salvar ese pequeño pedacito de nosotros que dice cómo nos llamamos, de dónde somos, dónde vivimos, y si votamos a Perón o no (Si, para los que no sabían, los documentos tienen una marca de agua que se ve sólo con avanzados aparatos que pocos pueden entender, en el que dice si votaron a Perón o no, y en caso que hayas nacido en años d.P. {después de Perón} posee un microchip instalado que, mediante complejos algoritmos desarrollados por la NASA, y a través de nuestro comportamiento en un lapso de tiempo determinado, este chip puede deducir si lo hubiéramos votado o no).
Más allá de estos completísimos sistemas que caben en un pequeño librito hecho a medida para que encaje en el bolsillo trasero del jean, tenemos un dato muy particular que puede ser objeto de cuestionamientos, irritaciones y golpes en la cara a mucha gente: La foto.
Es sabido que a nadie le gusta su propia foto del DNI, es como si las cámaras de la gente que las saca tuvieran caca en el lente y hagan que siempre todos salgan mal (más allá que a mi me dijeron "mirá el sticker de garfield de tu izquierda" y PUM!!! me sacó la foto el desgraciado).
El problema no es tener esa pequeña barra de plutonio en el bolsillo. El problema entonces, es sacarlo a la luz estando en compañía de alguien, y que por un acto de inercia pura te lo pida para ver la foto. Siempre te pueden agarrar desprevenido: Pagando con tarjeta de crédito/débito (donde tener que mostrar el dni), ordenando las cosas que tenés en la mochila, sacándotelo del bolsillo un instante porque te jode para sentarte, etc.
Es ahí cuando tu mente empieza a pensar "y ahora qué hago?". He aquí, señores, una lista de pequeñas artimañas para poder así, evitar el ridículo y escapar triunfante de la situación:
- Gritar "Mirá! Un mono de tres cabezas!" señalando hacia atrás, a lo Guybrush Threepwood (ídolo de mi infancia) y salir corriendo cuando se den vuelta.
- Decir "NO!" (esta opción puede dar lugar a una gran insistencia que termine en un crimen de esos que te declaran inimputable por desequilibrio mental)
-Salir corriendo, sin más. (Definitivamente, una de mis favoritas).
-Sacar un encendedor y prender fuego el DNI (ATENCIÓN: Efectos secundarios! Luego de elegir esta opción puede verse obligado a levantarse un día a las cuatro de la mañana para hacer la fila en el registro civil).
-Buscar la motosierra que siempre llevamos en la mochila y amputar alguna extremidad de la otra persona. Tal vez eso le haga olvidar la situación.
-Decir y mantener bajo cualquier circunstancia que te olvidaste el DNI en tu casa (por más que ya lo hayan visto).
-Decirle en ese momento que están regalando pases gratis para el backstage de gran hermano (nadie podría resistirse...)
-Empezar a correr alrededor de la persona, dando vueltas en círculo hasta que se canse.
-Repetir todo lo que diga, hasta que se irrite y olvide el tema.
-Convencer a la otra persona que nuestro DNI tiene una antigua maldición vudú (y sacar del bolsillo unos cuantos alfileres y algún muñeco).
-Llamar a la policía o a algún guardia de seguridad cercano, diciéndole que quieren violar nuestra intimidad.
-Pegarle una piña en la cara e irse caminando.
Y si nada de esto funciona, así como en el cuento de la buena pipa, lo que tenemos que hacer es aplicar el método infalible que pondrá en posición defensiva al atacante. Sólo basta con decir: "Bueno, pero mostrame el tuyo primero".
ACLARACIÓN MUY IMPORTANTE: He tenido quejas de que estos métodos no funcionan. Yo sé que no son del todo ortodoxos, pero están científicamente comprobados...
El problema es que si le tiraste una molotov y rompiste el vidrio de un banco, y un policía te apresa y te pide documentos, dudo mucho que si le decís "mostrame el tuyo primero" lo vayas a convencer. Para eso hay que aplicar otras técnicas más complejas que incluyen facas, granadas de clústeres, tumberas, y los pibes de la 14. Pero no lo vamos a detallar en este momento porque la CIA está entrando por mi ventana. Esos tipos solo se suben a sogas y saltan por las ventanas... para mi que tienen un convenio con el gremio de vidrieros, o no conocen las puertas.
En fin. Cuando pague la fianza volveré.
Volveré.
Volveré.
V.
Más allá de estos completísimos sistemas que caben en un pequeño librito hecho a medida para que encaje en el bolsillo trasero del jean, tenemos un dato muy particular que puede ser objeto de cuestionamientos, irritaciones y golpes en la cara a mucha gente: La foto.
Es sabido que a nadie le gusta su propia foto del DNI, es como si las cámaras de la gente que las saca tuvieran caca en el lente y hagan que siempre todos salgan mal (más allá que a mi me dijeron "mirá el sticker de garfield de tu izquierda" y PUM!!! me sacó la foto el desgraciado).
El problema no es tener esa pequeña barra de plutonio en el bolsillo. El problema entonces, es sacarlo a la luz estando en compañía de alguien, y que por un acto de inercia pura te lo pida para ver la foto. Siempre te pueden agarrar desprevenido: Pagando con tarjeta de crédito/débito (donde tener que mostrar el dni), ordenando las cosas que tenés en la mochila, sacándotelo del bolsillo un instante porque te jode para sentarte, etc.
Es ahí cuando tu mente empieza a pensar "y ahora qué hago?". He aquí, señores, una lista de pequeñas artimañas para poder así, evitar el ridículo y escapar triunfante de la situación:
- Gritar "Mirá! Un mono de tres cabezas!" señalando hacia atrás, a lo Guybrush Threepwood (ídolo de mi infancia) y salir corriendo cuando se den vuelta.
- Decir "NO!" (esta opción puede dar lugar a una gran insistencia que termine en un crimen de esos que te declaran inimputable por desequilibrio mental)
-Salir corriendo, sin más. (Definitivamente, una de mis favoritas).
-Sacar un encendedor y prender fuego el DNI (ATENCIÓN: Efectos secundarios! Luego de elegir esta opción puede verse obligado a levantarse un día a las cuatro de la mañana para hacer la fila en el registro civil).
-Buscar la motosierra que siempre llevamos en la mochila y amputar alguna extremidad de la otra persona. Tal vez eso le haga olvidar la situación.
-Decir y mantener bajo cualquier circunstancia que te olvidaste el DNI en tu casa (por más que ya lo hayan visto).
-Decirle en ese momento que están regalando pases gratis para el backstage de gran hermano (nadie podría resistirse...)
-Empezar a correr alrededor de la persona, dando vueltas en círculo hasta que se canse.
-Repetir todo lo que diga, hasta que se irrite y olvide el tema.
-Convencer a la otra persona que nuestro DNI tiene una antigua maldición vudú (y sacar del bolsillo unos cuantos alfileres y algún muñeco).
-Llamar a la policía o a algún guardia de seguridad cercano, diciéndole que quieren violar nuestra intimidad.
-Pegarle una piña en la cara e irse caminando.
Y si nada de esto funciona, así como en el cuento de la buena pipa, lo que tenemos que hacer es aplicar el método infalible que pondrá en posición defensiva al atacante. Sólo basta con decir: "Bueno, pero mostrame el tuyo primero".
ACLARACIÓN MUY IMPORTANTE: He tenido quejas de que estos métodos no funcionan. Yo sé que no son del todo ortodoxos, pero están científicamente comprobados...
El problema es que si le tiraste una molotov y rompiste el vidrio de un banco, y un policía te apresa y te pide documentos, dudo mucho que si le decís "mostrame el tuyo primero" lo vayas a convencer. Para eso hay que aplicar otras técnicas más complejas que incluyen facas, granadas de clústeres, tumberas, y los pibes de la 14. Pero no lo vamos a detallar en este momento porque la CIA está entrando por mi ventana. Esos tipos solo se suben a sogas y saltan por las ventanas... para mi que tienen un convenio con el gremio de vidrieros, o no conocen las puertas.
En fin. Cuando pague la fianza volveré.
Volveré.
Volveré.
V.
sábado, 9 de abril de 2011
Pinta mi casa!
-Che! Te dije que dejes de venir a pintar mi casa en la noche!!!
-Bueno, pero siempre que paso está despintada.
-Pero es MI casa y yo la despinto como quiero!
-No loco!! No es así!!! El barrio es de todos, y sabés que hay que cuidarlo...
-Claro! Como cuando vos tirás la basura en la esquina, o cuando dejás que tu gata tenga ocho mil gatitos que andan sarnosos por ahí!
-No le digas sarnosos a mis hijos!
-Callateeee!!!
-Vos!
-Bueno, me voy a ir, pero dejá de querer venir en medio de la noche con rodillos y escaleras!! Porque estoy HARTO de rodillos y escaleras!
-Pero vos pintá tu casa de una vez.
-No quiero, basta! Deja de molestarme.
-Bueno, pero acordate que yo paso todos los días por aca y ver tu casa así me estresa, llego al trabajo de mal humor, golpeo la puerta al entrar, le tiro café caliente en la cara a todos y cuando me voy le toco una goma a mi compañero de trabajo.
-Pará pará! Como es que le tocas una teta a un hombre?
-Es travesti, viejo, TRA-VES-TI.
Ese día el hombre pintó su casa.
-Bueno, pero siempre que paso está despintada.
-Pero es MI casa y yo la despinto como quiero!
-No loco!! No es así!!! El barrio es de todos, y sabés que hay que cuidarlo...
-Claro! Como cuando vos tirás la basura en la esquina, o cuando dejás que tu gata tenga ocho mil gatitos que andan sarnosos por ahí!
-No le digas sarnosos a mis hijos!
-Callateeee!!!
-Vos!
-Bueno, me voy a ir, pero dejá de querer venir en medio de la noche con rodillos y escaleras!! Porque estoy HARTO de rodillos y escaleras!
-Pero vos pintá tu casa de una vez.
-No quiero, basta! Deja de molestarme.
-Bueno, pero acordate que yo paso todos los días por aca y ver tu casa así me estresa, llego al trabajo de mal humor, golpeo la puerta al entrar, le tiro café caliente en la cara a todos y cuando me voy le toco una goma a mi compañero de trabajo.
-Pará pará! Como es que le tocas una teta a un hombre?
-Es travesti, viejo, TRA-VES-TI.
Ese día el hombre pintó su casa.
viernes, 8 de abril de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
Curiosidad Dominguera
Los hombres que se afeitan más de dos veces por día, tienen un serio problema o una relación sanguínea directa con pie grande.
martes, 22 de marzo de 2011
Algún día me casaré con ella
Y sin embargo, ahí estaba de nuevo, como cada día múltiplo de cinco de cada mes. La sonrisa en la cara como gesto imborrable de la perseverancia absurda que corría por mis entrañas. El cielo, esperando el momento justo para dar su mejor golpe y caerse a pedazos sobre mí. La niebla, acumulándose para avisar que la madrugada estaba cerca y que el amanecer venía, imposible de detener. Las calles vacías, silenciosas, guardando los secretos de la noche que pasó. Y ahí estaba yo, frente a su casa. Frente a esa puerta de madera horrible que un tiempo atrás me daba la bienvenida. ¿Tocaría el timbre y me enfrentaría de nuevo a ella, o dejaría pasar la oportunidad? La última oportunidad.
Se me venían recuerdos a la cabeza. La primera vez que te ví, corriendo furiosa a las palomas de la plaza. Cuando te caíste sobre ese charco de barro y no te importaba. Cuando tu pelo largo y arruinado por el sol te tapaba la cara mientras andabas loca en bicicleta. Cuando por fin te decidiste. Y cuando te dije lo que sentía. Cuando escupí lo que sentia. Cuando TE GRITÉ lo que sentía. Cuando todo se desmoronó.
Y ahí estaba yo, de nuevo, como Romeo frente al balcón de Julieta, aprovechándo su última oportunidad antes de tomar el veneno. Y las gotas empezaban a bajar. Abrí el paraguas, inmóvil, en el mismo lugar. mirando la puerta. ¡Qué absurdo! Tenía la mirilla tapada, la madera húmeda, casi podrida, el picaporte oxidado... no quería pensar en lo que vine a hacer.
Mientras escuchaba las primeras gotas resbalar por el paraguas, seguía recordando todas las veces que estuve parado en esta misma vereda, cada cinco días, desde hace ya un año y medio. Gracias a eso perdí mi trabajo. Total, sin él ya no tenía nada que perder. Y ahí estaba yo, cada día múltiplo de cinco en tu puerta. Tu puerta horrible, descascarada e inmóvil, como queriendo negarme la entrada con prejuicios. Esa maldita puerta, ¡Cómo la odiaba! y pensar que te dí toda mi plata, aunque no la querías.
Y ahí estaba yo, atado a mi grillete de recuerdos, tan sufridos que ni el Polaco hubiera podido con su voz, representar tanta agonía. Esperando que el cielo termine de caerse, como se cayó aquella vez esa maceta de tu balcón, un día múltiplo de cinco, que dejó mi cabeza casi aplastada. O ese otro día múltiplo de cinco que llamaste a la policía. O ese otro día, también múltiplo de cinco, cuando saliste a los gritos y yo sólo quería hablar.
Y ahí estaba yo. Y esa puerta inconsciente seguía sin moverse. ¡Claro! Yo aún no había hecho nada. La lluvia empezaba a mojarme las medias, yo, estupefacto, miraba la fachada de tu casa sin saber qué hacer. Ya estaba ahí, había caminado tres kilómetros, gastado mis últimos billetes en una cena que me dejó con hambre y ahí estaba yo otra vez. Sin nada que perder.
Sin pensarlo, grité tu nombre. Volví a gritarlo. Otra vez, y otra vez. Cada repetición mucho más fuerte que la que la precedía. Tu ventana estaba alta, pero aún así pude ver que la luz se prendía. Tu silueta, que puedo reconocer aún en las más complicadas circunstancias, se definía muy bien en el contraluz de las cortinas. Caminabas de un lado a otro. De repente, veo que se acerca a las cortinas con paso ligero. La tela empezó a tambalear se una forma violenta, y vi casi inmóvil, cómo salía de ella una plancha. Pude notar todo. Cómo la plancha, totalmente ausente de sentido y de moral, caía sobre mí. Sin poder reaccionar, me vi a merced del artefacto, que impactó sobre mi brazo izquierdo y luego se perdió en la calle y en la lluvia.
Ahi entendí que todo había sido en vano. Al menos esta noche. La plata perdida, el desempleo, las visitas al hospital, las quemaduras, las heridas, las fianzas, el desencuentro, tus manos marcadas en mi cara, tus padres y tu estúpida puerta.
"Algún día me casaré con ella", dije, mientras el cielo por fin se caía a pedazos.
Cerré el paraguas y me fuí caminando a casa.
Se me venían recuerdos a la cabeza. La primera vez que te ví, corriendo furiosa a las palomas de la plaza. Cuando te caíste sobre ese charco de barro y no te importaba. Cuando tu pelo largo y arruinado por el sol te tapaba la cara mientras andabas loca en bicicleta. Cuando por fin te decidiste. Y cuando te dije lo que sentía. Cuando escupí lo que sentia. Cuando TE GRITÉ lo que sentía. Cuando todo se desmoronó.
Y ahí estaba yo, de nuevo, como Romeo frente al balcón de Julieta, aprovechándo su última oportunidad antes de tomar el veneno. Y las gotas empezaban a bajar. Abrí el paraguas, inmóvil, en el mismo lugar. mirando la puerta. ¡Qué absurdo! Tenía la mirilla tapada, la madera húmeda, casi podrida, el picaporte oxidado... no quería pensar en lo que vine a hacer.
Mientras escuchaba las primeras gotas resbalar por el paraguas, seguía recordando todas las veces que estuve parado en esta misma vereda, cada cinco días, desde hace ya un año y medio. Gracias a eso perdí mi trabajo. Total, sin él ya no tenía nada que perder. Y ahí estaba yo, cada día múltiplo de cinco en tu puerta. Tu puerta horrible, descascarada e inmóvil, como queriendo negarme la entrada con prejuicios. Esa maldita puerta, ¡Cómo la odiaba! y pensar que te dí toda mi plata, aunque no la querías.
Y ahí estaba yo, atado a mi grillete de recuerdos, tan sufridos que ni el Polaco hubiera podido con su voz, representar tanta agonía. Esperando que el cielo termine de caerse, como se cayó aquella vez esa maceta de tu balcón, un día múltiplo de cinco, que dejó mi cabeza casi aplastada. O ese otro día múltiplo de cinco que llamaste a la policía. O ese otro día, también múltiplo de cinco, cuando saliste a los gritos y yo sólo quería hablar.
Y ahí estaba yo. Y esa puerta inconsciente seguía sin moverse. ¡Claro! Yo aún no había hecho nada. La lluvia empezaba a mojarme las medias, yo, estupefacto, miraba la fachada de tu casa sin saber qué hacer. Ya estaba ahí, había caminado tres kilómetros, gastado mis últimos billetes en una cena que me dejó con hambre y ahí estaba yo otra vez. Sin nada que perder.
Sin pensarlo, grité tu nombre. Volví a gritarlo. Otra vez, y otra vez. Cada repetición mucho más fuerte que la que la precedía. Tu ventana estaba alta, pero aún así pude ver que la luz se prendía. Tu silueta, que puedo reconocer aún en las más complicadas circunstancias, se definía muy bien en el contraluz de las cortinas. Caminabas de un lado a otro. De repente, veo que se acerca a las cortinas con paso ligero. La tela empezó a tambalear se una forma violenta, y vi casi inmóvil, cómo salía de ella una plancha. Pude notar todo. Cómo la plancha, totalmente ausente de sentido y de moral, caía sobre mí. Sin poder reaccionar, me vi a merced del artefacto, que impactó sobre mi brazo izquierdo y luego se perdió en la calle y en la lluvia.
Ahi entendí que todo había sido en vano. Al menos esta noche. La plata perdida, el desempleo, las visitas al hospital, las quemaduras, las heridas, las fianzas, el desencuentro, tus manos marcadas en mi cara, tus padres y tu estúpida puerta.
"Algún día me casaré con ella", dije, mientras el cielo por fin se caía a pedazos.
Cerré el paraguas y me fuí caminando a casa.
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