lunes, 23 de diciembre de 2013

Pregunta Cósmica

¿Por qué nos imaginamos a los años 20 en blanco y negro y los dinosaurios a color?

lunes, 9 de diciembre de 2013

Nudos

Desatar un nudo es como abrir una puerta, como romper una ventana, como rascarse cuando pica, como llorar cuando duele.

Uno desata y desata, y vive desatando cosas para desamarrarse, para zarpar, para volar.

La falta de gravedad afecta a todos y es infinita para los desatados, que suben sin tocar ningún techo.

Y es así como vemos elefantes en la luna, edificios en el cielo y fantasmas en todos los subsuelos.


jueves, 28 de noviembre de 2013

Burocracia

- Hola, buenas tard...
- Si?
- Vengo a hacer el trámite para...
- Un número 45b, claro. Complete estos tres formularios rosa con lapicera azul, el celeste con negra y firme en todas las cruces de la izquierda. No escriba sobre esa línea punteada y no doble las hojas por favor.
- (...) gracias.

[Quince minutos después]

- Acá traigo los...
- Sí, a ver. Mmmhmhfmm... mhhmdmmfmfm... le faltó una firma acá...
- Cierto, listo.
- Perfecto. Aguarde en la sala por favor, lo vamos a estar llamando por el apellido en un tiempo de tres a cuatro semanas.
- TRES A CUA...
- Sí señor, ¿es sordo?
- ¡No puedo pasar ese tiempo acá! ¿Puedo volver en tres...
- ¡No! Porque si el trámite se acelera y lo llamamos, suponga, a la primer semana y usted no está, deberá entonces cancelar el trámite ya iniciado, completando los formularios #456w, #592h y claro, el 342h bis, pero sólo la primer mitad, para después iniciar nuevamente el trámite pero duplicado, por lo que además de completar los que usted ya acaba de, deberá anexar fotocopias de tres autorizaciones firmadas por el director del departamento, que sólo viene los días impares de los meses pares, y está disponible sólo en horas no divisibles por tres, pero sólo después del mediodía.
- Pero tres... cuatro semanas... ¿qué voy a...
- Puede sentarse en una de esas sillas. Cuidado que algunas tienen algunas de sus grampas hacia afuera, ¡no querrá rasgar su ropa!, aunque usted no parezca preocuparse por ella. Puede levantarse cuando lo desee y beber del bidón de agua. No hace falta que traiga su propia botella, hay un vasito, ¡ese!, el de plástico que está sobre el mismo dispenser, es el de uso común para la sala de espera.¡No se precupe! Todos han tomado de ahí, incluyendo el señor viejo que no para de toser. Si él no murió, dudo que a usted le pase algo, ¡Ja ja!. recuerde que no se pueden utilizar el teléfono, ni para mirar la hora. Para eso tenemos el reloj de pared redondo que durante los momentos de silencio suena como una gotera.
- Pero, ¿cómo puede ser que se tarde tanto para...?
- No es algo tan sencillo como depositar un papel en un escritorio, firmarlo y devolverlo. Los formularios que usted completó, con una letra bastante desprolija, si me permite, son dispuestos en esta caja verde que ve detrás de mí. La secretaria del secretario del director pasa a las cuatro a recoger todos los formularios que, como los suyos, yacen ahí esperando. Ella los lee, corrobora, firma y sella debajo de la primer línea punteada, esa donde le taché lo que escribió donde no iba. Luego, llega a manos del secretario del director, quien vuelve a leer todo, sella y firma los papeles nuevamente en el recuadro turquesa y los deja archivados en la caja de pendientes. Antes de llegar a manos del director, la caja es llevada a la junta predireccional donde un jurado de treinta y tres personas evalúan cada caso, y firman y sellan dos veces cada hoja.

Por lo general, la tinta de los sellos suele acabarse al segundo día a eso de las cinco de la tarde, momento en el cual debe pedirse más para poder seguir sellando. Entonces, la recepcionista llama a la secretaria del secretario del director para pedirle que evalúe la posibilidad de pedir una nota para que se confeccione una orden de compra por unos cuantos litros de tinta para sellos. Por cuestiones administrativas no podemos pedir más de tres frasquitos, lo que nos alcanza para otros dos días y medio de trabajo. La orden de compra es analizada y aprobada por el departamento de artículos de oficina, y ellos hacen otra nota pidiendo por favor a la fábrica de tinta que le den de forma fiada un tarrito de tinta, para poder sellar la misma nota que acaban de mandar, por duplicado.

Una vez la tinta fiada es recibida, el departamento de artículos de oficina puede sellar entonces, la nota de pedido de compra de las tintas, que pasa nuevamente a la secretaria del secretario del director, que le pone el gancho correspondiente para que vuelva al departamento de artículos de oficina, donde el empleado de turno revisa el pedido, le asigna un número y envía por fax al director de compras, el cual responde al mismo fax con un 1 si la nota está aprobada o con un 2 si no se puede aprobar. Si el fax escupe el 1, entonces el empleado de turno vuelve a firmar la nota, esta vez debajo de la línea marrón, y envía dos notas al departamento encargado de efectuar la compra: La primer nota es la del pedido de tinta para la oficina, y la segunda es la nota de pago por la tinta fiada.

En el horario de tres a cinco y media, seis menos cuarto, el departamento que se encarga de las compras recibe las notas y las deja reposar en la caja amarilla un día entero, para revisarlas luego, sellarlas con lo que sobre de la tinta fiada y producir el ticket de compra correspondiente a la tinta nueva.

El pedido formal de la compra de la tinta es redactado por el mismísimo director de recursos, pasando por la aprobación, firma y sellado del supervisor de compras, el contador y el controlador de stock. Una vez esa nota -triplicada- ha sido girada a los sectores correspondientes, pasa a manos del cartero, que debe llevar la correspondencia a la sede central del correo, donde sellarán, estampillarán y categorizarán la nota -transformada en carta- para su posterior envío certificado a la fábrica de tinta para sellos.

Ellos recibirán el pedido en aproximadamente seis días, y tardarán otros tantos en producir la tinta solicitada, ya que su política no les permite generar excedentes que no vienen por nota en la fabricación de tinta.

Una vez la tinta está embalada, lista para enviar, ellos dirigen una nota firmada por el Comité Nacional de Tintas (CNT) a nuestros directivos, para preguntarles si desean que les envíen el pedido. La nota-carta hace el camino inverso, es recibida por la secretaria del secretario del director, que para agilizar el trámite está autorizada a responder, ¡sino tardaríamos un montón! ¡Imagínese!.

Ella responde la nota nuevamente haciéndola cara por correo, y la fábrica de tintas le responde con un fax que, entre formalidades, dice "la tinta ya está en camino".

La tinta suele llegar en un camioncito bordó, que maneja el tipo este de bigotes... ¡nunca me acuerdo el nombre! Y viene con su talonario 36y, yo lo firmo como "visto, a comprobar", no quiero quedar pegada si hay algún error en el pedido. Entonces el departamento que se encarga de las compras revisa que la tinta sea la adecuada, y efectúa el pago.

La tinta es suministrada los jueves por el personal de mantenimiento y llega al comité de las treinta y tres personas usualmente por la mañana, un rato antes de que ellos vuelvan a ingresar. Ahí vuelven a releer todos los formularios, y firman aquellos que no habían firmado. Los devuelven aprobados -esperemos- al secretario del director, que esperará a que el Señor Director se desocupe para dejarle en su buzón todos los formularios firmados y sellados. Una vez que él lo disponga, los releerá, firmará y sellará con tinta fiada, puesto que la anterior la han vuelto a consumir los treinta y tres. Igualmente ya hay una nota-carta en camino a la fábrica de tintas, para ahorrar tiempo.

Las notas firmadas y selladas vuelven a esta otra caja que tengo a mi derecha, la azul mar calmo, esa, sí. Pero esta vez deben ser transportadas por un personal de maestranza, puesto que el peso de la tinta hace imposible transportarlas sin una carretilla.

Una vez que las notas vuelvan, yo las ordenaré alfabéticamente e iré llamando a cada titular para que las retire, firme y selle, para que pueda efectuar el pago. Con el ticket correspondiente abrochado del lado superior izquierdo, ahí mismo podré darle la firma y el sello final que le permitirá empezar el trámite.

Este último sello, también con tinta fiada, porque estamos un poco cortos de tinta, ¡No somos calamares! ¡No somos!, Sabrá usted comprender. Por favor, ahora siéntese que tengo mucho trabajo.

- ...

[De tres a cuatro semanas después]

- ¡USTED! ¡DESPIERTE!
- Si? Qué...
- Ya están sus formularios... firme acá, acá, sello, pague y tráigame el ticket, pero mañana... perdón, el martes, porque ya cerramos y el lunes es feriado. Llévese este folletito con las instrucciones.

Me quedé de pie, parado, alternando mi vista entre los ojos de la secretaria, los formularios y el folleto, que muy chiquito, abajo, decía "PAGUE POR PAGOELECTRÓNICO. ¿Sabía usted que utilizamos un 60% más del papel necesario? ¡Cuidemos el planeta!".

martes, 19 de noviembre de 2013

Desenlace de las Tormentas

Los cúmulus nimbus avisan a los cirros entre estocadas de sol que la retirada ha comenzado. Como un vidrio al romperse con violencia, los algodones se ven a merced del viento, quien acarrea en varias direcciones mientras el rey dorado va ocupando nuevamente su trono allá, en la cima de todo, desde donde la Tierra parece una pelota de tenis y plutón ni se ve.

Usted puede entonces suspirar, respirar, frotarse los ojos, u otra acción que le de la gana. Trate de no parecer sobreexcitado, puesto que a vista de los demás ha soportado el cataclismo con estilo y calma y un sobrefestejo dará indicio de lo que le ha costado realmente. Llévese ese secreto a la tumba.

Mídase, verá que ahora es usted casi un centímetro más alto, aunque seguro estará pesando unos kilos menos de lo que cualquier nutricionista matriculado le recomendará. No se preocupe, el peso va y viene.

Las nubes han desaparecido ya casi por completo y la luz vuelve a reinar el cielo. Sentirá que la piel se la va quemando y los ojos no soportan el brillo. Eso, es porque usted ahora es una tormenta y ha incorporado algo de su oscuridad en su organismo. Por lo general estos efectos duran años y es posible que viva para siempre con ellos. Acostúmbrese.

Ahora decida. Puede usted quedarse inmóvil al sol, seguir por el camino que transitaba al comenzar la catástrofe o comenzar uno nuevo. Incluso puede cerrar los ojos y correr aleatoriamente hacia un rumbo nuevo.

Sea cual usted se decida por, otras tormentas vendrán a buscarlo, pues al ser usted mismo una tormenta tiene la capacidad aumentada para atraerlas, pero no debe preocuparse por nada, puesto que es totalmente inevitable, y ya hablamos de lo inevitable, ¿no?.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Nudo de las Tormentas

A esta altura, debe estar usted sumergido en gruñidos húmedos, en efímeros vientos, rozado por inofensivas cataratas y luchando con monstruos invisibles. ¡Felicidades! Usted se ha convertido en parte de la tempestad. Ella lo ha tomado y asimilado como un malvón absorbe el agua que se filtra por la tierra donde crece.

Para manejarse con cierta comodidad durante el desarrollo a veces impredecible de los acontecimientos (recordemos que el 95% de las tormentas son totalmente ciclotímicas), recomendamos observar bien alrededor y no cometer estupideces. Una de ellas sería temerle a los mortales rayos cargados de electricidad y luminiscencia que en cualquier momento podrían caer sobre usted y reducirlo a un polvo similar al que deja un sahumerio consumido. El cataclismo podría, aleatoriamente, decidir arrojarle uno en cualquier momento y usted no podría detenerlo ni hacer nada al respecto. No debe preocuparse por lo inevitable, pues es inevitable.

Procure sí, esquivar pozos inesperados, depositando su atención en el camino manteniendo la postura erguida y firme. No sirve de nada la gelatina.

Podría también tararear o silbar las melodías que le resulten más exquisitas, preocupándose claro por no desafinar para no involucrar un problema más entre usted y la tormenta.

Recuerde que mientras más fuerte sea el sonido de los rugidos, más inmerso se encontrará, y a mayor inmersión más velocidad tendrá su escape. Sí, así de simple.

Cuente también los segundos de calma entre un trueno y un rayo, ya que esta relación dará pistas útiles para establecer su proximidade, dirección e intensidad con respecto a la tempestad.

Mantenga su movimiento, no se detenga.

Todo lo que creyó o le han enseñado acerca del uso del paraguas, olvídelo, no sirve. Imagine delegando la tarea de protección ante un acontecimiento de esta magnitud a un simple tejido alambrado. Suena ilógico. Bueno... ¡Lo es!

jueves, 14 de noviembre de 2013

Introducción a las Tormentas

Si ve usted en el horizonte próximo acumulaciones esponjosas color gris viento, generalmente precedidas por una leve disminución de la temperatura, está adentrándose en una dimensión lluviosa y agresiva. No piense siquiera en retroceder, puesto que la tormenta ya se ha fijado y si trata de huir sólo lograría enfurecerla más. No le de el gusto.

Prosiga en línea recta, en lo posible aumentando la velocidad para por lo menos, intentar amedrentarla.

No piense, no se preocupe. La calma será su aliada, recuerde siempre dónde la ha dejado y procure no perderla.

Avance con los ojos clavados en la tempestad, como enfocándose en sus pupilas, la frente segura y déjese acariciar por las brisas que se vuelven vientos, y los vientos que se vuelven... vientos aún más fuertes.

Seguramente a esta altura usted estará colisionando con la tormenta de un momento a otro en distancia imposible de medir. No malgaste su tiempo en conseguir refugio, no lo encontrará.

Delíguese, primero mental y luego físicamente, de sus pertenencias: Reloj, celular, corbata, camisa, anteojos, sombrero y prepárese para el impacto.

Las primeras gotas caen como bombas inofensivas a simple vista, pero pueden provocarle un leve resfrío en unas horas. No se confíe. No confíe.

Siendo dos fuerzas opuestas, cuando el choque se produzca debe usted ser tan intenso como el fenómeno mismo al que se enfrenta. Si en algún momento se siente superado, cierre los ojos y disfrute sus últimos minutos con los átomos en su lugar. Si en cambio está usted superando a la tormenta, baje los decibeles hasta alcanzar su fuerza exacta. No tiene sentido enfrentarse a un enemigo más débil que uno.

Al escuchar su rugido, apriete sus puños con fuerza, y si es necesario grite con la garganta hasta que se rompa. Quédese afónico.

La colisión es inminente.

domingo, 20 de octubre de 2013

Solo

Hubo una vez un artista excelente, destacado en pintura, literatura y música. Sus padres murieron cuando él era muy joven, por lo que siendo hijo único, siempre vivió y se crió solo. Creció en su pequeña casa, en medio de una montaña, lejos de cualquier pueblo, y se acostumbró a su soledad.

De sus padres heredó una gran colección de pinturas, varios instrumentos musicales que habían pasado de generación en generación y una pluma dorada que era de su abuelo.

Solo, aprendió a tocar la guitarra, el piano y la mandolina. Creaba melodías impecables con armonías exquisitas, que causaban envidia a cualquier pájaro cantor, que automáticamente olvidaba su canto al escuchar las composiciones del artista.

Solo, fue dibujando en el lienzo todo lo que veía alrededor, captando detalles minúsculos y avergonzando a la realidad.

Solo, escribió los versos más tristes, las comedias más hilarantes y los dramas más apasionantes que jamás se hayan escrito.

Nunca nadie lo visitaba, nunca nadie lo llamaba. Él tampoco visitaba ni llamaba a nadie, y sólo, vivió muchísimos años componiendo, pintando y escribiendo magníficas obras.

A los noventa y tres años, sentado en una silla mecedora en la puerta de su casa, en medio de la montaña, lejos de cualquier pueblo, cerró sus ojos para siempre, dejando la colección de pinturas, música y letras más increíble que alguien pudiera imaginar.

Lamentablemente nadie pudo verlas, escucharlas o leerlas jamás. Nadie supo de su existencia, porque vivió siempre solo.

martes, 15 de octubre de 2013

La Encapsulación del Tiempo

Para comenzar este texto, debo admitir que realmente no se si existe el término "encapsulación", y si bien aparece en Google varias veces, sabemos que esto no es una fuente confiable de la cual la RAE estaría orgullosa, pero como sabemos que Arjona puede inventar palabras como "Camuflajeado" y perpetuarlas en un disco, yo puedo tranquilamente decir "encapsulación" y está todo bien.

Ahora, ¿Qué es lo que busco definir con la "encapsulación" del tiempo?

El tiempo es un fenómeno normalmente imposible de controlar, y nuestra percepción lo acelera o ralentiza dependiendo el contexto y la actividad que estuviéramos realizando en cada caso. Es posible entonces, que pasemos una hora jugando videojuegos y una hora trabajando, pero la de los videojuegos parezca haber acontecido en un lapso mucho más corto que la hora laboral. Esto es porque nos mantenemos, de una forma u otra, ocupados, realizando la tarea pertinente a cada caso, y desviamos la atención del reloj hacia lo que sea que nos encontremos haciendo.

De esta forma, pasan horas, días, y no podemos pensar ni hacer uso de nuestra introspección de forma correcta, ya que siempre nuestro foco está situado en el exterior, y pocas veces nos permitimos mirar hacia adentro.

Rompiendo con estas situaciones, existen pequeños -o a veces más largos- períodos donde el tiempo se detiene, y no podemos hacer nada para controlar su percepción. Se encapsula y deja de lado toda responsabilidad que podemos llegar a tener para con él, siendo un tiempo muerto (entre comillas) donde si bien no podemos hacer nada concreto, es el momento de sumergirnos en un pensamiento, un diálogo con nosotros mismos, una lectura profunda, o simplemente para relfexionar tratando de llevar la mente al punto más blanco posible.

Estas situaciones, entre otras, podrían ser: Viajes en colectivo (tren / avión), una caminata con un destino específico, esperas en consultorios, horarios de almuerzo, etcétera. Es decir, son momentos en los que no tenemos control preciso sobre nuestras acciones, y simplemente debemos limitarnos a esperar (sentados o de pie, muchas veces sin poder elegir) cierta cantidad de tiempo para continuar con nuestras vidas, llenas de tareas.

Es entonces, que en un simple viaje en colectivo de quince minutos, uno puede apoyar la cabeza en el respaldo, cerrar los ojos y pensar en qué comerá a la noche, en cuántas cervezas debe comprar para el fin de semana, en cómo le fue en el parcial de ayer, o bien aún, podría introducirse más en sí mismo y reflexionar acerca de su trabajo, de sus actividades, de sus próximos movimientos o replantearse conceptos que en otro momento le sería imposible por depositar nuestra atención en tareas (indispensables o no) que no dejan correr el pensamiento de esa manera.

Son pequeños momentos, normalmente cotidianos, que nos ayudan a descomprimir la mente y nos liberan de toda responsabilidad: Una vez que nos subimos al colectivo, llegar a tiempo no depende de nuestras acciones, y esto puede llegar a relajarnos de tal forma en que la mente se va por las ramas, y nos deja imágenes, colores y sonidos que de otra forma jamás podríamos ver.

Solo basta distenderse, mirar alrededor y fluir, junto con lo que en ese momento nos rodea.

jueves, 10 de octubre de 2013

Cuando tu Única Acción Posible es Correr

La mirada se afina como una aguja, mientras que las cejas se fruncen. Los puños apretados dan lugar a las primeras zancadas, siempre precedidas por una a mayor velocidad.

El pasillo es tan angosto que ante algunos descuidos leves, su hombro se raspa con la pared. Línea recta interminable.

Atrás, gritos.

La mirada al frente con la cabeza levemente inclinada hacia adelante, los oídos atentos a los ecos que retumbaban en el musgo del techo.

¿Detenerse? ¿Parar?

Los pies gastados, corroídos, la vista fija, la mente nublada. Los ladrillos que retroceden a su pasar. Los pies insistiendo una y otra vez contra el suelo, transpirando, temblando.

Siempre.

martes, 24 de septiembre de 2013

Terco

Un hombre que acababa de salir del trabajo, se encontraba caminando por la calle, cuando al doblar una esquina se topó con la muerte. Frenó frente a ella, que estaba inmóvil frente a él.
- Vamos, es hora de irnos - dijo la muerte extendiendo la mano.
- ¿Pero cómo? - se sorprendió el hombre - ¡Aún no es mi momento!.
- Sí que lo es, andando.
- Es imposible. Me acabo de hacer un chequeo médico completo hace unos días, tengo el corazón en perfectas condiciones, ninguna enfermedad, ni alergia, ni genes defectuosos. Tampoco tengo posibilidades de sufrir una muerte súbita, ni ACV ni nada espontáneo. Me cuido en las comidas, no tengo ningún exceso, hago la cantidad justa de ejercicio, además...
- Vamos. - Dijo la muerte, interrumpiendo.
- Pero miro siempre antes de cruzar la calle, hago mantenimiento a todo lo de mi casa, nada puede salirse de su lugar, ni golpearme, ni caerse sobre mi.
- No tengo todo el día, camina por favor.
- Es que no existe razón alguna por la que tenga que acompañarte, como ya te expliqué.

La muerte se quedó un segundo mirándolo, sin hablar. El hombre se veía seguro, decidido, creyendo en sus pocas palabras, incluso contenía una sonrisa que amenazaba con mostrarse en su rostro.

Pasaron unos segundos, la muerte seguía inmóvil. El hombre, también. Hasta que en un momento, la muerte levantó su mano, y su dedo índice logró tocar el brazo del hombre. Este cayó al piso, inerte. Y así, agarrándolo de uno de sus tobillos, la muerte arrastró al hombre al otro mundo.

martes, 17 de septiembre de 2013

Suspenso en Puntos

En su lucha por aumentar la expresividad del lenguaje escrito, el hombre ha creado bastos signos de puntuación que ayudan al lector a captar de la forma más exacta  posible la intención del escrito y así, alimentar un poco más su imaginación a la hora de recorrer con sus ojos las letras.

De esta forma, se encontró la manera de generar suspenso en las oraciones, tan sólo uniendo tres puntos. No es lo mismo decir "Entonces, la chica abrió la puerta y  apareció el monstruo" que decir "Entonces... la chica abrió la puerta... y aparecio el monstruo". (No se ustedes, pero yo me cagué todo cuando leí la segunda opción).  Las comas no entienden nada de suspenso.

Estos tres puntos no son seguidos ni aparte ni finales. Son suspensivos, porque es como que la dejan picando, y mientras las pupilas del lector recorren cada uno de  estos puntos, genera una pausa de milésimas de segundo que es el equivalente a que en el mundo real uno abra la puerta y no se espere al monstruo detrás de ella,  entonces, ¡claro! Nos asustamos terriblemente al leer lo que está detrás de esos puntos. Obviamente, se pueden exagerar los suspensos y armar algo como "Entonces... la  chica abrió la puerta... y... apareció... el monstruo", ahí nos mantiene con el culo en las manos hasta que develamos la terrible aparición del monstruo.

Un buen acompañamiento para los puntos suspensivos, son los signos de exclamación, y podemos utilizarlos para generar una especie de grito que hace que saltemos de la  silla al leerlo, por ejemplo (OJO, NO SE ASUSTEN, ¡PUEDE SER MUY FUERTE!): ""Entonces... la chica abrió la puerta... y... apareció... ¡el monstruo!". Y ahí sí nos  pegamos un julepe de aquellos, nos volvemos pálidos y se nos acaba el aire. ¡Pero no es el monstruo lo que nos asusta entonces! ¡Son los malditos puntos suspensivos!.  Se que seguramente, al leer este último ejemplo, muchos se habrán imaginado la típica escena de película estadounidense donde en un campamento alguien cuenta una  historia de terror con una linterna alumbrándolo desde el mentón hacia arriba. Y así deben ser leidas las frases como esta.

Pero como todo en la vida, nos acostumbramos a usar los recursos para cosas que no son, y muchas veces lo hacemos sin darnos cuenta de que somos los ÚNICOS que  entendemos el sentido que queremos darle a las cosas. Es así, que muchos pueden causar una confusión un tanto incómoda, pervirtiendo los puntos suspensivos para  generar ya no suspenso, sino algo que no se puede decir, pero que supuestamente se encuentra implícito en la frase y saca a la luz nuestras intenciones. Por ejemplo,  en una típica conversación de chat entre un chico y una chica, el chico podría decir, confusamente:

- Te invito a casa a ver una peli y...
- ¿Y qué?
- Y... nada...
- ¿Nada?
- No... bueno... sí...
- ¿Sí o no?
- Bueno, ¡sí!
- ¿Vemos la peli entonces?
- Claro, pero después podemos...
- ¿Qué?
- ¡TE QUIERO DAR!
- Ahh, ¡Pero ni en pedo, pelotudo!

Entonces uno se pregunta, ¿por qué tanto suspenso si al final sabías que te iba a decir que no?. Ella quizás sabía sus intenciones y quería confirmarlas, o simplemente  de la mano de su inocencia preguntaba porque pensaba que el chico no tenía las palabras para decir "y compramos pochoclos".

De todos modos, los puntos suspensivos son muy importantes, aunque a veces se utilicen (de nuevo, en conversaciones por chat) de forma inútil, como por ejemplo "Hoy  voy a tu casa...". En este caso, los puntos suspensivos no tienen una función concreta, más que la de suavizar el comentario que con un punto final hubiera sido muy  chocante, y sin punto, muy abierto. Tal es el caso de otro tipo de frases que al colocarle puntos suspensivos pueden alivianar la carga semántica de la frase  haciéndola más llevadera. Leamos estos dos ejemplos:

// CASO 01
- Che, ayer me acosté con tu novia.
- ¡Sos un hijo de puta!

// CASO 02
- Che... ayer me acosté con tu novia...
- ¡Es una hija de puta!

Vemos claramente que gracias a los puntos suspensivos, no sólo podemos zafar de una golpiza y de perder una amistad, sino que también le damos su merecido a la novia   infiel de nuestro amigo, ya que es mejor que haya estado con un conocido a estar con cualquiera.

De esta forma, vemos la importancia de este recurso, y que utilizándolo bien, podremos sacar provecho y hasta me animo a decir que mejoraría nuestra calidad de vida.  Imaginen una vida sin suspenso. ¿Qué sería de películas como La Llamada o Actividad Paranormal? Bueno, todo el suspenso de esas películas se puede resumir en tres  pequeños puntitos, que además, como vimos, pueden dar lugar a perversiones, especulaciones e incluso a tirar comentarios pervertidos y luego arreglarlos, volviendo a  un ejemplo anterior:

- Te invito a casa a ver una peli y...
- ¿Y qué?
- Y... nada...
- ¿Nada? Mirá que no quiero nada con vos...
- Yo decía de ir a comprar pochoclos...
- Ah...

De esta forma generamos incomodidad en la otra persona, haciendo de cuenta que fue ella quien tuvo la idea perversa y no nosotros, que salimos limpios una vez más de  otro embrollo, gracias a los puntos suspensivos.

Otro gran uso que puede hacerse de estos puntos, es el de dar la sensación de continuidad cuando un texto termina, para que se de a entender que en algún momento va a  seguir, aunque no sea así...

viernes, 6 de septiembre de 2013

Septiembre

Tras los tormentosos episodios, Septiembre venía inamovible, como la roca fundamental de una montaña. Voraces tormentas de arena nos dañaban los ojos, pero utilizando como escudo los más finos pañuelos de seda nos preocupamos por seguir adelante, mas adelante no existía, por lo que creábamos el mundo a cada paso.

Cada paso era un nuevo horizonte, que lográbamos distinguir cientos de pasos más adelante, mirando por el camino recorrido.

La tormenta parecía ceder. Los párpados pudieron despegarse al fin, dando lugar a que las pupilas degusten el nuevo entorno que los pasos habían creado.
Este septiembre sería diferente. Un nuevo paraíso ante sus ojos los esperaba. Pero, como siempre, lo peor estaba por llegar.

sábado, 24 de agosto de 2013

EL CAOS QUE DA LUGAR AL TODO

Dicen que venimos de una explosión originadora, que combinada con el tiempo supo ser madre de todo lo que hoy conocemos. Podemos suponer que cualquier explosión entonces, puede ser creadora de mundos de universos tan pequeños como imposibles de imaginar. ¡Qué lindo saber que cada vez que prendo un fósforo, después de millones de años, habrá pequeños nuevos universos!

jueves, 15 de agosto de 2013

Horror Frutal

Una manzana cae de un árbol, y se disuelve tras semanas en partículas que alimentan al suelo, donde seguramente las manzanas proliferarán. Al crecer, las manzanas, van consumiendo los restos de la primer manzana que cayó, con la que a su vez se alimentaron previamente sus semillas. Las manzanas crecen nuevamente, en varios árboles que se han levantado, hijos de la manzana primera que cayó y se disolvió, que se transformó en su alimento.

Incesto-canibalismo frutal precedido de patricidio.

lunes, 29 de julio de 2013

La Inmortalidad De Las Voces

Con el hilo de nuestra conversación, voy a remontar un barrilete. Y va a volar tan alto que se va a trabar entre las ramas de un árbol. Pero no importa, porque seguro cerca habrá algún pájaro que cante lo que decíamos, y esas notas en el aire van a recorrer algunos metros, hasta llegar a los cables de teléfono, donde nuestras voces se transmitirán a miles de líneas, que se transformarán en otras voces que repetirán las nuestras, de boca en boca, hasta que alguien se anime a escribirlas. Y ahí, petrificados en tinta, seremos inmortales.

lunes, 22 de julio de 2013

La Autodenominación de la Locura

Hay gente muy particular que se jacta de tener desequilibrio mental, y le encanta presumirlo, asumiendo su propia locura y estando feliz por ello. Nos encontramos con personas que dicen cosas como "¡Claro! Se me estaba escapando el colectivo y lo corrí media cuadra, viste como soy yo, que no me importa nada porque tengo problemitas" y uno se queda pensando si correr un colectivo realmente es cosa de locos, o es de locos autodenominarse loco por esa pequeña hazaña que a nadie le importa y no tuvo trascendencia alguna en
la vida ni del que la cuenta ni de sus allegados.

Otro caso puede ser el que se da por lo general en chicas de 15 a 19 años (aproximadamente, hay casos de hombres e incluso de más de 25 años) que suben una foto a Facebook con su mejor amigo/a y le asignan la inscripción "Gracias por aguantar todas mis locuras".

Cuando uno indaga un poco más en las denominadas "locuras" pueden surgir anécdotas como "Una vez comí un paquete entero de galletitas de agua y le llené de migas la alfombra" o "aquella vez que me pidió una lapicera azul y le di una negra" porque es así, re loco y vive al límite.

A veces no puedo comprender la obsesión de las personas por creerse a sí mismos locos. Quizás es porque dicen que los locos son unos genios, o que los genios están todos locos, pero creerse loco es lo más alejado a la locura, ya que un verdadero insano (traduciendo literalmente desde el inglés) no puede decir que lo es, porque cree su mundo como natural, y si para él es un elefante en un cuerpo de hombre, es porque realmente lo cree así, y lo siente de esa manera.

Por esto mismo, cada vez que alguien se etiqueta como loco a sí mismo, surgen las inconmensurables (gracias Alfredo Casero por esta palabra) ganas de revolearle una sartén en la cabeza, llena de aceite hirviendo claro está.

Estar loco es un privilegio que pocos poseen y no sólo un privilegio, sino que es un don que se les da a algunos para que puedan explotar y cumplir sus sueños sin restricciones, pero lo más importante es mantener la locura sin necesidad de creerla, porque cuando uno entra en consciencia de su locura, deja automáticamente de esta loco, y es lo que, en este caso, me interesa que los pelotudos que se hacen los locos comprendan. (Así, con toda la violencia).

Si realmente creés que estás loco, y estás totalmente convencido de ello, probablemente es porque sos demasiado cuerdo.

¡Salud!

(Hasta el próximo ataque de sinceridad).

lunes, 15 de julio de 2013

Verse

La historia de Armando Buenavista, es un tanto singular. Armando, nacido en la década de los ochenta, sufrió siempre un extraño trastorno que nadie pudo explicar jamás: Ni los médicos mejor formados, ni los físicos más intrépidos, ni las tarotistas más acertadas han podido esclarecer el fenómeno que esconde en su persona: Es incapaz de ver su propio rostro.

Este extraño trastorno produce que su cara no se refleje en espejos, vidrios ni en superficies metálicas, ni siquiera salir en fotos o filmaciones, por lo que Armando no puede reconocerse a sí mismo, ni reproducir su cara en ningún medio.

Sobrepasó la escuela, al principio tratando de ocultar su problema, pero cuando las maestras le pedían que dibujara a su familia, él era incapaz de dibujarse a sí mismo. Por esto, lo enviaron a un psiquiatra que le diagnosticó por dos años pastillas antidepresivas, que lo llevaron lentamente a la adicción antes de los once años, cuando por fin decidió confesar su problema a sus amigos y maestros, quienes empezaron a hacerle chistes como "Buenavista... ¡no tan buena eh!" y cosas por el estilo, por lo que entró nuevamente en un
cuadro depresivo que duró hasta los diecisiete años, cuando empezó a simpaticar oficialmente por el rock.

Su fanatismo por el rock, lo llevó a otro tipo de problemas, principalmente, el no poder probar que había asistido a los recitales, por no poder sacarse fotos. Fue entonces cuando, a la edad de veintidós años, a la salida de un recital de ACDC, logró sacarse una foto con Angus Young, pero no pudo mostrársela a nadie, ya que no se distinguía su cara en la foto, y no la podía presumir en Internet con sus amigos. ¿De qué sirve una foto rockera si no puedo echársela en cara a nadie? Se dijo, y esa fue la gota que rebalsó el vaso.

Armando comenzó a pensar de qué forma podía verse, y contrató a un pintor para que lo retrate, pero cada vez que el pincel cerraba una forma, por alguna extraña razón la pintura se deslizaba, impidiendo al artista concluir su obra.

Una noche, estaba en su casa comiendo pochoclos en pleno programa policial, de esos que muestran asesinatos horribles, se enteró que existen dibujantes que trabajan para la policía, que son capaces de reproducir un rostro basándose en una descripción cercana. Y ahí se le ocurrió LA idea. Al día siguiente, se anotó para hacer el curso.

Al finalizar, y luego de mucha práctica, llegó el gran momento. Llamó a su mejor amigo, lo sentó frente a él, y le pidió que lo describiera. Lápiz en mano, el pulso de Armando comenzaba a temblar al acercarse a la hoja, oyendo atentamente la descripción que Francisco le daba. Al hacer un par de líneas, la punta del lápiz estalló. Sereno, Armando le sacó punta y continuó. Algunas líneas se borraban o se difuminaban, pero Armando continuó.

El lápiz estallaba cada pocos trazos, por lo que se iba acortando, al tiempo que el sacapuntas se desafilaba. Con varios sacapuntas y muchísimos lápices alrededor, Armando continuaba después de seis horas continuas de dibujo, mientras Francisco repetía continuamente sus rasgos. Ya los sabía de memoria. Armando dibujaba y dibujaba algunas líneas una y otra vez, remarcándolas con fuerza. Otras se iban borrando.

El suelo se llenó de viruta y de lápices de menos de dos centímetros de largo, de minas de lápices y de vidrios, porque Francisco casi se queda dormido y tiró un vaso con vodka que ambos estaban tomando.

Armando continuó cada vez con más desesperación, hasta que se quedó dormido, entre nervios, vodka e incertidumbre.

Al despertar, pasadas algunas horas, y mientras Francisco roncaba y babeaba sobre la silla, Armando miró la hoja y, aunque leve, se veía la cara completa. "¿Lo habré terminado dormido?" se preguntó. Velozmente agarró un lápiz y remarcó fuerte todas las líneas, pero estas se borraban, entonces en la desesperación, cerró los ojos.

Al cerrarlos, la mano pareció cobrar vida propia y en menos de cinco minutos remarcó todo. Armando abrió los ojos, mientras Francisco seguía dormido. Contempló por primera vez su rostro... y se decepcionó al ver que era un monstruo.

Al abrir los ojos, Francisco encontró el retrato sobre la mesa, mojado por algunas lágrimas, con algunos vidrios de la botella de vodka ya vacía y algunas letras que no pudo leer. Tras acercarse al baño para lavarse la cara, sintió un fuerte olor a quemado. Al abrir la puerta, encontró a Armando en la bañadera con la estufa eléctrica, ambos sumergidos.

jueves, 4 de julio de 2013

De Cómo Nos Adaptan Al Uso Del Tiempo

El hombre nace salvaje, sin uso de conciencia ni de razón. Vive por instinto, y se centra en sí mismo. No le importa el entorno: Si tiene hambre, llora, sea de día, de noche o de madrugada. Su instinto le dice que debe alimentarse, y su llanto atrae la comida, es simple. Juega, ríe, se cansa y duerme, esté donde esté, en el momento exacto en que le da la gana hacerlo.

A medida que crece, se le introduce de a poco el concepto de la noche y del día: Dormir de noche, jugar de día, por lo que empieza a aguantarse el sueño hasta que llegue la noche.

Luego, se familiariza con los horarios de las comidas: desayuno por la mañana, almuerzo al mediodía, merienda por la tarde y cena a la noche, teniendo noción del paso de seis horas entre uno y otro, aproximadamente (Un poco menos en las comidas diurnas, y más en las nocturnas, pero el principal espacio ocurre entre la cena y el desayuno). En este punto el día comienza a tener una rutina, que se basa en cuatro comidas y dormir, ya no mediante su instinto, sino regido por horarios que estructuran su alimentación y sueño.

Más tarde, en el jardín, empieza a diferenciar dos tipos de días: día de semana (va al jardín) y fines de semana (está en su casa todo el día).

En la escuela, cada día es distinto por las diferentes materias, por lo que la persona asume: "Hoy es lunes porque hay matemáticas" o "Hoy es martes porque ayer hubo biología". Esto hace que note los días uno por uno.

En la secundaria, la vida social empieza a cumplir un papel importante, por lo que además de cada día de la semana, diferencia sábado de domingo, siendo el primero un día festivo, para relacionarse con otras personas fuera del hogar, salir a comer, a tomar algo, a bailar, etcétera; y el segundo, un día de descanso y de tareas para el día siguiente. En este punto, el hombre ya es consciente de los siete días.

En la Universidad, o estudios superiores, el hombre tiende a dividir los días por horas. Ya no se trata de días, sino que las horas se hacen más fuertes, gracias a situaciones como "faltan tres horas para el parcial y aún no llegué a leer todo" o "hoy tengo filosofía nada más, son tres horas" o "dormí sólo cuatro horas". Cada hora cuenta, y puede hacer la diferencia en las actividades a realizar.

Cuando el ser humano empieza a trabajar, las horas pasan a ser lapsos de tiempo exagerados: "¡Llegaste una hora tarde!¡Ahora no vamos a poder terminar!" y empiezan a valorarse más los minutos, por ejemplo, el horario de almuerzo que, dependiendo el lugar de trabajo, va de 15 a 45 minutos, por lo que salir de la oficina a comprar una gaseosa o una comida implica quizás perder la mitad del tiempo permitido, además claro de los objetivos laborales que nos proponen: "Tenés que terminar esto para dentro de media hora..." - y la presión que todo eso conlleva -.

Pasado un largo tiempo, el hombre deja de trabajar, se vuelve viejo, su cuerpo es más débil y empieza a ser consciente de los segundos en una charla, una canción, un abrazo o un recuerdo.

Finalmente, en su lecho de muerte, contempla las milésimas de segundo en su último parpadeo.

lunes, 1 de julio de 2013

Curiosidad Dominguera.

Nunca le regales un caballo a un dentista.

jueves, 27 de junio de 2013

Un Susto

Un ejecutivo volvía a su casa manejando su auto, cuando a pocos metros de la entrada, ve un hombre sospechoso, todo vestido de negro, y parado en su lugar, sin moverse. Atento a esto, decide llamar a la policía, que no tarda en llegar al lugar y bajo las acusaciones infundadas del ejecutivo, van todos a la comisaría a declarar.

"Yo estaba llegando a mi casa, y lo vi en actitud sospechosa, así que informé a la policía lo antes posible para evitar una desgracia..." decía el ejecutivo al policía que le tomaba la denuncia. Del fondo, esposado, grita el acusado "¡Pero si no estaba haciendo nada!". El ejecutivo se da vuelta y le dice "no hiciste nada, pero estabas a punto de hacerlo. Yo conozco a la gente como vos... ya ha pasado en el barrio antes".

Enojado, el acusado grita "a ver, digame por qué me está acusando, no tengo armas, ni drogas, ni antecedentes, llevo mis documentos en el bolsillo...".

"Es fácil", dijo el ejecutivo con aire sobrador... "estabas todo vestido de negro, con la cara tapada, esperando en la esquina de mi casa".

"Disculpe, pero usted es un idiota" dijo el acusado, y continuó: "Estoy abrigado por el frío que hace afuera, que usted, dentro de su auto con calefacción no siente. Me tapo la cara para no resfriarme y tener que pagar remedios, y estaba en esa esquina esperando el colectivo, que evidentemente usted nunca toma porque se maneja en auto todo el tiempo".

"¿Y por qué vestido de negro? ¡Eso sí es sospechoso!" afirmó el ejecutivo.

El acusado sonrió y dijo "¿acaso no puedo elegir el color de mi ropa? Si vamos al caso, el color no es lo que importa, porque usted también está vestido de negro", dijo señalando al ejecutivo que vestía unos caros zapatos negros, pantalón de vestir del mismo color y una camisa blanca, que se dejaba entrever a través del saco de marca negro que la cubría.

Los policías se miraron entre sí, e inmediatamente liberaron al acusado, para esposar al ejecutivo y darle por lo menos una noche de alojamiento en el frío de una oscura celda, para darle la bienvenida al mundo real.