domingo, 23 de diciembre de 2012
Histeria de Navidad
¡La familia unida! Unida por costumbres, por tradiciones, por amistad, por enemistad y por muchas otras razones que casi obligan a la familia a reunirse. Desde afuera, es una postal amorosa: La abuela amasando los ravioles, las mujeres con hijos preparan el postre, los hombres van apilando leña junto a la bolsa de carbón, los niños juegan a la playstation y los bebés duermen plácidamente esperando la noche y su gran momento.
Pero vista desde adentro, la familia unida (o más bien, pegada a la fuerza por algún adhesivo de contacto) es casi como querer andar en un monociclo desinflado sobre un alambre de púas que une dos edificios de cuadras opuestas: Caés seguro. Y duele.
El momento por excelencia donde la familia "decide" (sí, entre comillas) reunirse, es fin de año, donde casualmente con pocos días de diferencia, festejamos navidad y año nuevo. Es ahí cuando la familia se instala en una casa, que todos los años es la misma, aunque el anfitrión siempre diga "che, el año que viene vayamos a lo de Hernán, que tiene una pileta grande y un patio enorme!". ¡Pero no! La tradición es la tradición, y la veintena de familiares acude con desesperación a la pequeña casa con una pelopincho para los niños y donde el mosquito más pequeño debe ser destruido con una nueve milímetros, para evitar que aparte de chuparnos la sangre nos robe las zapatillas.
Antes de que lleguen todos, mamá está histérica cambiando las cortinas de la cocina, porque dice que la tía Olga el año pasado dijo que no eran de buen gusto. No se por qué a mamá le importa tanto lo que dice la tía Olga, si al fin y al cabo ella siempre habla mal de todo el mundo. No sé si porque es soltera a sus setenta y tantos, o porque realmente es amarga como un limón verde. Papá está cortando el pasto con mi hermano Julián, que mira para adentro con ganas de tirarse a ver televisión, creo que quería ver un especial navideño de Patoruzú que estaban pasando por algún canal de los bajitos, pero siempre se ve con algo de lluvia y a veces engancha el radio de una agencia de remises que queda a tres cuadras. Mi hermana se prueba vestidos y esconde sus muñecas preferidas para que las mellizas no las destruyan cuando entren en su pieza a jugar. Todos están transpirados, a la defensiva, cuidando los detalles mínimos de la casa, de la comida, del parque y ya se escuchan los primeros gritos al aire de cosas que no salieron según lo esperado.
Al rato, empieza a sonar el timbre una y otra vez con breves intervalos de descanso. La familia comienza a reunirse lentamente. Mientras el tío Osvaldo llega con una mochila llena de explosivos envueltos en papel de diario -que mejor no diga dónde consiguió-, la tía Marga deposita una gran fuente de ensalada de frutas en la mesa mientras saluda con una sonrisa de plástico a todos. Mi hermano se pega a los explosivos y Osvaldo comienza a explicarle cómo funciona cada uno. Mamá aparece corriendo mientras grita que son unos salvajes, y aleja las pequeñas bombas ilegales de mi hermano, mientras maldice al tío.
Rato más tarde, aparecen por la puerta el Tío José y la Tía Mercedes, que vienen con la tía Olga apoyada en su bastón observando todo a su alrededor sin emitir palabra. La tía Olga en realidad es la tía de mamá, pero no le gusta que le digan abuela. Aparte ella nunca tuvo hijos, se ve que prefiere los sobrinos. Con ellos vienen las mellizas, alborotadas como siempre y jugando y peleando y jugando y peleando. Juegan y pelean tanto que a veces nadie distingue cuándo pelean y cuándo juegan, y la madre las reta por estar peleando, y ellas se quejan de haber estado jugando, pero cuando se pelean nadie les dice nada, porque aparentan jugar. Al verlas, mi hermana corre a su habitación a resguardar lo poco que quedaba afuera, pero es en vano porque enseguida las mellizas corren en su búsqueda y logran interceptarla antes de que guarde el auto deportivo de su muñeca, que ya está sellando su destino de juguete destruido.
Al ver tanta gente, mi hermano se encierra en su habitación y pone música a un volumen que le permita no escuchar a sus simpáticos familiares.
Pasado un rato, mientras papá y los tíos discuten sobre quién va a ir a buscar al abuelo este año, la tía Olga charla con mamá sobre las cortinas, mientras que la tía Mercedes aprovecha para llamar por teléfono a sus amigas. A escondidas, la tía Marga toma de una petaca que guarda disimuladamente en su bolsito.
Pasa el tiempo, la tarde, y empieza a caer el sol. El abuelo ya está en casa sentado en la cabecera de la mesa, charlando con la Tía Olga (Vale aclarar que el abuelo es el papá de papá, y que la tía Olga siempre le cayó muy bien. De hecho, creo que es la única persona que se acerca a hablarle, pero la Tía Olga siempre está con cara de perro). Creo que al final al abuelo lo fueron a buscar los tres juntos porque no se ponían de acuerdo, pero en el auto de José, que tiene gas y gasta menos.
La cena está servida. Pero no logran que las mellizas y mi hermana, que ya son como grandes amigas, se sienten a cenar. Mientras tanto, mamá le pega gritos a mi hermano que sigue con la música a todo volumen. La tía Marga, balbuceando, se ofrece a ir a buscarlo, y se levanta medio tambaleándose de la silla.
A los veinte minutos, y con mamá medio disgustada, empieza la cena. Todos hablan primero de sus anécdotas de la juventud, de la infancia, y van aproximándose en el tiempo hasta caer en la navidad pasada, cuando un globo cayó en el techo y casi prende fuego todo. Mamá, de lo exagerada que es, había llamado a los bomberos, que vinieron enseguida y el fuego ya se había apagado. Ahora ya no le creen nada.
Se empiezan a retirar los platos y con el postre, vienen las sidras. Mi hermano quiere abrir una, pero mamá no lo deja, diciendo que se puede sacar un ojo, y se la da a José, que empieza a forcejear mientras Mercedes sirve la ensalada de fruta en los potecitos. La Tía Marga, sin que nadie la vea, le echa un poco de su petaca a la ensalada sin mucha precisión, mientras Osvaldo charla con papá y el abuelo sigue elogiando a la Tía Olga.
El Tío José sigue forcejeando con la sidra, y Osvaldo se la arrebata de las manos para abrirla él con un repasador que había ido a buscar. Cuando la sidra se abre (Y José se siente mal por no haber podido) empiezan a llenarse los vasos y la cuenta regresiva comienza con la tele prendida, la radio prendida, la notebook prendida y todas las luces de la casa, prendidas. La Tía Marga ya casi no puede modular, y hace preguntas como "Ya llegó navidad a china?" mientras que Osvaldo la mira de reojo con cara seria, y nadie más los escucha. El abuelo se quedó dormido al lado de la Tía Olga, que sigue despierta, casi como nueva. Los chicos están en la mesa jugando a no se qué, mientras mamá y Mercedes juntan la mesa. Alguna copa se rompe, otro plato cae, murmullos, insultos bajitos, escoba, y empieza realmente la cuenta regresiva:
Diez!: Osvaldo corre a buscar la caja de pirotecnia.
Nueve!: La Tía Olga desparrama todas las pasas de uva en la mesa y empieza a contar doce lo más rápido posible. (Creo que nadie le avisó que eso es sólo para año nuevo)
Ocho!: Mamá se esconde por la cocina para buscar los regalos.
Siete!: Mi hermano se acerca al Tío Osvaldo para probar los cohetes.
Seis!: Mi hermana y las mellizas pelean por el auto y por un brazo de una muñeca que quedó en el piso.
Cinco!: Mamá vuelve corriendo con la cámara para sacar una foto grupal.
Cuatro!: José y Mercedes discuten porque José no pudo abrir la sidra y Mercedes rompió una copa y dejó el piso pegajoso.
Tres!: La Tía Olga se da cuenta que las cortinas de la cocina ahora están en el comedor, y lo grita en voz alta.
Dos!: Marga se tambalea y logra agarrarse de la silla.
Uno!: Mamá reúne a todos para la foto, y en el apuro no se da cuenta que el tío Osvaldo tiene un cohete en la mano.
¡FELIZ NAVIDAD!
Gritan todos mientras las nenas lloran porque rompieron todos los juguetes, José y Mercedes discuten a los gritos que se quieren separar, el abuelo ronca como nunca en su vida, la Tía Olga se atraganta con una pasa de uva mientras critica a viva voz las cortinas que vio el año pasado, el tío Osvaldo corre al baño a buscar una gasa porque le explotó un tumbaranchos en la mano, mientras papá llama a la ambulancia y mamá barre el piso frenéticamente, mientras la tía Marga baila semidesnuda sobre la mesa hasta vomitar sobre el abuelo, que durmiendo boca arriba, se atraganta y comienza a asfixiarse, mientras mi hermano aprovecha la confusión y se lleva la caja de cohetes, al tiempo que la Tía Olga se sirve más ensalada de fruta, a la que Marga le había echado Whisky, y mientras Olga comienza a marearse, papá viene diciendo que la ambulancia está en camino, al momento en que mi hermano prende mal una cañita voladora y se dispara justo a las cortinas que la Tía Olga odia, y comienza el fuego, y los gritos de José y de Mercedes, sumado a los de las chicas, no dejan a mamá llamar a los bomberos que de todos modos no le creen la historia por el incidente anterior. La tía Olga se queda dormida justo cuando el abuelo empieza a toser, y se dan cuenta que puede ahogarse con el vómito de Marga, que empieza a levantarse despeinada y confundida, al tiempo que mi hermano busca un lugar donde esconderse de mi mamá, que lo sigue a los gritos y choca con papá, que trae un balde de agua para apagar las cortinas que siguen prendiéndose fuego, y derriten el auto de mi hermana, que estaba unos metros atrás forcejeando con las mellizas, que peleaban con mi hermana pero no peleaban entre sí (estaban jugando), pero sin embargo Osvaldo les grita que se callen, pero ellas le responden que no es su padre, y siguen en lo suyo, mientras Osvaldo se venda la mano y se sienta medio ensangrentado a esperar la ambulancia, que no encuentra un buen lugar para estacionar porque José dejó mal su auto luego de ir a buscar al abuelo, que ahora se levantó para ir al baño y nadie se dió cuenta. La tía Olga se terminó la ensalada de frutas y al querer levantarse tropieza con un vidrio de la copa que se le cayó a Mercedes y cae, para agarrarse de las cortinas prendidas fuego, que ahora tocan la enslada de frutas de Marga llena de alcohol y comienzan a flamearse, al tiempo que mi hermano se esconde, mi mamá barre, Marga baila y mi papá trata de desenredar una manguera. Osvaldo le abre a los médicos de la ambulancia, mientras la habitación estalla en llamas, pero sale el abuelo del baño confundido y los médicos lo agarran a él creyendo que era el herido, y se lo llevan sin más. Osvaldo queda con su mano vendada y dolorida en el sillón, mientras que Olga se va durmiendo de a poco mientras maldice a las cortinas -que ahora son de fuego-, José y Mercedes agarran de los pelos a las mellizas y se van discutiendo, mamá barre frenéticamente el piso mientras papá y mi hermano van apagando el fuego. Mi hermana llora los restos de su auto de juguete, mientras Marga vomita en el baño y se queda también dormida.
Al día siguiente, la casa es un caos, pero se logran rescatar las sobras del día anterior. Comen en un silencio atroz, donde cualquier comentario puede disparar una discusión, un dolor de cabeza, o una cara no deseada de cualquiera de los comensales. Al pasar la tarde, el humor va mejorando, y para las cinco, donde todos se despiden, alguno al saludar dice "bueno, será hasta el año que viene", y ahí es cuando papá, abrazado tiernamente a mamá, responde:
- ¡Che! ¡Pero vengan la semana que viene a festejar año nuevo!
lunes, 17 de diciembre de 2012
Regalados
Navidad es una época donde todos se regalan cosas entre sí. Regalar es algo casi de compromiso, sobre todo para aquellos que sabemos que nos van a regalar algo, y si bien el valor del regalo no importa ya que es la acción lo que cuenta, muchas veces perdemos la fe en la humanidad cuando por ejemplo, nos encontramos con un par de medias, es decir, por el mismo valor que ese par de medias, me podrían haber regalado caramelos, pero claramente, un par de medias es algo que nadie quiere encontrarse bajo el arbolito.
Luego, tenemos distintos regalos de mal gusto que paso a detallar:
- Si a mamá le regalás un electrodoméstico, una escoba, una cacerola o una plancha, es como si a un obrero egipcio, de esos que construían las pirámides, le regalaras un bloque de piedra de una tonelada, nuevito nuevito, listo para ser subido cuesta arriba al ritmo de los latigazos. (Esto también equivale a regalarle herramientas a papá).
- Si te regalan plata, existen dos variantes: Esa persona claramente no te conoce (porque quizás sólo te vea forzadamente en navidad) o no tuvo tiempo/ganas de comprarte algo, entonces te da la posibilidad de que inviertas en lo que quieras. No es malo, pero es algo que no tuvo esfuerzo ni creatividad.
- Si te regalan ropa, entrás en una complicación: Si la prenda no te gusta y querés cambiarla, deberás hacerlo en secreto. Si no te ves mucho con la persona que te la regaló, bien, pero si por ejemplo, es tu abuela y la ves todos los domingos, TODOS LOS DOMINGOS va a preguntar si te pusiste el saquito que te trajo Papá Noel. Si nunca lo ve, va a sospechar y podés quedar mal y jamás volverá a amasar para vos. Pensalo. La otra opción, claramente, es quedarse con la prenda horrible y bancarsela, cosa que a veces no viene mal.
- Si alguien que no es tu pareja te regala ropa interior (de cualquier índole), ¡CORRÉ! ¡ES UNA TRAMPA! (Más aún si lo hace frente a tus familiares / conocidos).
Si te regalan desodorante / perfume, seguramente es porque olés mal. No les des el gusto de usarlo y empezá a ir a correr todas las mañanas sin bañarte luego, en señal de protesta.
Si te regalan algo totalmente inútil, como por ejemplo un llavero, simplemente debemos encontrar el domicilio del regalador y romperle todos los vidrios de las ventanas a piedrazos. Captará el mensaje inmediatamente y jamás volverá a regalar llaveros a nadie.
Como vemos, el hecho de regalar va más allá del dinero que uno pueda o quiera gastar en algo que va a trascender sus manos y pasar a otras para siempre, sino que tiene que ver con la creatividad. Por eso mismo, a todos los que regalan herramientas, llaveros, lapiceras, medias, perfumes, ropa, plata e incluso algunas otras cosas de mal gusto que no quisiera mencionar, les doy como consejo que se hagan budistas y no regalen nada. De todos modos, aunque sean budistas, algo de pan dulce les van a convidar, y hasta es posible que les compartan los cohetes ilegales envueltos en papel de diario que el tío compró para destruir el cielo cuando cuenten las doce (y que de hecho, esos cohetes costaron más que todos los regalos que pueden encontrar debajo del arbolito, y es muy probable que haya sido ese mismo tío que, por haber gastado tanto en explosiones luminosas de un segundo, haya comprado llaveros, medias, lapiceras, herramientas y ropa interior a último momento y con las últimas monedas que tenía).
¡Salud!
jueves, 6 de diciembre de 2012
La Frontera Vertical
Sus labios perfilados se contraen para dejar escapar un silbido corto, manteniendo su espesor en el aire que ahora explota en breve sinfonía de color. Las aves acuden a su llamado, voraces y nerviosas, esperando al invocador que ahora se ve impaciente. Con ellas a su alrededor, busca traspasar la frontera vertical, y con los pájaros atados a su abrigo, asciende hasta tocar las nubes. Sus pieles van cayendo de a poco hasta que sus dedos se desprenden. Las articulaciones se invierten. Los ojos se achican y la nariz se fusiona con su boca. Los pelos de su cabeza cubren su cuerpo, al tiempo que van bifurcándose y transformándose en plumas.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Odio IX (Te llueve, te llueve)
Odio a los que hablan de un equipo de fútbol como "nosotros": Ustedes no jugaron! Gritar como desaforado no colabora en la victoria/derrota del equipo.
Odio a los que se despiden diciendo "estamos en contacto": En contacto te voy a poner con un enchufe, a ver qué te parece. Pelotudo.
Odio los que ponen cosas arriba de las sillas: Las sillas son para sentarse. No para sentar la cartera. Ni la plancha. Ni al perro. Ni los apuntes. Ni a las viejas.
Odio los forros que van en motos pequeñas haciendo ruido ensordecedor: Putos! (Y más si la hacen explotar, como está de moda en estos días).
Odio los que le cambian el sentido a la palabra "rica": "Qué rica chica!" oh por dios! Es como querer hacerse el buena onda por tener ochenta años y quedar como un idiota.
Odio a la gente que grita en el teléfono: Si vos no escuchás porque estás en el bondi, o porque el auricular no se escucha lo suficientemente alto, no quiere decir que al otro le esté pasando lo mismo. AAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Odio los blogs que tienen música de fondo: Me destruyen los mejores temas y hasta me asustan. Tengo miedo.
Odio los Keygen con música. Déjenme piratear en paz: Me asustan más que los anteriores a veces, y suelen delatar ciber-actividades delictivas.
Odio levantarme temprano: Simplemente no me cabe viejo.
Odio a los que dicen que odian a Facebook... en facebook.
Odio los que se quejan del gobierno en las redes sociales: ¡Como si la presidenta estuviera pendiente de eso! Vayan a quejarse a plaza de mayo... cagones!
Odio las verrugas: Simplemente la odio.
Odio a la gente que habla fuerte: No hace falta gritar todo el tiempo, ¡POR FAVOR! ¡ME IRRITAN!
Odio hablar por teléfono: El teléfono debería ser sólo para pedir un remis o una pizza, o comida china que está buenísima, y no para hablar tres horas sobre qué hice en cada momento del día!
Odio que se me mojen las medias un día de lluvia: Como he escrito anteriormente... es un bajón. De los feos.
Odio a los que nunca contestan los mensajes: Siempre nos ponen en jaque y debemos ser quienes llamemos, para que ellos, señores no-contestadores, no gasten su maldito crédito.
Odio las verrugas: Sí, de nuevo. En el mismo odio. ¡Déjenme en paz!
Odio que el mínimo del aire acondicionado sea siempre 17: A veces tengo más calor que el que puede ser destruido con 17 grados.
Odio a los que escriben todo en mayúscula y sin signos de puntuación: "HOLA COMO ESTAS TODO BIEN ME PODES PASAR EL PRESUPUESTO QUE ME MANDASTE EL OTRO DIA PORQUE SE ME PERDIO ENTRE TANTOS PAPELES QUE TENGO MUCHAS GRACIAS Y QUE TENGAS UN LINDO FIN DE SEMANA LARGO.". Lo peor es que por lo general es gente que tiene un buen trabajo y gana muy bien. Los odio doblemente.
Odio los dedos de los pies: Son deformes y deberían desaparecer... quizá nos vendría bien algún tipo de pezuña, o dos dedos nomás... Naturaleza, vos fijate, que me estás empezando a irritar.
¡Viva Odiar!
Y sigan odiando en: http://www.paradoenelabismo.com/search/label/odio
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Cha!
viernes, 30 de noviembre de 2012
jueves, 22 de noviembre de 2012
El Jugador
Se acodó lentamente sobre la mesa, dejando la cabeza suspendida entre sus manos, que formaban un triángulo hacia el piso, mientras miraba fijamente como todos se alejaban un paso de la mesa, y aquél hombre de traje blanco, rojo y negro, que muchas veces habría sabido ser su peor enemigo, y tantas otras su angel de la guarda, empezaba a hacer rodar la pequeña pelotita blanca en sentido contrario al que giraba la ruleta.
De nuevo en la misma situación. En sesenta de sus ochenta años, había tenido altas y bajas, pero su mayor disfrute era el extremo, el todo o la nada. Recordaba entonces su infancia pobre, los zapatos remendados, la ropa gastada, la comida insípida, los gatos, los miles de gatos que coleccionaba su familia, sus cinco hermanos y sus tres hermanas, de los que por fin se había podido alejar cuando descubrió su talento.
Mientras la pelotita giraba frenéticamente y los casilleros negros y rojos se fundían en un solo color gracias a la velocidad, recordó aquél día en que ganó sus primeros cinco pesos en aquel puestito de la calle, donde un hombre desafiaba a adivinar las cartas. Nadie había podido vencerlo, excepto él. Primero una vez, que
intuyó fue la suerte. Dos veces seguidas, suerte de principiante. Tres veces seguidas, para despertar el asombro de todos, incluyéndose a sí mismo.
Su vida, su escape, fue jugar sin parar. Apostaba siempre en puestos callejeros, se metía en problemas, y lograba escapar, siempre bien, siempre legal. A los veinticinco años había ganado una pequeña fortuna, que seguía apostando. La bebida, el tabaco, el éxito, todo pendía siempre de un ligero hilo. Y lo perdió todo, y sin embargo nunca se rindió, y volvió a ganar, y así también volvió a perder.
Mientras los demás jugadores se mordían los codos, expectantes del destino de sus fichas, él seguía firme, seguro, acodado en el marco de madera oscura de la mesa que lo sostenía.
Sabía que de un momento a otro todo se podía ir, y a pesar de su edad y de su condición, no había nada que lo hiciera sentir más vivo que esos diez o quince segundos de esperar que empezaban a correr cuando la pelota iniciaba el recorrido fugaz de su órbita. Los segundos eran puñales que se clavaban en su cuerpo, pero a su vez, también podrían darle los recursos para curar esas mismas heridas. Se relamía con indiferencia en la situación, los grises jamás habían sido lo suyo, y este caso no fue la excepción. Sostenía que jugar de a poco era morir tímidamente, sin el placer y la emoción que él sabía encontrar en el escaso girar de una esfera blanca.
Y así fue, como ese pequeño levitar cesó su marcha, y la verdad golpeó con su mejor estocada.
- Veintitrés rojo.
Lentamente se incorporó, se puso de pie totalmente erguido, sacándose el reloj de la muñeca y los zapatos importados de los pies, y con una inmensa naturalidad y una admirable calma, los puso arriba de la mesa junto a las llaves de su auto. Del bolsillo de su pantalón, sacó un par de monedas, que contó en la palma de su mano, como enumerando botones, para volver a ponerlas en un sólo movimiento dentro de su bolsillo, sonrió al tiempo que asentía con la cabeza al croupier y tras una lenta media vuelta, se fue caminando, viejo y descalzo, hacia la salida del gran casino.
viernes, 16 de noviembre de 2012
CENIZAS SIEMPRE - Cadáver Exquisito Comunitario #2
Cenizas siempre pichimahuida vieja, cayó epifanía. Principios budín: Impreciso chamuscado pudín paralelepípedo chanchos! Tarambana mutación culeao maraña hipocondríaco noche cachai. Exquisito inconsciente vaso turista. Supercalifragilísticoespialidoso creciendo infinito, enrejadas, desafiemos grillos tonel albóndiga girando madagascar lograrlo alterno cambios.
Provoleta sapo calzoncillo sobrevivir bicicleta morcilla entre tranvía espere escrotalmente halloween.
Entre cosquillas mañana, sabroso sahumerio. Hongo estrafalario copiado, esquizofrenia plaza caracolito de pastor cuando palangana. Simio pájaro queso turquía del cacharro esquizofrénico con hongo.
Garantías correspondiente perro necrozoocacalofílico té. Excremento extereograma bajo muy manías plasticida. Seguimiento señal cambios anudar atrapando tenedores. Implacable melón puuuaaajjj!!!
Palangana. Desdémona quiero toc toc contrarreloj complique mamá fluor! Mátalos opapa tejiendo idiota patua travesti fotocopias!
Venado pasta caos. Ponele lluvia silbando, imaginando potota verdeazulado.
------------------------
Para los que no saben:
Este fue el resultado del segundo cadáver exquisito de Parado en el Abismo, convocatoria que fue organizada por Facebook, (http://www.facebook.com/pages/Parado-en-el-Abismo/181490181887329) donde cada uno que lo desee, debía enviar una palabra para que, por orden de llegada, se arme este texto. Entre los participantes, se sortean cinco colecciones completas de abismitos + postales coleccionables.
Para los que sabían:
¡Gracias! :)
Los ganadores se darán a conocer el martes por la noche, ¡Estén atentos al Facebook! (De todas formas, serán avisados por mail aquellos que hayan ganado).
Pronto, más juegos, más abismo, y más odio para todos.
Si, los odio igual.
Provoleta sapo calzoncillo sobrevivir bicicleta morcilla entre tranvía espere escrotalmente halloween.
Entre cosquillas mañana, sabroso sahumerio. Hongo estrafalario copiado, esquizofrenia plaza caracolito de pastor cuando palangana. Simio pájaro queso turquía del cacharro esquizofrénico con hongo.
Garantías correspondiente perro necrozoocacalofílico té. Excremento extereograma bajo muy manías plasticida. Seguimiento señal cambios anudar atrapando tenedores. Implacable melón puuuaaajjj!!!
Palangana. Desdémona quiero toc toc contrarreloj complique mamá fluor! Mátalos opapa tejiendo idiota patua travesti fotocopias!
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Para los que sabían:
¡Gracias! :)
Los ganadores se darán a conocer el martes por la noche, ¡Estén atentos al Facebook! (De todas formas, serán avisados por mail aquellos que hayan ganado).
Pronto, más juegos, más abismo, y más odio para todos.
Si, los odio igual.
martes, 13 de noviembre de 2012
Martes 13 (¡Bú!)
- No te cases.
- Ni te embarques.
- Ni comas ravioles.
- Ni mires fijo al sol.
- Ni corras con tijeras en la mano.
- Ni levites.
- Ni invoques espíritus malignos del más allá.
- Ni juegues a desenterrar perros de un cementerio de animales.
- Ni gatos.
- Ni destruyas un castillo de arena.
- Ni cantes La Gallina Turuleca hacia atrás.
- Ni dejes a un alma en pena poseer tu cuerpo.
- Ni te amputes una mano.
- Ni te pongas una camisa a cuadritos.
- Ni juegues con motosierras.
- Ni trates de responder a cuestiones filosóficas interminables como "¿Qué es el amor?".
- Ni te escondas.
- Ni te encuentres con vos mismo en el pasado.
- Ni construyas una represa hidroeléctrica.
- Ni dejes que te pique una araña radioactiva.
- Ni fundes un pueblo fantasma.
- Ni vueles al espacio.
- Ni saludes a gente desconocida desde el tren.
- Ni viajes en tren.
- Ni tomes gaseosas light.
- Ni las mezcles con mentos.
- Ni trates de demoler un edificio usando tus puños.
- Ni ganes la lotería.
- Ni comas mayonesa.
- Ni cocines un plato bajo en calorías.
- Ni trates de revivir mediante el ADN depositado en antigüas piezas de arqueología a los dinosaurios.
- Ni compres un libro de magia negra.
- Ni saques al conejo de la galera.
- Ni pintes tu casa.
- Ni la de un desconocido.
- Ni pintes tu cerca.
- Ni le des bizcochos rancios a un vagabundo para que lo haga.
- Ni cortes calabazas.
- Ni corras desnudo atrás del colectivo.
- Ni empujes viejas en la calle al grito de "THIS IS SPARTA!"
- Ni saltes en un trampolín hasta perder la conciencia.
- Ni rompas diez espejos.
- Ni te comas un gato negro.
- Ni destruyas un caracol.
- Ni construyas un mundo con cartulina.
- Ni abraces a una cebra.
- Ni te vayas a vivir a la selva.
- Ni escribas en tu blog.
Mañana sí.
- Ni te embarques.
- Ni comas ravioles.
- Ni mires fijo al sol.
- Ni corras con tijeras en la mano.
- Ni levites.
- Ni invoques espíritus malignos del más allá.
- Ni juegues a desenterrar perros de un cementerio de animales.
- Ni gatos.
- Ni destruyas un castillo de arena.
- Ni cantes La Gallina Turuleca hacia atrás.
- Ni dejes a un alma en pena poseer tu cuerpo.
- Ni te amputes una mano.
- Ni te pongas una camisa a cuadritos.
- Ni juegues con motosierras.
- Ni trates de responder a cuestiones filosóficas interminables como "¿Qué es el amor?".
- Ni te escondas.
- Ni te encuentres con vos mismo en el pasado.
- Ni construyas una represa hidroeléctrica.
- Ni dejes que te pique una araña radioactiva.
- Ni fundes un pueblo fantasma.
- Ni vueles al espacio.
- Ni saludes a gente desconocida desde el tren.
- Ni viajes en tren.
- Ni tomes gaseosas light.
- Ni las mezcles con mentos.
- Ni trates de demoler un edificio usando tus puños.
- Ni ganes la lotería.
- Ni comas mayonesa.
- Ni cocines un plato bajo en calorías.
- Ni trates de revivir mediante el ADN depositado en antigüas piezas de arqueología a los dinosaurios.
- Ni compres un libro de magia negra.
- Ni saques al conejo de la galera.
- Ni pintes tu casa.
- Ni la de un desconocido.
- Ni pintes tu cerca.
- Ni le des bizcochos rancios a un vagabundo para que lo haga.
- Ni cortes calabazas.
- Ni corras desnudo atrás del colectivo.
- Ni empujes viejas en la calle al grito de "THIS IS SPARTA!"
- Ni saltes en un trampolín hasta perder la conciencia.
- Ni rompas diez espejos.
- Ni te comas un gato negro.
- Ni destruyas un caracol.
- Ni construyas un mundo con cartulina.
- Ni abraces a una cebra.
- Ni te vayas a vivir a la selva.
- Ni escribas en tu blog.
Mañana sí.
martes, 6 de noviembre de 2012
Encerrado
Está oscuro, y creo que esta vez es en serio. Creo que me encerré en el hueco del tronco de un árbol, aunque las paredes siguen blandas. Blandas, sí, como aquellas que me envolvieron hace un tiempo. No puedo casi moverme y el calor me sofoca. ¿Es que la primavera se está yendo? ¿Tan rápido? Si apenas ayer fue septiembre. ¿Dónde está octubre? No lo noté.
No soy un tipo malo. He hecho cosas que los demás creyeron malignas, pero no me considero alguien que siga el camino del mal. Tampoco puedo asegurar con certeza que sea una persona digna del cielo, si es que existe. Pero para qué preocuparme por situaciones tal vez imaginarias, si mi incógnita más grande está en este momento, en este mismo lugar, oscuro y blando.
Quizás me dormí por mucho tiempo, tal vez estoy muerto. ¡Eso! Seguro me morí y estoy en ese limbo que muchos mencionan, esperando ver qué me depara la muerte. O tal vez aún no nací y estoy desarrollándome en el cuerpo de otro espécimen adulto. No entiendo por qué no escucho ni veo nada. Lo único que entiendo es que es cálido. A veces demasiado. Cálido, inmóvil y blando. Así me siento. Quizás no sea el entorno, sino yo mismo.
¡Claro! No estoy dentro de alguien, estoy dentro de mí mismo. Quizás emprendí un viaje a la introspección y todas las sensaciones están en mi cabeza. A pesar de ser un sitio chico, me siento bien, casi a gusto, protegido. Entonces, seguro sea eso. Estoy dentro de mí mismo, investigándome. Pero, ¿Cómo llegué acá?
Estoy demasiado consciente para estar muerto. En una de esas es un sueño de esos en los que uno puede controlar sus acciones. O tal vez no esté controlando nada y tenga la sensación de que lo estoy haciendo. Controlar las cosas no es tan fácil como parece. Si pudiera controlar las cosas, haría que no haga tanto calor, y un poco de luz no me vendría mal. El color negro me sofoca un poco, me gustaría más que sea todo azul.
A pesar de todo, sigo pensando, inmóvil, cálido y blanco, pero no entiendo si es que soy parte de un organismo más grande, si estoy muerto o dormido, o si esto realmente soy yo. Aunque pensándolo bien, tal vez todo sea una palabrería sin sentido.
Pero sigo acá.
sábado, 3 de noviembre de 2012
Lunática
"Si me lo pidieras, iría a la luna y te traería un pedacito", le dijo él a ella en un amanecer hermoso, después de la mejor noche de sus vidas, en el momento más mágico de la relación.
"Eso sería muy lindo, ¿harías eso por mí?", le respondió ella, ilusionada. "Claro que lo haría!" dijo él con firmeza. "Quiero un pedazo de luna", le dijo a él mientras mantenía una sonrisa. Él la miró transpirando, y dijo que sí. Pasaron el resto de la mañana abrazados mirando cómo salía el sol.
Al día siguiente, él se inscribió en una Universidad para estudiar astronomía y física, para luego convertirse en astronauta. Se recibió en la mitad del tiempo estipulado para la carrera, con un promedio de 9,6. Gracias a su gran desempeño, fue becado para el entrenamiento de la NASA para ser astronauta.
Tiempo después, empiezan sus pruebas, y luego, la misión a la luna. Él estaba muy feliz, y comenzó los entrenamientos más complejos, pero fue sorteándolos con una gran destreza.
Finalmente, logra viajar a la luna en un transbordados en una misión que dura unos meses. Al llegar al suelo lunar, clava su bandera y con un cincel y un martillo, rompe un poco de suelo y lo guarda en una bolsita, para su amada.
Al regresar, triunfante de la misión, se dirige a su casa, y no encuentra más que un taxi en la puerta, y ella yéndose con las valijas. Él, sorprendido, deja caer su mochila al piso y la agarra del brazo, mientras le pregunta "¿¡Qué estás haciendo!?" - "Me voy, conocí a otra persona..." - "Pero, ¿porqué?", ella hizo una pausa, suspiró, y le dijo "Es que nunca tenías tiempo para mí..."
lunes, 29 de octubre de 2012
Lluvia a medias
No hay nada peor que el momento en que la naturaleza toma confianza y traspasa las barreras de nuestra intimidad, haciéndonos sentir incómodos, indefensos y con miedo a morir de hipotermia.
Y estoy hablando, claro, en un día lluvioso como el que nos tocó hoy, para los que salimos sin paraguas (y con esta torrencial que acaba de caer, también para los que lo usan) del momento en que todo se va a la mierda. Correr bajo la lluvia es algo lindo, que suelo disfrutar de vez en cuando, pero la escena trágica donde todo cambia, donde el humor desciende al tercer subsuelo y todo pasa de una diversión infantil controlada y aceptada, a un caos sin forma, a la desesperación en una de sus máximas potencias, es cuando el agua pasa por nuestro calzado de turno e invade lentamente una o ambas medias. En ese instante, todo decae, la diversión se termina, la maldad ha triunfado.
Una gota en una media puede ser algo temible, que se va expandiendo a lo largo y ancho de la prenda, haciendo que la humedad llegue a porcentajes muy elevados, causando incomodidad severa en el que la lleve puesta. Y ahí empieza la carrera a contrarreloj, de llegar lo más rápido posible a destino. Lo malo es que por lo general nadie tiene un par de medias de repuesto por si esto llegara a pasar, y nos vemos forzados a descalzarnos donde sea que encontremos refugio para evitar un inminente resfrío que pondrá fin a una semana de proyectos y expectativas.
Las medias mojadas se ven colgadas en cajones, en puertas, en canillas, en baños, al lado de ventiladores y estufitas, con la esperanza de que se sequen lo más pronto posible y así salir victorioso de la situación, pero muchas veces nos damos cuenta que el olor a pata que emanan nuestras zapatillas es terrible, por lo que buscamos métodos para apurar el secado, tales como un secador de pelo, soplar, gritar, maldecir, o poner la media en una ventana. Pero este último punto es algo peligroso, ya que si la lluvia decidiera atacar de nuevo, debemos estar atentos para que la media no vuelva a mojarse y el caos no se multiplique.
Como decía, cuando una media se moja en plena calle (generalmente a causa de un charco que no podemos evitar, un salto mal calculado de la vereda al medio de la calle, o una baldosa floja) es como si la lluvia nos agarrara el codo cuando le tendimos la mano. Y es así que nuestro humor incrementa cuando corremos bajo la lluvia, con el pelo empapado, la remera empapada, la cara empapada y somos como una vallerina vieja, pero todo eso que subió, baja cuando el agua se filtra por nuestro calzado. Ahí nos sentimos pesados, apurados, insultamos la lluvia, el charco, la baldosa y al intendente de turno que no arregló las veredas, a las viejas que entorpecen nuestro ahora apurado paso, a los que copan las paradas de colectivo con los paraguas adentro, a los autos que pasan a grandes velocidades bañándonos de una mezcla horrible de agua, barro y mugre y a cualquiera que se nos cruce.
Lluvia, tenelo bien clarito: Con las medias no se jode.
Gracias.
sábado, 27 de octubre de 2012
Adoro la teletransportación
La teletransportación es la solución a todos nuestros problemas.
Firmemente puedo asegurar que esto es cierto. El primer problema en solucionarse es lógicamente la cuestión del transporte, siendo muy fácil y rápido llegar de un lugar al otro. Al poder hacerlo sin necesitar un vehículo, no se necesitarían las calles, por ende las podríamos reemplazar por espacios verdes y campo para plantar y así tener más suministros y ayudar el medio ambiente, que también mejoraría al no recibir las emisiones tóxicas de los autos. (Obviamente suponiendo que podamos teletransportar también objetos y productos).
Por otro lado, el petróleo ya no sería un problema, se haría mucho más barato y cesarían las guerras, y al no tener costo de transporte en las mercaderías, todos los precios bajarían haciendo los productos más accesibles, lo que hará que el nivel de pobreza mundial se reduzca considerablemente.
Al hacer esto, la calidad de vida se incrementará en todo el mundo, y podrán destinarse fondos para educación y desarrollo de nuevas tecnologías para seguir mejorando.
A su vez, la gente sería más feliz, dejaría de tener mal humor los lunes a la mañana y habría menos insultos.
También podrían visitar a sus seres queridos más seguido, y no tener que viajar como una sardina en colectivos o trenes. A su vez, se ahorraría papel al no tener que imprimir los boletos de los transportes y se contaminaría menos, y nos veríamos sin la necesidad de talar tantos árboles.
Entonces no entiendo por qué tanta investigación en cosas que no van, si al fin y al cabo, desarrollando la teletransporación todos seríamos más felices.
Pero... ¿vale la pena la felicidad, resignando el mirar por la ventana de un micro / tren / avión y cómo va avanzando el mundo mientras nosotros estamos sentados?
domingo, 21 de octubre de 2012
Dimensiones Paralelas
Según una teoría, cuando se nos presenta una decisión (que puede ser casi en todo momento) nosotros tomamos todas las respuestas al mismo tiempo, y en ese instante se divide el espacio-tiempo y se colocan en distintas dimensiones todas nuestras posibles respuestas y reacciones. Existen todas las posibilidades en algún lugar que nosotros, desde el nuestro, no podemos percibir. También, en otras dimensiones hay cambios en todo el universo, provocando realidades paralelas con otras propiedades físicas y cosas locas.
Podría decirse, entonces, que en este mismo momento, en otra dimensión:
- No estoy escribiendo esto.
- Estoy escribiendo algo totalmente distinto.
- Soy amable con la gente.
- Tengo el pelo verde.
- No tengo pelo.
- En mi planeta no existe el pelo.
- Estoy flotando en el aire.
- Estoy nadando.
- Mis ojos son naranja.
- Tengo un pato en la mano.
- Tengo siete dedos.
- Tengo un siamés pegado a mi cabeza.
- Tengo un siamés pegado a mi pierna.
- Tengo un siamés pegado a mi páncreas, y es imposible separarnos por compartir tanto órganos vitales.
- Tengo un siamés, un gato siamés.
- No estoy ebrio.
- Tengo una tijera.
- 156984 546 3216879
- ·%&·)·"= %$·=)= "·=(·$=&
- Soy azul.
- Tengo buenos pensamientos.
- La mayonesa no me gusta. (No es que en esta dimensión me guste, la odio! Pero no creo que ningún yo, esté en la dimensión que esté, vaya a ser tan tonto para comer mayonesa! Eso no cambia.)
- Soy un tiburón.
- No existo.
Y como no existo, me voy. Chau.
jueves, 11 de octubre de 2012
Razones para comprarse una motosierra
La gente que deja cajones abiertos merece ser abierta como los cajones.
Las viejas del bondi.
Hace mucho ruido mientras matas a las personas, pero es un ruido que va casi a coro con los gritos de dolor. (Si, hay motosierras en DO y motosierras en LA -se pueden conseguir en otras afinaciones también-)
Te hace ver más rudo y musculoso.
Podes usar tu motosierra con una camisa a cuadros y es genial.
No hay nada que no puedas atravesar con una motosierra.
Las tardes serían más divertidas.
Las noches, menos aburridas.
Es divertido limpiar los restos de vísceras de sus dientes.
Podés tener tu propia heladera con extremidades humanas en casi perfecto estado.
No se te van a acercar los vecinos molestos a preguntar qué pasó.
A tu perro le va a encantar!
Podés sacarle un poco de nafta y armar una molotov al instante.
Adiós a los molestos árboles que te tapan el sol en invierno!
Te abre la cabeza. Maaaal!
Si tenés un tipo muy alto que te tapa en el cine, lo partís al medio. Literalmente.
Con un poco de pericia y delicadeza, podés usarla para abrir sidras.
Un asalto a un banco puede ser incluso hasta divertido.
Si hay un apocalipsis zombie, vas a ser seguro el más popular. Y el que mejor la pase.
Si se le acaba la nafta, la podés usar para golpear. O como ariete, para abrir puertas.
Podés amenazar a la gente en la calle.
Si el bondi no te abre la puerta, la abrís vos.
Podés hacer luchas de motosierras con tus amigos.
Y por sobre todo, siempre vas a ser respetado y admirado por quienes te rodean.
Nada más.
jueves, 4 de octubre de 2012
Vegetales e Ideas
Las modas abarcan todas nuestras vidas y todos los ámbitos en los que nos desenvolvemos. Y así como un modelo de pantalón copa las vidrieras destronando al modelo anterior, ciertas ideas se entreveran en nuestras neuronas colapsando todo el sistema y produciendo así grandes cambios en algunas de nuestras actitudes o pensamientos. Una moda que actualmente revoluciona nuestro mundo, es la de la alimentación. Algunos se consideran omnívoros, es decir, que comen sin problemas cuanta comida transite por sus platos, cualquiera sea su origen. Luego, tenemos a los vegetarianos, que comen vegetales y productos derivados de animales, como ser huevos y leche (también llamados ovolactovegetarianos). Los veganos, en cambio, no comen ningún derivado de animales ni nada que haya sido producto del esfuerzo o de la vida de uno de ellos.
En lo personal, me encantan los animales, pero no puedo dejar de comer carne. Está bien. Muchos dirán que soy un monstruo porque colaboro con la matanza de animales para nuestro beneficio personal, pero creo que todos, por más veganos que sean, contribuyen a lo mismo por el sólo hecho de ser humanos. El ser humano destruye, el ser humano mata por matar y el ser humano odia al ser humano! (por eso los odio a todos). La gente no se da cuenta de que para plantar vegetales hace falta tierra, que para esa tierra se deforestan bosques, se esteriliza el piso por los químicos (que a su vez tienen restos de animales), y se utiliza el ganado para arar la tierra, o incluso a niños! Entonces, podríamos decir que consumiendo sólo vegetales, también hacemos mal a los animales y al medio ambiente.
Internet ayuda, o intenta, a esparcir las ideas de estos nuevos tipos de alimentación de las formas más violentas imaginadas. Por ejemplo, se ven muros de facebook infestados de imágenes de animales muertos, videos de matanzas y demás cosas de mal gusto, que no tengo ganas de ver mientras estoy leyendo qué problema tuvo mi amigo en el bondi con las monedas y la sube.
Pero cómo podemos distinguir a una persona que haya adoptado estas costumbres alimenticias por moda y no por una ideología sólida? Aquí paso a detallar las diferencias:
Los que lo hacen por ideología:
- Conocen las propiedades de los alimentos y saben utilizarlas. Leyeron y se informaron debidamente.
- Tienen mascotas, pero las dejan vivir como mascotas, sin acosarlas todo el tiempo.
- Pueden tener una conversación coherente sobre alimentos sin insultar ni menospreciar a quienes piensan distinto.
- Saben cómo plantar y cosechar, y tienen huertas orgánicas donde puedan (incluso en balcones y macetas), lo que lleva mucho trabajo.
- viven una vida común, sin molestar a los demás con sus planteos todo el tiempo, suelen ser tranquilos y maduros, y respetan mucho las diferencias ideológicas.
Los que están en la moda:
- Tienen un perro al que disfrazan y visten de colores (por lo general son perros chicos y peludos, tipo caniche) y los tratan como a un niño. El pobre perro sólo quiere correr y ser feliz, y se pregunta por qué tiene una cucha de tres pisos con piscina incluída, si lo único que quiere es correr en el pasto y embarrarse, para así ir con sus patitas embarradas a saludar a todos.
- Tienen MUCHO tiempo para cocinar y cocinan recetas complicadísimas que tardan siete días en hacerse. Así que ya de por sí, de las pocas cosas que pueden comer, tienen que esperar mucho para poder hacerlo. Yo me comería las semillas crudas en el intento.
- Tienen la idea de que comiendo vegetales el mundo se salvará, y viven haciendo estadísticas y cuentas del tipo "Siete semillas de girasol equivalen a medio churrasco ".
- Suelen meditar y tener tendencias semibudistas, supuestamente para mejorar su calidad de vida y elevar así sus almas, pero sólo consiguen darle dinero al señor Shankar.
- Dicen tener superpoderes, que no se enferman, que se sienten más fuertes. (Yo no me animé a probar, por las dudas. Mirá si de golpe me vuelvo superhéroe... no me gustaría tener una doble personalidad).
- Usan el feng-shui hasta para acomodar las arvejas en el plato, de manera exagerada.
- Necesitan hablar todo el tiempo de los alimentos que comen, para hacerse notar y que los critiquen, para que cuando uno les diga "che, que complicado que es llevarte a comer" respondan con una indignación forzada y una sonrisa oculta de satisfacción "sí, pero por lo menos yo no mato animalitos".
- Dicen amar a los animales, pero estoy seguro que en sus casas hay matamosquitos, matacucarachas, y alguna vez usaron venenos de diversos tipos (como para ratas, para plagas en las plantas, etcétera).
- Deben perseguir a todos los demás imponiendo su ideología, y a pesar de ser -supuestamente- pacifistas, menosprecian e insultan a quienes no sean como ellos y coman lo que se les antoje. Algunos incluso son peores que los vendedores de perfume que hostigan y molestan a la gente en la calle, tirándoles ráfagas de olor barato, con esperanza de que alguien les compre.
- Compran sus productos en lugares carísimos, con la promesa infundada de que son orgánicos y cien por ciento naturales, basándose en la nada misma.
- Viven en el nutricionista porque tienen problemas de anemia (parecen fantasmas de lo blancos que están), de calcio (se les para una mosca encima y les quiebra el brazo), etcétera, y se pensaban que comiendo un tomate por día iban a estar bien e iban a salvar al mundo.
Ahora, para finalizar, los dejo con una interrogante.
Supongamos que una persona vegana tiene como mascota un perro. ¿Ese perro también come vegetales? Porque si le da alimento balanceado al perro, éste seguro tiene ingredientes animales (que el perro necesita) e iría en contra de todo el pensamiento que describimos anteriormente. Me imagino que si le caemos a firulais con una zanahoria, al instante va a aprender a hablar y nos va a decir, son su mejor cara de perro "¡Flaco! ¡¿Qué me estás dando?!" al tiempo que rompe la botella de whisky que estaba tomando contra la pared y corre sin collar rumbo a la calle, para nunca más volver.
Y así es como terminamos navegando entre las modas, hasta que un día se ponga de moda comer cascotes, y de tanto comer cascotes nos vamos a meter a la pileta y nos vamos a hundir hasta morir ahogados por su peso.
¡Mejor comamos mosquitos y cucarachas, que a nadie le importan!
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Cuando Todo Explote
Por la ventana, del lado de afuera, me miraba fijamente un hombre vestido de gris, sin expresión. Me acerqué a la ventana despacio, y sin moverse, permaneció allí algunos minutos. Sonaba el teléfono, la televisión se prendía y se apagaba sin mostrar imágenes, el microondas se prendió, la heladera se apagó y el timbre sonaba de forma entrecortada mientras miraba a los ojos al extraño hombre parado bajo la lluvia en mi jardín.
Sus pupilas se dilataban mientras, estático, miraba al cristal sin ver del otro lado, y yo, acercándome, mirando hacia el otro lado sin ver el cristal. No sentía miedo, pero tenía una curiosidad inocultable, mientras avanzaba ya casi llegando al vidrio de la ventana con una de mis manos. El hombre parpadeó una vez, las luces se cortaron por un instante. Volvió a parpadear, el televisor empezó a mostrar manchas en blanco y negro que parecían aceite y agua.
Finalmente, el hombre cerró los ojos bruscamente al mismo tiempo que mi mano tocó el vidrio. El microondas explotó, dejando una estela de chispas que caía al piso junto con el cable, que aún conectado, se mezcló con el charco que dejó la heladera al apagarse.
Recuerdo una explosión.
Ahora llovía, y yo estaba atrás del vidrio, sin parpadear, mirando para adentro y deseando que alguien toque el vidrio nuevamente.
lunes, 17 de septiembre de 2012
La Escondida
Nadie nos vencía en las escondidas. Éramos los mejores, así que hicimos un pacto. A partir de ese momento, uno de los dos contaría diez años, y al finalizar la cuenta, iría a buscar al otro por cualquier parte del mundo, y "picar" al otro en esa misma pared.
Hicieron la ceremonia del sorteo, donde uno de ellos sacó el palito más fino, quedando así como el contador, mientras que el restante, se condecoró como el buscado. No se verían por, como mínimo, los próximos diez años.
El tiempo pasó, y los niños dejaron de serlo. Nunca más supieron uno del otro, hasta que una carta certificada llegó a casa del contador que él mismo se había enviado diez años atrás, y hasta casi había olvidado.
Ese mismo día, comenzó la búsqueda. Primero, en el barrio de siempre, luego en los alrededores. No pudo encontrarlo de forma inmediata, por lo que comenzó a buscar información. Habló con todos los vecinos, anotó un cuaderno entero con los testimonios y suposiciones de las personas que vivían cerca, aunque algunos se contraponían con ellos mismos, contando relatos imposibles, teorías absurdas y mentiras alevosas.
Cinco años más duró la búsqueda, hasta que, saliendo de una casa en Madrid, España, se encontró con el buscado. Sin decir nada, los dos hombres se miraron, y salieron corriendo, dejando todo atrás, totalmente serios.
La vuelta no fue fácil, luchando entre ambos por ver quién conseguía el pasaje de avión más temprano, gastando así todos sus ahorros en el servicio más caro y personalizado que una línea aérea podría ofrecer.
Uno tomó un vuelo, y el otro, otro con apenas minutos de diferencia.
Ambos fueron mirando por la ventana todo el vuelo, sin comer, sin dormir, tan sólo tomando un pequeño vaso de agua (uno de los dos tomó soda) que la azafata les regaló con una sonrisa.
Del aeropuerto, era un viaje de dos horas. Uno optó por tomar un micro escolar que transportaba tomates, que enganchó justo a la salida del aeropuerto. El otro, consiguió casi quince minutos después, que un motoquero lo acercara al destino, ya que iba de paso.
Estaban a metros de la puerta que deberían cruzar para llegar al destino. Se vieron a la distancia y comenzaron a correr con todas sus fuerzas. Cruzaron la puerta casi al mismo tiempo, llevando uno de ellos diez centímetros de ventaja. Corrieron y corrieron por el pasillo que daba al patio, que daba al fondo.
Al llegar al fondo, buscando tocar la pared y ganar el juego, se quedaron anonadados al darse cuenta que la pared había sido derribada, y el fondo en el que jugaban ya no era ese fondo. El lugar donde habían estado, había desaparecido.
Los hombres, sin mirarse, se quedaron parados unos minutos, y comenzaron a reírse a carcajadas, casi hasta quedarse sin aire.
lunes, 10 de septiembre de 2012
HOLA JIRAFA PUNCH - Cadáver Exquisito Comunitario #1
Hola jirafa punch petuña cabeza. Milanesa de glande. Locura chapoteando escupitajo, chuleta eterno. Revolución fascinación cuiii. Pelotas, tortuga en astuto! cayendo demencial si... rinoceronte.
Mueca choto, huevo sin genio, camino luciérnaga socotroco entre tortilla, donde jamón ensiestamiento, chocolate!
Miau. Gestionar azules cuando correr, deslizándose... zanahoria revolución sinequanon. Casi tenedor escuchándote volitivo metafóricamente. Corriendo agosto unplugged mondongo.
Dejadez hermafrodita, lágrimas impala colores. Pedrusco cristal. Sandalia imposible oruga, cacatúa lúgubre guadaña cuernos, sueños perro; nervadura triste.
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Para los que no saben:
Este fue el resultado del primer cadáver exquisito de Parado en el Abismo, convocatoria que fue organizada por Facebook, (http://www.facebook.com/pages/Parado-en-el-Abismo/181490181887329) donde cada uno que lo desee, debía enviar una palabra para que, por orden de llegada, se arme este texto. Entre los participantes, se sortean cinco colecciones completas de abismitos + postales coleccionables.
Para los que sabían:
¡Gracias por haber participado! Hubo más alcance de lo esperado, y se ha formado una gran masa palabral con uniones muy interesantes.
Los ganadores se darán a conocer el martes por la noche, ¡Estén atentos al Facebook! (De todas formas, serán avisados por mail aquellos que hayan ganado).
Pronto, más juegos, más abismo, y más odio para todos.
Si, los odio igual.
martes, 4 de septiembre de 2012
Un Texto Como La Gente
Estamos acostumbrados en nuestra cotidianeidad, a decir y aceptar ciertas frases armadas, que tomamos sin pensarlas o sin profundizar en ellas.
Resulta que cebamos un mate mediocre, y se nos tapó la bombilla (como suele pasarme el 99,9% de las veces que preparo mate), cuando uno de la ronda, intentando tomar, nos dice "Dejá que voy a armar un mate como la gente". Y ahí es cuando queda esta pequeña frase de tres palabras que se puede anexar a casi todo, que es "Como la gente".
Pero... ¿Qué es ser como la gente?
Palo Pandolfo, dice junto a Los Visitantes "La gente no sabe y miente, inventa y fabrica tanta trampa".
Entonces, ¿vas a armar un mate inventado, con trampas?
Como tengo menos filantropía que una piedra, podría decir con total convencimiento que odio a la gente tanto como odio golpearme el dedo chiquito del pie con la puerta cuando busco un vaso de agua por la noche.
Entonces, ¿Por qué queremos que todo se haga como la gente? ¡Si la gente hace todo mal!
O peor aún... si me dicen que haga algo como la gente, ¿Significa que no soy gente? Está bien que los odie a todos, pero aunque se me tape el mate, seguiré siendo, desgraciadamente, una persona.
Creemos que somos gente que no hace cosas como la gente. ¡Pero en realidad sí las hacemos como la gente!
Usamos las cosas mal, atamos con alambre, miramos a la hermana de nuestro mejor amigo, somos desorganizados, no podemos evitar pasar el dedo por una torta llena de crema minutos antes de cantar el feliz cumpleaños, tratamos de poner un fitito a 200km/h, usamos anteojos de sol en lugar de casco cuando andamos en moto, y nos preocupamos más por llegar temprano al trabajo que por dormir cinco minutos más.
Si eso es hacer las cosas como la gente, ¡espero reencarnar pronto en una babosa, y hacer las cosas como las babosas!
domingo, 2 de septiembre de 2012
Septiembre
Hubo un Septiembre que fue blando. Atravesaba el tiempo como un adoquín atraviesa una ventana, pero sin dejar pedazos ni huellas. Atravesaba el aire como una bala creando un pequeño agujero por su incontrolable energía en línea recta.
Septiembre aplastaba los peldaños que quedaban arrinconados, inofensivos. No se decidía entre el frío o el calor, pero avanzaba con una potencia ensordecedora.
Septiembre, como una locomotora, fue barro, fue impulso, fue un segundero en reversa, que de pronto aceleró desmoronando todo a su paso.
Corría ciego y a sus espaldas, fuego. Explotaban llamas que quemaban casi como el peor de los hielos. Retumbaban los espejos a punto de derretirse. A punto de desaparecer.
¡Desaparecer! ¡Septiembre!
Quiso disolver sus fuerzas, pero era tarde. Ya había clavado las estacas. No era temporal. No era finito. No era mortal. Corría hasta doler. Dolía para poner su mente en blanco. Septiembre dolía. Septiembre, como espina, punzante. Septiembre no detendría.
Pero tal vez a Septiembre no le importaba. A fin de cuentas, era sólo tiempo.
Septiembre aplastaba los peldaños que quedaban arrinconados, inofensivos. No se decidía entre el frío o el calor, pero avanzaba con una potencia ensordecedora.
Septiembre, como una locomotora, fue barro, fue impulso, fue un segundero en reversa, que de pronto aceleró desmoronando todo a su paso.
Corría ciego y a sus espaldas, fuego. Explotaban llamas que quemaban casi como el peor de los hielos. Retumbaban los espejos a punto de derretirse. A punto de desaparecer.
¡Desaparecer! ¡Septiembre!
Quiso disolver sus fuerzas, pero era tarde. Ya había clavado las estacas. No era temporal. No era finito. No era mortal. Corría hasta doler. Dolía para poner su mente en blanco. Septiembre dolía. Septiembre, como espina, punzante. Septiembre no detendría.
Pero tal vez a Septiembre no le importaba. A fin de cuentas, era sólo tiempo.
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