Un ejecutivo volvía a su casa manejando su auto, cuando a pocos metros de la entrada, ve un hombre sospechoso, todo vestido de negro, y parado en su lugar, sin moverse. Atento a esto, decide llamar a la policía, que no tarda en llegar al lugar y bajo las acusaciones infundadas del ejecutivo, van todos a la comisaría a declarar.
"Yo estaba llegando a mi casa, y lo vi en actitud sospechosa, así que informé a la policía lo antes posible para evitar una desgracia..." decía el ejecutivo al policía que le tomaba la denuncia. Del fondo, esposado, grita el acusado "¡Pero si no estaba haciendo nada!". El ejecutivo se da vuelta y le dice "no hiciste nada, pero estabas a punto de hacerlo. Yo conozco a la gente como vos... ya ha pasado en el barrio antes".
Enojado, el acusado grita "a ver, digame por qué me está acusando, no tengo armas, ni drogas, ni antecedentes, llevo mis documentos en el bolsillo...".
"Es fácil", dijo el ejecutivo con aire sobrador... "estabas todo vestido de negro, con la cara tapada, esperando en la esquina de mi casa".
"Disculpe, pero usted es un idiota" dijo el acusado, y continuó: "Estoy abrigado por el frío que hace afuera, que usted, dentro de su auto con calefacción no siente. Me tapo la cara para no resfriarme y tener que pagar remedios, y estaba en esa esquina esperando el colectivo, que evidentemente usted nunca toma porque se maneja en auto todo el tiempo".
"¿Y por qué vestido de negro? ¡Eso sí es sospechoso!" afirmó el ejecutivo.
El acusado sonrió y dijo "¿acaso no puedo elegir el color de mi ropa? Si vamos al caso, el color no es lo que importa, porque usted también está vestido de negro", dijo señalando al ejecutivo que vestía unos caros zapatos negros, pantalón de vestir del mismo color y una camisa blanca, que se dejaba entrever a través del saco de marca negro que la cubría.
Los policías se miraron entre sí, e inmediatamente liberaron al acusado, para esposar al ejecutivo y darle por lo menos una noche de alojamiento en el frío de una oscura celda, para darle la bienvenida al mundo real.
jueves, 27 de junio de 2013
martes, 25 de junio de 2013
Terror al Silencio
Con la verborragia de hoy en día, en un mundo totalmente interconectado por facebook, twitter, skype y el metrobus, y rodeado por todas las publicidades que nos golpean en la frente todo el tiempo, estamos acostumbrados a gritar, una y otra vez, y constantemente para que se nos escuche, o simplemente para hacer notar nuestra presencia.
Es así, que nuestro mayor temor es el del vaciamiento palabral (?), el de dejar un segundo de silencio, de la hoja sin escribir, de escuchar el viento y de concentrarse.
Por esto mismo, (y cuando hablo de silencio también se aplica a los "silencios" escritos en redes sociales y chats) tenemos la necesidad de hablar todo el tiempo, con una, dos, o diez personas a la vez, sin aportar ningún contenido a los demás ni a nosotros mismos.
De todo esto se desprenden conversaciones como "hola, ¿como estas? / ¿bien y vos? / bien, ¿de dónde sos?", que continúa hasta que las preguntas que figuran en cualquier ficha de inscripción a un club barrial, los interlocutores se quedan sin palabras y empiezan con cosas como "ayer vi una paloma tratando de empomarse a otra" que deriva en una eliminación automática de la lista de contactos (el equivalente a una cachetada en la vida real).
En vivo y en directo, un silencio incómodo se vuelve totalmente introspectivo y empezamos a pensar "¿por qué no me habla?" - "¿le caí mal?" - "¿habrá tomado a mal mi fanatismo por comerme los mocos en público?" y en ese momento, el tiempo empieza a pasar como un cronómetro violento, que propone llegar al final de la conversación si no se llega a remontar el interés en la misma, entonces, por nuestra cabeza empiezan a pasar palabras sueltas, tales como "tragos, camiones, travestis, perros, gelatina, vomitar, video,
computadoras, facebook..." y es cuando nuestra cabeza hace un mix entre todo, y de nuestra boca sale disparada la frase "¿viste el video del perro travesti vomitando que anda por facebook?" y ahí, exactamente ahí, es cuando la conversación pasa de ser un poquito interesante, a caer en un abismo de aburrimiento y azar, que la otra persona decide declarar de desinterés nacional, y huye en la primera que puede, con la excusa "me llaman por celular", "mi vieja está enferma y tengo que ir a cuidarla", "mi novio está viniendo"
o incluso algunas menos sutiles como "sos un pelotudo" o "hacete violar por una manada de rinocerontes".
Sea cual sea el caso, remarla es importante, pero cuando no va, no va (y esto no sólo se aplica para charlas con personas del sexo opuesto, sino con eventuales amigos que uno puede llegar a cruzarse, y no tiene ni una pizca de simpatía para compartir con el/ella).
Por esto, creo que no hay que temerle al silecio, sino respetarlo y entender que cuando no hay nada para decir, lo mejor es tomarse un vaso de vodka, agarrar nuestras cosas y tratar de recordar cuál era el camino a casa.
Es así, que nuestro mayor temor es el del vaciamiento palabral (?), el de dejar un segundo de silencio, de la hoja sin escribir, de escuchar el viento y de concentrarse.
Por esto mismo, (y cuando hablo de silencio también se aplica a los "silencios" escritos en redes sociales y chats) tenemos la necesidad de hablar todo el tiempo, con una, dos, o diez personas a la vez, sin aportar ningún contenido a los demás ni a nosotros mismos.
De todo esto se desprenden conversaciones como "hola, ¿como estas? / ¿bien y vos? / bien, ¿de dónde sos?", que continúa hasta que las preguntas que figuran en cualquier ficha de inscripción a un club barrial, los interlocutores se quedan sin palabras y empiezan con cosas como "ayer vi una paloma tratando de empomarse a otra" que deriva en una eliminación automática de la lista de contactos (el equivalente a una cachetada en la vida real).
En vivo y en directo, un silencio incómodo se vuelve totalmente introspectivo y empezamos a pensar "¿por qué no me habla?" - "¿le caí mal?" - "¿habrá tomado a mal mi fanatismo por comerme los mocos en público?" y en ese momento, el tiempo empieza a pasar como un cronómetro violento, que propone llegar al final de la conversación si no se llega a remontar el interés en la misma, entonces, por nuestra cabeza empiezan a pasar palabras sueltas, tales como "tragos, camiones, travestis, perros, gelatina, vomitar, video,
computadoras, facebook..." y es cuando nuestra cabeza hace un mix entre todo, y de nuestra boca sale disparada la frase "¿viste el video del perro travesti vomitando que anda por facebook?" y ahí, exactamente ahí, es cuando la conversación pasa de ser un poquito interesante, a caer en un abismo de aburrimiento y azar, que la otra persona decide declarar de desinterés nacional, y huye en la primera que puede, con la excusa "me llaman por celular", "mi vieja está enferma y tengo que ir a cuidarla", "mi novio está viniendo"
o incluso algunas menos sutiles como "sos un pelotudo" o "hacete violar por una manada de rinocerontes".
Sea cual sea el caso, remarla es importante, pero cuando no va, no va (y esto no sólo se aplica para charlas con personas del sexo opuesto, sino con eventuales amigos que uno puede llegar a cruzarse, y no tiene ni una pizca de simpatía para compartir con el/ella).
Por esto, creo que no hay que temerle al silecio, sino respetarlo y entender que cuando no hay nada para decir, lo mejor es tomarse un vaso de vodka, agarrar nuestras cosas y tratar de recordar cuál era el camino a casa.
miércoles, 19 de junio de 2013
Teoría de la llegada del Bondi
Esperando el colectivo, se nos ocurre pensar en cualquier cosa para hacer que llegue lo antes posible y así, viajar al destino deseado con la mayor inmediatez. En tiempos donde todos somos bastante descreídos, aún quedan esas pequeñas obras de hechicería, o pequeños indicadores que alivianan la espera y nos hacen creer que tenemos el control de la situación, sabiendo casi exactamente cuándo va a pasar el colectivo a buscarnos.
Es así que muchos se prenden un cigarrillo en la parada, como invocando al medio de transporte en un ritual pagano.
Otros, especulan con la cantidad de gente que, como ellos, está esperando al mismo vehículo: "Claro... hay tres personas, eso quiere decir que el último colectivo pasó hace seis minutos, si yo soy la cuarta persona, y sabemos que a esta parada llegan aproximadamente 1,2 personas por segundo, entonces el próximo colectivo debe venir en los próximos quince minutos, teniendo en cuenta que hoy es sábado y bajan la frecuencia con respecto a los días de semana, eso quiere decir que puedo ir al kiosko a comprar chicles y llego justo para tomármelo". Y es exactamente en el momento en que uno cruza la calle para ir a comprar al kiosko, cuando pasa el colectivo como un rayo, sin dejarnos la posibilidad siquiera de pensar en tirarnos debajo para frenarlo a toda costa.
Pero la que más me interesa remarcar en este momento, es la teoría que dice que cuando esperamos un colectivo y vemos pasar uno de la misma línea que va para el lado contrario (o sea, "el que vuelve"), significa que la llegada del nuestro es inminente. Creemos que si pasa su contrario, el nuestro no debe tardar, y esto es completamente falso si lo pensamos bien. Paso a explicarles:
Supongamos que la teoría fuera cierta, y siempre que pasa el colectivo que vuelve ("B"), se cruza con el que va ("A"). Okey. Hasta ahí todo en orden, tuvimos suerte, la profecía se cumple y todos contentos. Pero hay que tener en cuenta que no somos el centro del universo, y que el colectivo (por lo menos en Gran Buenos Aires -en Capital no-) tiene parada cada dos esquinas, eso significa que cada dos esquinas se cruzarían nuevamente dos colectivos. Por ende, habría un colectivo A y un colectivo B cada dos cuadras, y prácticamente no tendríamos que esperarlo jamás, ya que siempre habría uno a dos cuadras o menos de la parada en la que nos encontramos.
Siguiendo este pensamiento, la calle estaría infestada de colectivos, ya que si tocara un semáforo, de seguro se acumularían dos, tres, cuatro, cinco o más colectivos iguales, y ni hablar si hay algún tipo de accidente que corta la calle e impide el avance de los vehículos: Los colectivos coparían la calle en una fila interminable, cortando también los cruces de las calles que cortan la del accidente, creando entonces una hilera de colectivos que parte del punto de largada (terminal) hasta el del conflicto, estancándose todos ahí, sin poder avanzar ni colectivos ni autos.
Es por esto que cada vez que vean pasar un colectivo contrario al que están esperando, no deben ilusionarse con que el aventón está cerca, sino que al contrario, deprímanse porque la llegada del colectivo esperado es incierta, pero alégrense, que por lo menos no están invadiendo las calles.
Es así que muchos se prenden un cigarrillo en la parada, como invocando al medio de transporte en un ritual pagano.
Otros, especulan con la cantidad de gente que, como ellos, está esperando al mismo vehículo: "Claro... hay tres personas, eso quiere decir que el último colectivo pasó hace seis minutos, si yo soy la cuarta persona, y sabemos que a esta parada llegan aproximadamente 1,2 personas por segundo, entonces el próximo colectivo debe venir en los próximos quince minutos, teniendo en cuenta que hoy es sábado y bajan la frecuencia con respecto a los días de semana, eso quiere decir que puedo ir al kiosko a comprar chicles y llego justo para tomármelo". Y es exactamente en el momento en que uno cruza la calle para ir a comprar al kiosko, cuando pasa el colectivo como un rayo, sin dejarnos la posibilidad siquiera de pensar en tirarnos debajo para frenarlo a toda costa.
Pero la que más me interesa remarcar en este momento, es la teoría que dice que cuando esperamos un colectivo y vemos pasar uno de la misma línea que va para el lado contrario (o sea, "el que vuelve"), significa que la llegada del nuestro es inminente. Creemos que si pasa su contrario, el nuestro no debe tardar, y esto es completamente falso si lo pensamos bien. Paso a explicarles:
Supongamos que la teoría fuera cierta, y siempre que pasa el colectivo que vuelve ("B"), se cruza con el que va ("A"). Okey. Hasta ahí todo en orden, tuvimos suerte, la profecía se cumple y todos contentos. Pero hay que tener en cuenta que no somos el centro del universo, y que el colectivo (por lo menos en Gran Buenos Aires -en Capital no-) tiene parada cada dos esquinas, eso significa que cada dos esquinas se cruzarían nuevamente dos colectivos. Por ende, habría un colectivo A y un colectivo B cada dos cuadras, y prácticamente no tendríamos que esperarlo jamás, ya que siempre habría uno a dos cuadras o menos de la parada en la que nos encontramos.
Siguiendo este pensamiento, la calle estaría infestada de colectivos, ya que si tocara un semáforo, de seguro se acumularían dos, tres, cuatro, cinco o más colectivos iguales, y ni hablar si hay algún tipo de accidente que corta la calle e impide el avance de los vehículos: Los colectivos coparían la calle en una fila interminable, cortando también los cruces de las calles que cortan la del accidente, creando entonces una hilera de colectivos que parte del punto de largada (terminal) hasta el del conflicto, estancándose todos ahí, sin poder avanzar ni colectivos ni autos.
Es por esto que cada vez que vean pasar un colectivo contrario al que están esperando, no deben ilusionarse con que el aventón está cerca, sino que al contrario, deprímanse porque la llegada del colectivo esperado es incierta, pero alégrense, que por lo menos no están invadiendo las calles.
lunes, 17 de junio de 2013
Clavos
En un pequeño pueblo, tres niños discutían y alardeaban de los trabajos de sus padres:
- El mío vende autos.
- El mío, casas.
- Y el mío, clavos.
Los dos niños rieron ante la profesión del padre del tercero, quien no se alteró para nada, y retrucó con lo siguiente:
- ¿Cuántos autos vende tu papa en un mes?
- 5... 6 autos.
- ¿Y cuántas casas vende tu padre en un mes?
- 1 o 2...
- Bueno, ¿Saben qué? Mi papá vende miles de clavos en una sola semana.
Y orgulloso, el niño se fue caminando contento de haberlos derrotado.
- El mío vende autos.
- El mío, casas.
- Y el mío, clavos.
Los dos niños rieron ante la profesión del padre del tercero, quien no se alteró para nada, y retrucó con lo siguiente:
- ¿Cuántos autos vende tu papa en un mes?
- 5... 6 autos.
- ¿Y cuántas casas vende tu padre en un mes?
- 1 o 2...
- Bueno, ¿Saben qué? Mi papá vende miles de clavos en una sola semana.
Y orgulloso, el niño se fue caminando contento de haberlos derrotado.
lunes, 10 de junio de 2013
Nota Editorial #11
Estimados Amigos Abismales:
Hoy, este proyecto cumple SEIS años! Y lo festejamos lanzando el Gran Abismo Ilustrado, que es la recopilación de textos de los cinco abismitos existentes, y algunos más (en total 31 textos) con nuevas ilustraciones, un formato más durable con tapas ilustración, y viene con los abismitos (infaltables) y la colección de postales rrrrelendas!
Nada más al precio de $25 pesito viste, para que todos los que lo quieran no sientan un hueco en el bolsillo, y puedan también, contribuir a que esto se siga haciendo.De todos modos, los abismitos por separado seguirán siendo gratis, como el sol.
Gracias a los que nos vienen ayudando a crecer de esta forma, tanto a Parado en el Abismo como a Tuerquita, que viene ilustrando el mundo abismal desde hace ya más de dos años.
Les recomiendo, si quieren una oportunidad copada, de pasar hoy (lunes), martes y miércoles por la PÁGINA OFICIAL DEL ABISMO vamos a estar sorteando algunos ejemplares para que los primeros en tenerlo, lo tengan GRATIS! :D
Pronto, para que vayan manijéandose también... Nueva generación de abismitos (gratis, como el sol), nuevas postales (que están en camino) y por supuesto, nuevos textos con la mala onda de siempre.
¡Los odio a todos!
Pebablds
Vicepresidente Junior.
lunes, 13 de mayo de 2013
Amor Simultáneo
En la oscuridad de la sala del cine, en plena escena típica de película romántica, una señora casi sexagenaria se levanta de su butaca para ir al baño un momento. Al pasar por el medio de la fila, un hombre, también casi sexagenario, se la queda mirando. Cuando la señora estaba por llegar a la entrada, el hombre se para de golpe y grita "¡Mónica!". Algunos espectadores lo miran de reojo, y se escuchan algunos "shh" en la sala. El hombre, sin prestar atención a esto, vuelve a gritar "MÓNICA!", siendo más los que empiezan con quejidos, mientras trataban de no perder el hilo de la historia romántica que se proyectaba en la pantalla.
La mujer se da vuelta, se acomoda los anteojos y se acerca de a poco. El hombre, atolondrado, se pasa por encima de las rodillas de algunas personas, que se iban quejando mientras el hombre les tapaba brevemente la visión.
Al estar un poco más cerca, la mujer sonríe y grita "Tomás!" y a pesar de los insultos de la gente, se fueron acercando.
"¡Tantos años!, pensé que..." grita Tomás desde varias filas atrás. "¡Jamás! ¡Te busqué todo este tiempo!". La gente empezaba ya con insultos más subidos de tono, y algunos pochoclos volaban azarosamente por el aire, buscando la cabeza de alguno de los dos.
Corrieron lo que sus rodillas les permitieron, ella por el pasillo, él pasando con dificultad por encima de la gente, hasta que por fin, se encontraron en medio de la fila, entre butacas, y se tomaron las manos mientras se miraban fijamente a los ojos, los dos de pie, bajo una lluvia intensa de pochoclos, papeles, golosinas, y gritos de "¡SIENTENSE VIEJOS!".
"No puedo creer que estés aca...", dijo Tomás. "Jamás pensé que te volvería a ver", dijo Mónica con decenas de pochoclos pegados en los rulos rubios que aún se mantenían justo como Tomás los recordaba. "¡CÁLLENSE POR FAVOR!" gritó uno que estaba dos filas más adelante. "¡SIÉNTENSE FORROS!" gritó el de la fila de atrás, al que la pareja tapaba la visión.
"No vamos a volver a estar lejos uno del otro" dijo Mónica, con los ojos llenos de lágrimas. "Jamás voy a dejar que el destino nos vuelva a separar", dijo Tomás, apretándole las manos un poco. "¡PERO NO SE PUEDE VER LA PELÍCULA ASí!" - "¡ESTO NO SE PUEDE CREER!" gritaban los espectadores, ya bastante furiosos.
Tomás y Mónica seguían mirándose fijo, de pie, en medio de la sala del cine. Se miraban tan fijamente que hasta sus miradas molestaban a los que los rodeaban, pero poco les importaba, a pesar de que, como el pocholo se les había acabado, empezaban a revolear baldes y vasos de gaseosa a medio terminar. Sus cabezas se atrayeron mutuamente y comenzaron a besarse, mientras en la película se veía a los protagonistas caminando por un parque, y la sala era un caos de gritos, insultos y objetos voladores comestibles.
Mientras se besaban, al tiempo que tapaban la visión de gran parte del público y molestaban a la parte restante, un guardia llegó y les pidió que se retiraran, pero ellos no lo escucharon. El guardia, tras varios intentos, se dio por vencido y se fue, causando más abucheos del público.
La gente, una a una empezó a irse, mientras algunos seguían tirándoles lo que encontraban a la pareja de ancianos. Cuando ya no quedaba nadie en la sala, solo ellos, cayeron que estaban en una sala de cine, ahora vacía, y se dieron cuenta de lo que habían provocado. Se echaron a reir como dos adolescentes, mientras, solos, se sentaron a ver los últimos minutos de la película, abrazados y cubiertos de una capa pegajosa, producto de las gaseosas, caramelos y pochoclos con que les habían tirado.
Pero no todos se habían ido de la sala, sino que un hombre se había quedado mirando todo desde algunas butacas atrás. Al encontrar a la pareja abrazada, se presentó y les ofreció, ya que el era un gran director de cine, llevar su historia a la gran pantalla.
Un año después, la película fue todo un éxito y los cines se abarrotaban de espectadores. ¡Claro! La gente siempre prefiere ver lo que sucede en la pantalla, perdiéndose así mil historias mejores que ocurren justo frente a sus ojos.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Límites
- Disculpe señor, creo que ya ha tomado suficientes colectivos por hoy.
- ¡Yo diré cuando sean suficientes!
miércoles, 1 de mayo de 2013
MORBIDA SILLA - Cadáver Exquisito Comunitario #3
Mórbida silla matambre bañera moldear ultrapindonga! Ilusionado viaje lúgubre. Churrasco almendra por porcelanato alpargata sibióticamente papanata maduro playa. Reacción oboe escalofríos desencuentro despedida ardilla, almohada cuando Nafrifrú significaciones hongo percha lucero, indirectamente de pluscuamperfecto interesantes.
Sol inmortal unicornios monstruoso!!!
Penumbra marote papanata análisis canchero glucosa mientras marsupial quebrado ruta camisón final, ¿chancho? Pánico poema claridad panda; estas se amigo pantuflas!!
Parlante familia, psicólogo lunas perro viejito amargo pedido transparente. ¡Asesinos! Lagarto pato chanchullo! Olvidemos verde: Mermelada imagina uva mucho, teclado tortícolis impresiones idea: Violeta calamitoso Francia cumpleaños un matador galería distraída delicia, nebulizador yo cascote miradas. Lluvia. Moco ¿qué?
Gatito, lagartos colgada! Iodopovidona! Parásito: Cactus fotografías pensamos indeleble cantando fotos asusta siempre distancia paupérrimo ñoqui dirigía chingoso. Con abeja falsa esa aleteando mortadela palurdos. Volando.
Centinela.
----------------------
Para los que no saben:
Este fue el resultado del tercer cadáver exquisito de Parado en el Abismo, convocatoria que fue organizada por Facebook, (http://www.facebook.com/pages/Parado-en-el-Abismo/181490181887329) donde cada uno que lo desee, debía enviar una palabra para que, por orden de llegada, se arme este texto. Entre los participantes, se sortean cinco colecciones completas de abismitos + postales coleccionables.
Para los que sabían:
¡Gracias! :)
Los ganadores se darán a conocer el por Facebook, ¡Estén atentos al Facebook! (De todas formas, serán avisados por mail aquellos que hayan ganado).
Los odio a todos, como siempre!
Miren los resultados de los Cadáveres anteriores ACA!
http://www.paradoenelabismo.com/search/label/cad%C3%A1ver%20exquisito
martes, 23 de abril de 2013
Un Péndulo
Frené un péndulo en los bolsillos de la simpatía, que atemorizaba los azares más inoportunos, mientras un ángel en llamas tocaba las últimas notas con su arpa.
Un espacio lleno de invisibles, respiran un aire denso y profundo que en agudas estocadas los destruye. Cada centímetro cúbico de aire los desangra.
Caen los cuerpos rosados sobre la esfinge. Tratan de suspenderse, pero caen, y esa fuerza opuesta los comprime y los mueve de un lado a otro, como un péndulo en un bolsillo.
Un espacio lleno de invisibles, respiran un aire denso y profundo que en agudas estocadas los destruye. Cada centímetro cúbico de aire los desangra.
Caen los cuerpos rosados sobre la esfinge. Tratan de suspenderse, pero caen, y esa fuerza opuesta los comprime y los mueve de un lado a otro, como un péndulo en un bolsillo.
jueves, 18 de abril de 2013
Collage
De chiquito me decían que tenía que andar con ojos atrás de la cabeza, que trabaje a cuatro manos, que cada tanto baile en una pata, que comía como si tuviera cuatro estómagos, pero que estaba flaco como una escoba, que tenía dientes de caballo, ojos de huevo duro, pelo de alambre, piernas de escarbadiente, panza de cerveza, cuello de tortuga, que nadaba como un delfín, pero corría como una marmota, que hacía cagadas como un pato, que hacía pis como una vaca y que saltaba como una liebre, que me peinaba como de otra época, que mi pelo era de paja, que mi barba parecía una virulana, que tenía voz de pito, que cantaba como un chancho apuñalado, que tenía manos ásperas como de lija, y resbalosas, como de manteca, que tenía una lengua larga, una mirada de águila y orejas de raviol, pelo como un oso y venenoso como una serpiente.
Debe ser por eso que también dicen que soy un monstruo.
domingo, 14 de abril de 2013
De Lugares...
Siempre que pensamos en un lugar, nos imaginamos un espacio físico que cumple con determinadas características de ubicación, de geografía, pero olvidamos el otro cincuenta porciento de la definición, que es el tiempo.
El concepto de "lugar" entonces, responderá a la combinación entre un espacio geográfico y un momento determinado. Para graficar mejor la idea, basta con imaginar una proyección temporal a futuro o a pasado: Es posible que alguna vez, el punto exacto donde nos encontramos haya sido atravesado por una estampida de dinosaurios, o quizá fue la base de una montaña, o un punto en medio de un mar.
A futuro, podemos decir que "el lugar donde estamos", podría ser otra cosa, si las paredes son derribadas para modificar el espacio, y sin ir más lejos, sólo cambiando los muebles de posición estamos generando un nuevo lugar, sin cambiar la estructura edilicia.
El concepto de lugar, corresponde al de una foto, que retrata para siempre un punto determinado en un tiempo congelado.
Es por esto mismo que uno puede irse de su lugar favorito por años y al volver se sienta ajeno, extranjero, porque pueden permanecer muchas cosas de nuestro sitio, pero a veces, los mínimos cambios, de limpieza, de pintura, de descuido o de un orden distinto, destruyen al lugar, lo mutan y caemos en la realidad que nos golpea diciendo que ese espacio ya no existe más.
Sin ir más lejos, el movimiento constante del planeta y del universo en general hacen que cada segundo se modifique el espacio (al igual que se modifica el tiempo constantemente, aunque a niveles tan grandes que no podemos percibir, siendo solo partículas diminutas).
Sólo queda la nostalgia de algún recuerdo, y con suerte, varias fotos que intentaremos recolectar para cerrar los ojos y respirar de nuevo el aire y sentir que estamos nuevamente en el lugar que ahora ha desaparecido del universo para siempre.
jueves, 4 de abril de 2013
Odio X (Vamolospibe)
Bueno. Hola.
Este es un post con una carga emotiva muy fuerte, que penetra en los vericuetos de las más macizas sensibilidades. Por un lado, es un placer haber llegado al décimo odio, que es fruto de las atrocidades diarias que nos toca vivir. Ustedes, estimados lectores, colaboraron cada uno de forma desmedida, ya que el odio que tengo hacia ustedes es inmenso, y me ayuda a continuar con la complicada tarea de odiar un poco más cada día.
Por otro lado, me enorgullece comentarles que esta es la entrada número 200 en este pequeño Abismo.
Son todos números, sí, pero cuando uno llega a un número redondo, múltiplo de diez, cien, mil, etc, siente un objetivo cumplido, y una cuenta regresiva que se resetea para empezar de nuevo, pero desde una altura diferente. El abismo, sin embargo, crece hacia abajo, haciendo más profunda su oscuridad, y así me gusta que sea.
Estén atentos que dentro de poco explota el Gran Abismo Ilustrado, una publicación que abarcará los confines del abismo en papel y tinta, como debe ser. Vean las novedades en www.facebook.com/paradoenelabismo
Ahora, sin más preámbulos, y antes de que se pongan a llorar de la emoción, los dejo con el odio.
Nuevamente, los odio a todos.
Pebablds
Vicepresidente Junior
---------------
Odio que te digan "Gracias igual", es totalmente ofensivo: Es como que hiciste todo lo que pudiste, pero a pesar de todo no fuiste de utilidad, y te lo agradecen por compromiso.
Odio los que te piden ver la foto apenas la sacas: Acabás de vivirlo!! Para qué querés ver la foto inmediatamente después?
Odio los charcos post-lluvia, que quedan camuflados generando grandes trampas húmedas: Es engañoso y desesperante... si venimos zafando de mojarnos, con esto no sólo terminamos por empaparnos las medias, las zapatillas y el pantalón, sino que automáticamente pasamos a tener un humor de mierda.
Odio a los que no se comen las aceitunas: Eso implica que yo deba comerme todas las aceitunas de una pizza, y me hace mal comer tantas!!
Odio a la gente fotogénica: Son tan... lindos.
Odio el trámite para sacar el DNI: Tenés que estar a las seis de la mañana para que empiecen a atender a las ocho, con el riesgo inminente de que los números que entregan no lleguen a tu lugar y tengas que volverte derrotado e intentar al día siguiente.
Odio las tapas de inodoros que se caen solas: Es incómodo ir a hacer pis y tener que hacer equilibrio para sostener la tabla con una mano, agarrar el elemento en cuestión con la otra y tratar de mantener el equilibrio hasta que todo termine.
Odio los días de humedad: Me baño y salgo igual a como entré. Es un círculo vicioso. Aparte se me pega toda la ropa.
Odio los que odian a Justin Bieber: Seguro más de la mitad ni lo conoce. (Yo tampoco lo conozco, pero odio a todos los desconocidos por igual).
Odio que internet se me corte por días: VOLVE!
Odio lavar los platos: Puedo cocinar, barrer, limpiar, ordenar, encerar, gritar, llorar, coser, cortar, mover, tirar. Pero no me gusta lavar los platos!
Odio los impuestos a las importaciones: Si quieren fomentar la industria nacional, no hagan imposible la compra de artículos en el exterior, simplemente, produzcan cosas de calidad en el país!
Odio que facebook cambie todo el tiempo de apariencia: Loco! Pongan algo que dure! Me tienen podrido.
Odio la mayonesa: Ya se habrán dado cuenta.
Odio los sánguches de miga de pickles: ¿Había necesidad de hacer eso?
Odio los día de humedad: Déjenme respirar en paz!
Odio Parado En El Abismo.
Este es un post con una carga emotiva muy fuerte, que penetra en los vericuetos de las más macizas sensibilidades. Por un lado, es un placer haber llegado al décimo odio, que es fruto de las atrocidades diarias que nos toca vivir. Ustedes, estimados lectores, colaboraron cada uno de forma desmedida, ya que el odio que tengo hacia ustedes es inmenso, y me ayuda a continuar con la complicada tarea de odiar un poco más cada día.
Por otro lado, me enorgullece comentarles que esta es la entrada número 200 en este pequeño Abismo.
Son todos números, sí, pero cuando uno llega a un número redondo, múltiplo de diez, cien, mil, etc, siente un objetivo cumplido, y una cuenta regresiva que se resetea para empezar de nuevo, pero desde una altura diferente. El abismo, sin embargo, crece hacia abajo, haciendo más profunda su oscuridad, y así me gusta que sea.
Estén atentos que dentro de poco explota el Gran Abismo Ilustrado, una publicación que abarcará los confines del abismo en papel y tinta, como debe ser. Vean las novedades en www.facebook.com/paradoenelabismo
Ahora, sin más preámbulos, y antes de que se pongan a llorar de la emoción, los dejo con el odio.
Nuevamente, los odio a todos.
Pebablds
Vicepresidente Junior
---------------
Odio que te digan "Gracias igual", es totalmente ofensivo: Es como que hiciste todo lo que pudiste, pero a pesar de todo no fuiste de utilidad, y te lo agradecen por compromiso.
Odio los que te piden ver la foto apenas la sacas: Acabás de vivirlo!! Para qué querés ver la foto inmediatamente después?
Odio los charcos post-lluvia, que quedan camuflados generando grandes trampas húmedas: Es engañoso y desesperante... si venimos zafando de mojarnos, con esto no sólo terminamos por empaparnos las medias, las zapatillas y el pantalón, sino que automáticamente pasamos a tener un humor de mierda.
Odio a los que no se comen las aceitunas: Eso implica que yo deba comerme todas las aceitunas de una pizza, y me hace mal comer tantas!!
Odio a la gente fotogénica: Son tan... lindos.
Odio el trámite para sacar el DNI: Tenés que estar a las seis de la mañana para que empiecen a atender a las ocho, con el riesgo inminente de que los números que entregan no lleguen a tu lugar y tengas que volverte derrotado e intentar al día siguiente.
Odio las tapas de inodoros que se caen solas: Es incómodo ir a hacer pis y tener que hacer equilibrio para sostener la tabla con una mano, agarrar el elemento en cuestión con la otra y tratar de mantener el equilibrio hasta que todo termine.
Odio los días de humedad: Me baño y salgo igual a como entré. Es un círculo vicioso. Aparte se me pega toda la ropa.
Odio los que odian a Justin Bieber: Seguro más de la mitad ni lo conoce. (Yo tampoco lo conozco, pero odio a todos los desconocidos por igual).
Odio que internet se me corte por días: VOLVE!
Odio lavar los platos: Puedo cocinar, barrer, limpiar, ordenar, encerar, gritar, llorar, coser, cortar, mover, tirar. Pero no me gusta lavar los platos!
Odio los impuestos a las importaciones: Si quieren fomentar la industria nacional, no hagan imposible la compra de artículos en el exterior, simplemente, produzcan cosas de calidad en el país!
Odio que facebook cambie todo el tiempo de apariencia: Loco! Pongan algo que dure! Me tienen podrido.
Odio la mayonesa: Ya se habrán dado cuenta.
Odio los sánguches de miga de pickles: ¿Había necesidad de hacer eso?
Odio los día de humedad: Déjenme respirar en paz!
Odio Parado En El Abismo.
viernes, 22 de marzo de 2013
El Lugar Feliz (Parte III)
-------
No supe cuánto tiempo estuve allí. Quizás fueron dos horas,
quizás diez días. No sabía qué pasaba afuera. Hasta las voces de mi cabeza
hacían eco en la oscuridad de tan pequeña habitación. Un leve olor a humedad se
desprendía de las paredes. A veces, buscaba con mis manos para encontrar
huecos, texturas, tocaba la puerta, jugaba con las betas de la madera que podía
sentir. Trataba de imaginar cosas para que el tiempo pase, y esperaba que la
puerta se abra lo antes posible.
A veces, de tanto pensar me quedaba dormido y me despertaba
sin tener noción incluso de mi posición. Por momentos, dudaba si estaba de
espaldas, de cabeza, de frente o de costado. Sólo me orientaba porque sabía que
la puerta estaba en lo que yo imaginaba como el frente. Mi único pasatiempo,
aparte de pensar cada vez más en mi objetivo de escapar de ese lugar, era
contar. Contaba para no perder la cordura. A veces en voz alta, a veces
susurrando y a veces, cuando no tenía muchas energías, mentalmente, pero
siempre me perdía y debía empezar de cero.
Mis ojos se cerraban despacio por el cansancio, cuando oí un
golpe en la puerta, como si alguien, del otro lado, posara firmemente su mano
en el picaporte. Ruido de metal chocando entre sí, y el sonido de una llave
acertando en su hendidura, para luego dar dos giros. La puerta permaneció
inmóvil por unos segundos, hasta que se abrió apenas un poco. Me quedé
esperando a que algo más suceda, pero nada cambió. Sorprendido, seguí la
pequeña cortina de luz que se filtraba por la puerta entornada, y la abrí. La
luz del sol me resultó insoportable, así que retrocedí, y fui adaptándome de a poco
al brillo, recuperando de a poco mi visión. Al hacerlo, descubrí vidrios en el piso,
una de las ventanas que daba al patio estaba rota. Seguí por el pasillo
lentamente, no había nadie. Un florero caído de su estante desparramaba tierra
por el piso encerado del corredor. Una de las paredes se veía repleta de
dibujos de crayón, mientras que en el piso, algunos envoltorios de alfajores se
mecían con la brisa que corría.
Caminé midiendo cada paso por el largo pasillo, hasta dar
con la puerta de salida. Miré a ambos lados y traté de abrirla. Cerrada, como
siempre lo estuvo. Miré nuevamente para saber si alguien podía oírme, y empecé
a forcejear la puerta. Parecía imposible. Y lo fue. Desistí y volví por el
pasillo, sobre mis pasos, para dar con el otro pasillo, que conectaba con la
cocina. La luz que entraba por esa puerta era más brillante, porque el ventanal
capturaba todo el sol, así que desde lejos podía verla. Me acerqué, y escuché
voces. Al asomarme, pude ver a todos los niños del orfanato sentados sobre sus
rodillas, cabizbajos. Era extraño que todos estén ahí. A su lado, dos de los cuidadores los
vigilaban, inmóviles.
Por la puerta del otro lado de la cocina, entró otro
cuidador que llevaba a Sergio del brazo.
-Acá está -dijo el cuidador a los otros dos.
-Al fin, el creador de todo esto. -gritó otro en voz alta
para que todos lo oigan.
-¿Así que vos fuiste el que empezó todo? - Dijo uno de los
cuidadores, acercándose a Sergio.
- ¡Yo no fui! - dijo Sergio mientras se movía tratando de
despegarse de la mano que lo retenía.
En ese instante, una llave cayó del bolsillo de Sergio al
piso. Un cuidador la levantó y se la mostró a los demás.
-¡La llave del cuarto ciego! - dijo uno, y comenzó a caminar
hacia la puerta desde donde yo miraba todo.
Me hice para atrás rápidamente y empecé a gatear para evitar
que me vean. En seguida una mano vino de mis espaldas y se posó sobre mi
hombro. Al darme vuelta, era otro de los cuidadores, que me agarró
violentamente del brazo y me llevó a la cocina.
-¡Traje al otro! - gritó. Los otros asintieron.
Me empujaron al lado de Sergio, nos miramos y sonreímos, y
quedamos de frente a los demás chicos. Algunos tenían cara de preocupación,
otros, de miedo. Todos buscaban ojos cómplices en los demás, algunos se rechazaban,
otros se encontraban. Se olía una confusión. Empecé a marearme, sintiendo un
fuego en mi interior. Recordaba todo, desde mis primeras imágenes en el orfanato
cuando era apenas un niño de 4 años, hasta las últimas, donde me encerraron en
un cuarto totalmente a oscuras. Todo parecía tan bueno, tan real. Así que di un
salto sobre una de las mesas, y frente a todos, empecé a gritar.
-¿No ven que somos muchos? ¡Podemos irnos ahora mismo si
queremos!
Todos, incluyendo los cuidadores, abrieron los ojos sorprendidos.
Y continué.
-Siempre vivimos felices, nunca nos faltó nada, pero vivimos
encerrados. ¿Cómo somos libres entonces? ¡Vamos a salir de acá!
Todos los chicos se levantaron y empezaron a correr por la
sala, mientras los cuidadores los perseguían, tratando de agarrar a alguno de
un manotazo al aire. Dos se abalanzaron sobre mí, pero pude esquivarlos y
correr fuera de la cocina. Me siguieron por el pasillo a toda velocidad, yo iba
tirando cosas al pasar para tratar de detenerlos, pero era inútil, sabía que no
había lugar donde correr, que todo estaba cerrado y no podría ir a ningún lado.
Llegamos al final del pasillo, justo frente a la puerta de salida. Empecé a
tironear del picaporte, pero fue en vano, mientras veía de reojo a los
cuidadores acercándose furiosos. Seguí forcejeando sin éxito, hasta que los
cuidadores estaban cerca. Uno, se dirigió a mí:
-No sé por qué tanta manía con irte, ¡si acá les damos todo!
-Todo no. No me dieron la posibilidad de elegir.
Uno de los cuidadores se abalanzó sobre mí, pero pude
escabullirme por entre sus piernas, y corrí de nuevo por el pasillo, en
dirección opuesta. No me quedó más remedio que volver a entrar a la cocina,
puesto que más adelante estaban los demás cuidadores persiguiendo a los otros
chicos. Fui directamente hacia la puerta opuesta por la que había entrado, pero
también estaba cerrada. Dos cuidadores entraron y cerraron a su espalda la
puerta con llave. Uno tenía una bolsa de arpillera y el otro una soga. Trataron
de reducirme, y de ponerme la bolsa en la cabeza, pero pude saltar por entre
ellos con mis últimas fuerzas. Estaba agotado. Toda la debilidad acumulada en
la oscuridad, más las recientes corridas me habían dejado unos cuantos raspones
que ya empezaban a arder, la frente transpirada y las rodillas temblando. Eso, sin contar los nervios y el dolor en la
cabeza y en la boca del estómago. Quedé de frente al ventanal, de espaldas a la
mesa, y de costado a los cuidadores que venían hacia mi. De un pequeño empujón,
me subí a la mesa, era mi oportunidad, la última chance de salir. Tomé carrera
tirando unos platos al piso y avancé. Al llegar
al borde de la mesa, salté con las fuerzas que me quedaban.
Pude sentir el aire rozando mis orejas, enfriando un poco
más el sudor en mi cara, refrescando los raspones, y el impacto contra el
vidrio. El gran ventanal voló en mil pedazos. Sentía cómo los vidrios rozaban
mi piel, algunos superficialmente, otros se enhebraban y enterraban en mis
músculos, mientras otros simplemente caían. Y también lo hice yo. Caí al piso,
pero no al piso de la cocina. Era el pasto del jardín, aquel que siempre me
habían prohibido pisar. Al que nunca me dejaron ir. Ahí estaba, tumbado en él,
mezclándolo con mi sangre. Apoyé la cabeza de costado en la tierra. No tenía
más fuerzas. La luz era intensa. Sentí primero un dolor muy fuerte en todo el
cuerpo, miles de agujas picándome los brazos, las piernas. Las articulaciones
dolían, la cabeza pesaba diez veces más. De a poco, en un degradé, todos los dolores
se juntaron y se transformaron en calor. Sentía mi cuerpo volverse tibio,
mientras mis ojos seguían mirando a la calle. Mis ojos, entre encandilados y cansados,
comenzaron a ver cómo un auto se detenía en la vereda. La visión se fue
haciendo un poco más borrosa, ya no distinguía formas concretas. El sonido se
volvía grave y confuso. Mientras se cerraban lentamente, mis ojos pudieron
distinguir dos siluetas que se bajaban del auto y se dirigían a la puerta del
orfanato, parecían no haberme visto. Y finalmente, la oscuridad de nuevo.
Me quedé con esa última sensación tibia, con el dolor
intenso que se transforma en calor, y con una sonrisa de haber por fin logrado
traspasar los muros de aquel lugar que se suponía debía darme todo, pero no
pudo con lo más simple.
Y así, otra vez en la oscuridad, me sentía victorioso.
Había llegado a mi lugar feliz.
jueves, 14 de marzo de 2013
El Lugar Feliz (Parte II)
(Escenas del capítulo anterior, click acá)
-------------------------------------------------------
II
La cena de ese día fue lenta. Me tocaba ayudar en la cocina cortando verduras, poniendo la mesa y sirviendo los platos. Apenas pude comer. Tenía intriga de todo. De mis padres, de por qué era tan difícil salir afuera a pesar que decían lo contrario, de ver el mundo, de explorar... así que mientras todos conversaban yo me hundía más y más en pensamientos, preguntas que me autorespondía, las pensaba nuevamente, refutaba todo lo que acababa de afirmar y empezaba de nuevo. Así fue como llegó la noche, y mientras hacíamos las camas, hablé con Sergio, el mejor amigo que tuve, el único ser humano en el que confié toda mi vida plenamente. Mientras las sábanas se extendían, le pregunté:
- Sergio... ¿vos estás bien acá adentro?
- ¡Claro! La habitación es genial... tenemos luz del sol de día...
- ¡No, no la habitación en sí! Este lugar... el orfanato...
- ¡Sí! Cómo no vamos a estar bien si nos salvaron de estar allá afuera, donde hay tantas cosas horribles.
- ¿Y nunca te preguntaste cómo es allá afuera?
- No hace falta... con todo lo que nos dijeron... Gente que te quita tus cosas, que te lastima, accidentes, multitudes apuradas, mal humor, violencia... prefiero quedarme acá y estar seguro.
- ¿Y nunca te dio intriga?
- Me saco las dudas con todo lo que me cuentan, y realmente no tengo ningún motivo para salir de acá... ¡si estamos bien!
- Y si hubiera alguna razón, una sola, para intentar salir... ¿lo harías?
- No creo... me gusta mucho este lugar.
- Yo encontré mi razón. Y quiero salir de acá.
Discutimos un rato, porque Sergio afirmaba que ese era el mejor lugar para quedarse, mientras que yo sostenía que valía la pena arriesgarse a salir para conocer a mis padres.
A pesar que no estaba de acuerdo conmigo, Sergio se ofreció a ayudarme. Nos quedamos un rato, sentados en la cama, ideando un plan en voz baja para que el personal del orfanato no nos escuchara. La idea era simple: Esa misma noche, cuando todos duerman, nos colaríamos en la cocina. Llenaría la mochila de agua, algunas frutas y comida, y luego un abrigo. Después, Sergio vigilaría que todos estén en sus habitaciones mientras yo robaba las llaves de la puerta principal y escapaba, dejando la llave del lado de afuera. Una vez fuera, Sergio cerraría la puerta desde adentro y volvería a poner la llave en su sitio, para luego volver a dormir.
Entonces esperamos. Las luces no brillaban más, el silencio recorría los pasillos que se veían un poco más lúgubres y aún más largos por la oscuridad que luchaba contra la luz de la luna. Salimos al corredor, y empezamos. Nos separamos, mientras yo juntaba comida, mirando hacia afuera por el gran ventanal, sabiendo que pronto vería esta misma imagen, pero desde el otro lado del vidrio, Sergio vigilaba desde el baño, el único lugar poco sospechoso para permanecer a esa hora. Luego, salí y entré a la oficina, una pequeña habitación con cuadros viejos, una planta alta medio seca y un escritorio tradicional con papeles y algunos cajones. Empecé a revisar en los cajones buscando la llave, cuando escuché pasos en el pasillo. Me quedé quieto, inmóvil, bajo el escritorio. Los pasos se detuvieron justo en la puerta, oí murmullos y el picaporte que giró lentamente hasta que la puerta se entornó. Una mano se asomó, buscando el interruptor de luz. Lo encontró. Mis ojos tardaron unos segundos en acostumbrarse al cambio brusco, y mientras la visión se me aclaraba, escuché la voz de uno de los cuidadores:
- No hace falta que te escondas, sabemos que estás acá y lo que estás buscando. Las llaves las tengo en mi mano en este momento.
Salí lentamente de abajo del escritorio, y vi a uno de los ciudadores con una mueca de entre enojo y desilución en la cara, y al lado, llorando en silencio, como conteniéndose, Sergio, que levantó la mirada con verguenza y me dijo:
- Perdón... no quería que corras peligro allá afuera.
Bajé la mirada, triste, y me dejé llevar por el cuidador. Me sentaron en una habitación, pidiéndome explicaciones de porqué quería escapar. Yo no contestaba. En mi cabeza, se trenzaban imágenes de los intentos fallidos de huir, primero con inocencia, luego a drede, repasaba una y otra vez todo lo vivido, a Sergio, la traición. No podía confiar más en nadie. Y mientras yo pensaba esto, llovian preguntas cada vez más incisivas, a las que yo no prestaba atención. Lo único que llegué a escuchar fue "La habitación ciega" y fue ahí que volví, nervioso, a mirar a los que me interrogaban.
-Este comportamiento no puede repetirse, ni debe pasarse por alto. Vamos a llevarlo a la habitación ciega.
Yo quería reaccionar, pero entre el miedo y la impotencia de no poder correr, sabía que no tenía opción. La traición de Sergio me había dejado débil, tanto física como mentalmente, y sentía que no tenía sentido hacer nada. Uno de los cuidadores me agarró firmemente de una mano y me sacó de la habitación.
Al salir, muchos de mis amigos estaban en el pasillo, porque se habían despertado por el alboroto. Dos cuidadores los mantenían a raya, y Sergio me miraba pasar, aún con lágrimas en los ojos, mientras me llevaban a la habitación ciega.
La habitación ciega era el más temido de los castigos. Sólo vi una vez entrar a alguien allí, y nunca se supo qué había hecho para merecerlo, pero al salir, nunca quiso hablar más con nadie. Se trata de pasar un tiempo indefinido en una habitación que apenas tiene la anchura para sentarse, totalmente a oscuras. Esa habitación queda exactamente en el medio de la casona, y tiene una puerta vieja de madera, de esas gruesas, donde el sonido no entra ni sale.
Y así, ante la vista de todos y sin oponerme, entré a la habitación ciega. La oscuridad total me mareó cuando cerraron la puerta, perdí la orientación en pocos segundos, y lo último que recuerdo de esa noche es el ruido del metal de las llaves oxidadas girando en la cerradura, provocando un leve eco, que al disolverse en el escaso aire de la habitación, dio paso a un silencio sepulcral.
--------------
CONTINUARÁ DE NUEVO!
lunes, 11 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
El Lugar Feliz (Parte I)
Siempre dijeron que podía salir del orfanato cuando cumpliera dieciocho y hacía ya varios años esperaba ese momento. Nunca nos dejaban salir a la calle, aunque cubrían satisfactoriamente todas nuestras necesidades: Cada uno de nosotros hacía distintos tipos de trabajo para mantener tanto el edificio como para ayudar a mejorar la calidad de vida de nuestros compañeros. Entonces, un día tocaba cortar el pasto, otro, cocinar, lavar los platos, barrer, cuidar de los más chicos, etc. La pasábamos muy bien y por suerte nunca nos faltó nada, pero nunca escuché a ninguno preguntar si podía ir a la calle, o si por lo menos podía salir a hacer las compras.
Recibíamos educación dentro del orfanato, en unas aulas muy lindas y bien decoradas, donde varios profesores de distintas disciplinas nos llenaban de saberes con la mejor de las pedagogías y un trato excepcional.
También nos enseñaban a realizar tareas cotidianas y de la casa, para que después podamos desempeñarlas y colaborar, como dije anteriormente, y cada uno podía elegir a su gusto qué actividades extra realizar, entre varias disciplinas deportivas, artísticas y de oficios en las instalaciones del orfanato, que tenía talleres de arte, un gran parque con varias canchas y lugares donde realizar casi cualquier actividad.
Realmente todos estaban muy a gusto, pero desde hace unos años, siempre soñé con conocer a mis padres y esperé a cumplir los dieciocho para poder atravesar la puerta es ir en su búsqueda. Al día siguiente del festejo, armé mi pequeña mochila, acomodé mi espacio, saludé a todos con varios abrazos y un par de lágrimas, y emprendí el camino por el pasillo que daba a la puerta de calle, que por las tardes siempre estaba sin llave. Al poner una mano en el picaporte, el cuidador se acercó a mi con una sonrisa, poniendo su mano contra la puerta, y me preguntó "Así que no estabas bien acá... es una lástima...". Lo miré fijo y le contesté "Es que necesito conocer a mis padres". El cuidador, aún sonriente, abrió la puerta de par en par y me dijo "Bueno, andá. Yo hablé con tus padres y están bien, pero si querés buscarlos, podés ir tranquilo". Abrí los ojos sorprendido y le pregunté si sabía dónde encontrarlos, y me dijo que aún no, pero que querían pasar a visitarlo en unos días, así que era mejor que permanezca allí hasta ese momento. Le dije que quería hablar con ellos, y me dijo que debía buscar el número, me invitó a pasar de nuevo, a volver a mi habitación a esperar un rato a que lo encuentre, así que lo hice.
Sentado en mi cama con una gran sonrisa, me tiré boca arriba y mirando el techo, pensaba en qué lindo iba a ser el reencuentro, después de tantos años, de tantos recuerdos borrosos que tengo de la infancia más tierna. Sin querer, y por el cansancio de la emoción, me quedé dormido.
Me despertaron para la cena y hoy me tocaba lavar los platos, así que comimos en la mesa del comedor, que es una gran habitación con un techo muy alto y un ventanal enorme que da directo a la calle. Recuerdo que siempre nos sentamos a mirar a través del ventanal y jugamos a predecir de qué color iba a ser el próximo auto que pasara por la calle. ¡Nos daba tanta intriga viajar en auto! Nunca habíamos salido de acá...
La cena transcurrió como siempre, y mientras lavaba los platos, le pregunté al cuidador por el número de mis padres. Respondió que era mejor buscarlo al día siguiente, con más luz.
Los siguientes cinco días, fui escuchando diversas razones, motivos o excusas por los cuales el número no aparecía, y decidí abandonar la espera para irme, ahora sí, a buscarlos personalmente. Entonces, volví a guardar todas mis pertenencias y emprendí hacia la puerta. Es vez, extrañamente la puerta estaba cerrada con llave, y no encontré a ninguno de los cuidadores para preguntarles. Al no tener otra forma de salir, y ya un poco irritado, me fui a dormir.
Al día siguiente, encaré a uno de los cuidadores, "Me quiero ir", dije firmemente, y él expuso una serie de explicaciones-excusas para no me fuera, a lo que yo respondí "Me quiero ir", y haciéndome preguntas que trataban de confundirme y de tratarme como si estuviera menos preciando el lugar, ya un poco nervioso, puso su mano en mi hombro y me dijo "lo siento". Dio media vuelta y se fue, dándome la espalda, dejándome paralizado.
---------------
CONTINUARÁ... (muejeje)
domingo, 3 de marzo de 2013
La Hora Mágica
Nos delizamos en la hora mágica como la espuma en la cuesta de una ola, esperando tocar la orilla. ¡Claro! Las olas nacen cuando el mar avisa que va a llegar a la costa, ¿De qué otra forma entonces podría llegar a causar semejante alboroto?. En altamar no hay olas, sólo sinuosidades que mecen las burbujas de aire que se escapa de las píedras que habitan en el fondo, esas criaturas milenarias e inmóviles que no sangran ni lloran. Por eso, en la hora mágica pensé en las piedras. Si bien estaba herido, no podía sangrar, no podía permitírmelo y debía dejarme llevar por la luz anaranjada, hasta que la calma se interrumpa de golpe ante el aviso desesperado de la pronta colisión con la playa, en una ligera explosión de iodo y arena que acabaría con todo, con todo, menos con los minutos restantes de la hora mágica.
martes, 26 de febrero de 2013
Las Notas
Cuando nos enfrentamos al terror de tener que incorporar conocimiento de una materia específica para una fecha acordada (de prepo) por una persona al servicio de la enseñanza, odiamos a los creadores de Matrix por graficarnos una máquina a la que podríamos conectarnos y aprender Kung Fu en cinco segundos la cual todavía no se ha inventado. Odiamos también, el hecho de que por más que el examen haya sido avisado con más de una semana de anticipación, no es sino antes de los últimos dos días que nuestro cerebro logra entender lo que está sucediendo y nuestra situación académica frente al exámen, la asignatura y nuestro mismísimo futuro.
Luego de fundir neuronas, quemar pestañas, abusar de nuestra masa encefálica, irritar nuestros ojos e inundar nuestros cuerpos con energizantes, viene la experiencia, que quizá merezca un texto aparte, pero no es ella la que nos importa esta vez, sino más bien el resultado de nuestras sonatas más hermosas que el profesor traduce en una nota numérica, que más allá de que nos hayamos roto nuestro querido trasero estudiando, siempre tenemos nervios de recibir.
(Vale aclarar que aprobamos con cuatro)
Es así como podemos traducir las notas en un exámen escrito:
Si te sacaste...
...un 0, el profesor se dio cuenta que eras vos el que ponía material fecal en la birome que él se llevaba a la boca.
...un 1, por lo menos no es un ausente. Igual la pasaste bien escabiando toda la semana, no te preocupa.
...un 2, es que pusiste tu nombre, la fecha, y dibujaste un hermoso sol que representa al clima actual.
...un 3, es que te tomó lo que dijiste "esto no lo va a tomar".
...un 4, es ahí... estudiaste para un seis, pero no pudo ser.
...un 5, es "estabas ahi, pero dijiste algo que sorprendio al profesor".
...un 6, es "estabas ahi, pero hiciste reir al prefesor dos o tres veces con tus respuestas".
...un 7, estaba para un 6, pero le caés bien al profesor.
...un 8, todas las respuestas estaban bien, pero tenías muchas faltas graves de ortografía.
...un 9, te merecías un 10, pero el profesor te odia.
...un 10, seguro es un error del profesor.
Mientras que en un exámen oral, pasa lo siguiente:
Si te sacaste...
...un 0, es prácticamente que pasaste a decir "no estudié, puto!".
...un 1, idem el punto anterior, pero sin el "puto".
...un 2, trataste de decir algo, pero las "lagunas mentales" te jugaron una mala pasada. (Supuestamente estudiaste... SUPUESTAMENTE).
...un 3, la remaste, la remaste hasta que dijiste una burrada que no pudiste remontar en la primera pregunta, y el profesor gritó NEEEEXT.
...un 4, mechaste dentro de la exposición algunos temas de la vida cotidiana y le contaste al profesor de cómo el gato de la vecina usa de baño tu jardín (porque sabés que al profesor le pasaba lo mismo y generaste empatía).
...un 5, es que lo que dijiste lo dijiste bien... pero usando monosílabos.
...un 6, lo que el profesor preguntó, lo sabías, pero empezaste a tartamudear y a babear tanto que decidió conformarte con un seis y ahorrarte el ridículo.
...un 7, estudiaste un día antes y funcionó. Vamos todavía!
...un 8, estudiaste dos días antes, así cualquiera!
...un 9, hablaste sin parar, contestaste todo y mucho más de lo que te preguntaban, pero por egocéntrico te bajaron un punto.
...un 10, te tomaron último y la clase terminó hace diez minutos, estás sólo en el aula con el profesor, te hace tres preguntas y las contestaste cortitas y al pie.
Corta la bocha.
Y es así como nuestro futuro se va forjando, a raíz de las calificaciones que vuelcan nuestros docentes según nuestro desempeño áulico.
jueves, 14 de febrero de 2013
El Día de los No Enamorados
Llega febrero y el calor está entre dar su mejor golpe e irse para siempre, como en un amague constante que muchas veces nos despierta con unos cuarenta grados y nos acuesta con diez. Quizás sea esta diferencia de temperatura, o quizás sea el calor mismo, lo que nos hace mirar con ojitos de corazón a nuestras amadas (o amados, en caso de las mujeres, o cualquiera de las posibles combinaciones, dada la sociedad moderna y la sexualidad abierta que nos rodea en estos tiempos) y preparar alguna sorpresa y unos tantos elogios para el ser que elegimos como acompañante.
Es así que el catorce de febrero hacemos algo inolvidable, ponemos velas, compramos osos de peluche gigantes, regalamos flores, bombones y caramelos, y sin embargo, el resto del año seguimos siendo los mismos fríos y predecibles de siempre.
Es que sorprender a alguien en San Valentín, es totalmente predecible, pero la gente no se anima a sorprender a su pareja con la neutralidad de un día común. Quizás es por miedo, quizás por verguenza, pero a mi parecer, no es lindo que nos demuestren cariño una vez al año, y es más arriesgado darle una sorpresa un día cualquiera, por ejemplo, un 25 de marzo, regalandole bombones y flores o invitando a cenar.
Otra opción conveniente también, es la de dividir todo el amor despilfarrado en ese sólo día, y darle más sorpresas anuales a la persona que queremos.
Acordate, si te regala muchas cosas por el día de San Valentín, no está enamorado y seguro que te va a dejar! Mientras más velas ponga en la mesa que te prepare, más rápido lo hará!
No sean caraduras! Regalen más amor durante el año!! (Así yo puedo regalar más odio).
Y para todos los que festejan el día del soltero el día anterior, festejen todos los días si tienen huevos eee!!! (?)
Como siempre desde acá, repartiendo la mejor onda posible (que en este caso es muy poca).
Chau.
viernes, 8 de febrero de 2013
La Última Explosión
Se manejaba en el espacio tan libre, era como si respirara, como si en verdad lo necesitara, pero sabía que respirar no era vital, ya que su cuerpo había quedado atrás hacía rato. Todo su peso había desaparecido, por eso ascendía sin control, a merced del aire que ahora lo acunaba, como en una melodía adormecedora. Había logrado cumplir el primero de sus objetivos, pero el camino aún era largo, por lo que entrecerraba sus ojos y se dejaba llevar por la brisa, que cada vez más fría, lo tiraba hacia un espacio más y más oscuro. El hielo empezaba a petrificarlo, a devolverle su peso, pero ya no era el mismo. No podía moverse con la libertad con la que lo hacía en la tierra, y sin embargo, sabía que eso era lo que iba a pasar. Tenía todo calculado. Incluso, mentalmente, contaba los segundos del ascenso para tener una idea de cuándo iba a descongelarse y a liberarse de nuevo.
El sol no estaba lejos, pero de todos modos, él no tenía apuro. Convertido en un bloque helado, sonreía sin distraerse de la cuenta, hasta que los rayos del sol comenzaron a derretir las primeras gotas, para luego de un momento, volver a liberarlo, y él, entonces, en línea recta, mirando fijamente la bola de fuego, empezó a reir cínicamente a carcajadas que rebotaban en todos los planetas, hasta que empezó a gritar, y sus gritos rompieron varias lunas, que se convirtieron en asteroides errantes. Algunas estrellas se apagaron a lo lejos, y cuando por fin hizo impacto en el sol, produjo un estallido nuclear que destruyó todo lo conocido, y como un nuevo big bang, creó un universo nuevo, una realidad paralela que ya no lo necesitaba. Por eso mismo, decidió, por voluntad propia, dejar de existir inmerso en la explosión. Y aprovechando el impulso, volvió a separarse en millones de átomos, que individualmente continuaron subiendo y subiendo, quizás en busca de otros soles. O tal vez en busca de una reconstrucción, en una realidad donde pueda existir sin la necesidad de explotar de nuevo.
El sol no estaba lejos, pero de todos modos, él no tenía apuro. Convertido en un bloque helado, sonreía sin distraerse de la cuenta, hasta que los rayos del sol comenzaron a derretir las primeras gotas, para luego de un momento, volver a liberarlo, y él, entonces, en línea recta, mirando fijamente la bola de fuego, empezó a reir cínicamente a carcajadas que rebotaban en todos los planetas, hasta que empezó a gritar, y sus gritos rompieron varias lunas, que se convirtieron en asteroides errantes. Algunas estrellas se apagaron a lo lejos, y cuando por fin hizo impacto en el sol, produjo un estallido nuclear que destruyó todo lo conocido, y como un nuevo big bang, creó un universo nuevo, una realidad paralela que ya no lo necesitaba. Por eso mismo, decidió, por voluntad propia, dejar de existir inmerso en la explosión. Y aprovechando el impulso, volvió a separarse en millones de átomos, que individualmente continuaron subiendo y subiendo, quizás en busca de otros soles. O tal vez en busca de una reconstrucción, en una realidad donde pueda existir sin la necesidad de explotar de nuevo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
