viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Vas o venís?

Momento incómodo para mi, si los hay, es cruzarme a alguien mientras estoy caminando, y que con ese alguien no haya la confianza suficiente como para interrumpir mi recorrido -ni para que él/ella interrumpa el suyo- y saludarnos con un beso o con un abrazo.

Ahí, en ese mismo instante, se produce una bifurcación en el espacio-tiempo-tuvieja y SIEMPRE, pero SIEMPRE le erro en el saludo. Si yo digo "Chau" la persona me dice "Hola" y viceversa. Y me hace sentir como que yo saludé incorrectamente.

Es que, realmente, no existe un saludo para cuando te cruzás simplemente. Hola es cuando llegás, Chau cuando te vas. Pero cruzarse no encaja en ninguno de los dos momentos. Decir "Holachau" te haría quedar como un idiota, y no decir nada, como un maleducado.

Entonces, ¿Qué corno decimos cuando nos cruzamos a esa profesora o a ese distante compañero de laburo que vemos todos los días pero nunca entablamos una relación? (En Los Sims, estas personas son con las que tenemos unos 10 puntos de amistad, o menos).

Tal vez podamos decir una palabra que no se entienda, como "armgh" mientras movemos la mano (saludar con la mano es totalmente genérico y sirve para "hola" y para "chau" indistintamente) y que la otra persona interprete lo que quiera, aunque si la profe entiende "vieja de mierda" nos espera una eternidad de recursadas.

Mirar para otro lado es una buena opción... total, si no nos llevamos bien con esa persona a lo largo del transcurso del día, para qué corno la quiero saludar si me la cruzo un sábado a la noche caminando por Avenida Tuvieja?

Obviamente, si no saludás, el lunes a la mañana ese compañero va a decirle al resto "ay, ese de la otra oficina es un antipático, el otro día lo crucé e hizo el que mandaba un mensajito para no saludarme". Y ahí te empiezan a odiar todos, porque se dieron cuenta de tu truco. Es más, gracias a eso, e investigando, llegaron a la conclusión de que sos vos el que hace caca en la maceta de su oficina en el horario de almuerzo.

Simplemente, no entiendo las relaciones humanas.




Mejor no salir de casa, para no cruzarse a nadie y no correr peligro de que nos descubran.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Septiembre.

"Una Flor entre las manos es más que una montaña de cosas costosas sin valor"

(Frase de Juanito el Cantor)

Feliz Septiembre para todos!



(Odio a los que dicen SETIEMBRE)


Mientras tanto... el año pasado, en Septiembre...

sábado, 27 de agosto de 2011

Pregunta Cósmica

¿Cuál es la diversión en encontrar personas parecidas a gente que conocemos?

-¡Mirá mirá! ¡¡Ese se parece a Carlitos!!
- ¡¡Noo!! ¡Tenés razón! JAJAJA


¿Cuál es?

jueves, 18 de agosto de 2011

Dame!

-Che, dame una galletita.
-No.
-Por qué? Dale! Dame una galletita!
-NO!
-Una sola nomás! Dame una!!!
-NOO!!!
-No seas malo!! Dame un pedacito aunque sea...
-QUE NO!
-Por favor!! Qué te cuesta? Dame media nada más!
-TE DIJE QUE NO!
-Cheeee, daaale!! DAME UNA GALLETITA!!!!
-NO QUIERO!
-Me das una galletita?
-Bueno, tomá.
-Gracias.


































-Me das otra? :)

martes, 9 de agosto de 2011

¡El Último es Cola de Perro!

De chicos nos acostumbran a correr, a llegar siempre primeros, a apurarnos para sentarnos a la mesa, para salir al patio a jugar o para entrar a la casa de la abuela, con la terrible amenaza de ser cola de perro.

¡EL ÚLTIMO ES COLA DE PERRO!

Grita algún adulto mientras los pequeños desaforados corren hacia el objetivo, sin piedad por los obstáculos del camino ni por sus eventuales adversarios. Pero yo, ahora, siendo un pelotudo grandote, me doy cuenta de todos los engaños que sufrí en aquellas tiernas edades. ¿Qué tiene de malo ser cola de perro?

La cola del perro habla del estado de ánimo del animal, es una forma que tiene de expresar sus emociones, moviéndola de determinada forma para demostrar si está feliz, enojado, con miedo o si vio a Godzilla corriendo hacia él y te quiere avisar. Es una forma de comunicación corporal tanto para los de su misma especie como para los de otra.

Es una extensión de la columna vertebral de los perros, que además les sirve para mantener cierto equilibrio y balancearse, y una gran estabilidad a la hora de correr a sus presas o a tu vieja.

Algunos pueden considerar que la cola del perro es un apéndice que no tiene utilidad, y deciden cortársela a los animalitos. Yo considero también, que la lengua de muchas personas es un apéndice que debe ser cortado. Y llegando a casos un poco más extremos (y violentos), podemos mencionar los de aquellas personas que tienen como apéndice su mismísima cabeza.

Muchísimos perros optan también, por utilizar su cola a modo de entretenimiento, persiguiéndola dando más vueltas que en el recital de U2 (Chistazo!) y así pasar tardes enteras de sana diversión.

Puede ser muy útil también para espantar moscas, mosquitos y etcéteras.

También puede funcionar como cobertura del lugar por donde hacen sus necesidades! Protección ante todo!!!

En fin, para ir resumiendo y que no me quede un post de esos que ustedes dicen "Chee, no lo leí porque era muy largo, me voy a ver Tinelli mientras escribo en el Facebook", podemos decir que la cola del perro es Comunicación, Estabilidad, Diversión Sana, Espanta Bichos, Taparrabos, (si, todo en mayúsculas para incrementar su importanca) y quién sabe qué otras cosas maravillosas!

Antes que andar apurado como todo el mundo, de mal humor y llegando primero sólo para satisfacer el perverso deseo de quienes nos gritan que nos apuremos, sinceramente, prefiero ir caminando despacito, disfrutar el recorrido y ser cola de perro,

Au revoir.
(Vieron que volví? :) Aprobé todo, putos!)






domingo, 31 de julio de 2011

No entiendo!

Yo no entiendo por qué la gente paga por ir a caminar en una cinta o pedalear en una máquina, cuando los espacios verdes e incluso las calles, son lugares hermosos.

martes, 26 de julio de 2011

Nota Editorial #3

Estimados compañeros abismales:
Esta nota tratará de reflejar dos puntos importantes en la trayectoria del universo.
El primero, sin lugar a dudas, es para comentar a la posteridad que he vencido a un gran enemigo examenístico! El restaurant Dadaísta ha caído, con él, está por quebrantarse la barrera finalística (todo ístico) y así poder superar la fase "Seis finales, estoy hasta las manos" comentada con anterioridad, aunque, para sorpresa de muchos y alegría del que suscribe, sólo fueron tres finales, de los cuales voy uno a cero. Veremos este jueves y sábado como prosigue la cosa.

El segundo punto importante es la encuesta finalizada el día de ayer, que paso a retratar debajo con sus resultados finales:
Se comunica a los señores lectores lo siguiente: La letra O se ha puesto a llorar debido a sus cero votos, demostrando una vez más la discriminación hacia la obesidad letrística. Sorprendentemente, la vocal más aclamada por el público fue la I, no se a quien se le ocurre ser una letra I... la A se muere de envidia.

Y por último, se informa que "La puta que te parió" no es una vocal, eso denota la ignorancia que se imparte hoy en día en las escuelas. Era una pregunta con trampa y todos lo que eligieron esa opción perdieron y morirán en el infierno escuchando una y otra vez un cd de grandes éxitos de Pablito Ruiz.

Sin afecto, y con mucho sueño,
Pebablds
Vicepresidente Junior

lunes, 18 de julio de 2011

Curiosidad Dominguera

El Big Bang sólo fue la pasteurización de la Vía Láctea.

martes, 12 de julio de 2011

Exquisitez

Mimetismos.

Salvajes.

Huracanes.

Abismos.

Tierra.

Soledad.















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Me alegra comentar que este es mi post número 100! Espero sus donaciones de diez dólares.


El poder es tuyo!

sábado, 9 de julio de 2011

$%&"%"$

Y cuando finalmente es imposible que las cosas se pongan peor, simplemente, se ponen peor.

domingo, 3 de julio de 2011

La Disolución de la Tristeza

Estaba volviendo de colegiales en el 93, después de uno de esos sábados inciertos, sentado en un asiento individual, concentrándome en cosas banales y carentes de interés, totalmente emponchado por el frío y con la guitarra a cuestas. El 93 tiene algunas particularidades, de las que voy a nombrar sólo dos en este momento: La primera, es su capacidad de tardar más de media hora entre colectivo y colectivo, que hace que el frío se sienta más en estas épocas invernales que azotan la Ciudad; y la otra, es su paso por la estación de Chacarita, y fue ahí donde empezó todo esto.

Como mencioné antes, yo iba abrigado y sentado en un asiento individual, pensando en la nada misma, cuando en la estación de Chacarita subió ella. Abrigada con una campera marrón, y un gorrito de lana blanco con dibujos azules. Inmediatamente algo en ella me llamó la atención, y empecé a mirarla. Tenía unos 30 y pico, y algo inexplicable hacía que la mire. Disimuladamente, clavé mi vista en ella, a veces directamente cuando sabía que no estaba viendo, a veces de reojo, a veces por el reflejo que daba la ventana.

Descubrí entonces que hacía pequeñas muecas con la boca, como apretando los labios, moviéndolos inquietamente, nerviosa. Entonces, un rayo de empatía me atravesó, y pude sentir algo. Observando más detalladamente, me di cuenta que los movimientos que hacía con la cara arrugando el mentón, eran como aguantando un llanto inminente, entonces, para mis adentros, empecé a teorizar sobre el asunto, y llegué a la conclusión de que seguro venía del cementerio, que no está lejos de donde se había subido. Con la certeza de esto, se me ocurrieron dos variantes: la primera, es que había ido a ver a alguien que había fallecido hace poco y que era joven, probablemente un familiar de segundo grado, como un primo, un tío. La otra hipótesis, decía que justo ese día se cumplía el aniversario de la muerte de un familiar de primer grado, como un hermano, o alguno de sus padres, o alguien a quien ella quería realmente mucho. Me quedé entonces con la primera, y en mi cabeza siguieron los divagues, mientras la miraba atentamente.

Cada tanto, ella respiraba hacia adentro, y su nariz sonaba angustiada, sus ojos de a poco se humedecieron, haciéndose más brillantes, y se notaba que cada vez le costaba más retener el llanto. Nadie más en el colectivo parecía notarlo.

En una parada logró conseguir asiento, justo adelante del mío, por lo que no pude ver más su cara, pero si oía su respiración algo agitada, la angustia de su nariz, y veía como movía su cabeza levemente haciendo una especie de "no, esto no puede ser" que yo decodificaba de forma inequívoca. Seguí entonces pensando en ella, en lo que estaba pasando, a medida que el aire de Palermo iba entrando en el colectivo y yo me acercaba a mi destino.

Avenida Santa Fé. Me paré para poder llegar a la puerta cómodamente, sin tener que apurarme por empujar a toda la gente que inundaba el 93. Cuando me paré, lo primero que hice fue mirarla. Y entendí todo. Ella estaba viendo por la ventana, sin mirar por la ventana, concentrándose en el polvo del vidrio que se dejaba ver por el contraluz del sol de las cinco de la tarde, y en algunas imperfecciones y manchas. La excusa perfecta para pensar, y pensar, y pensar. Yo la estaba mirando fijamente, mientras el colectivo se acercaba a Juan B. Justo. Toqué el timbre. El colectivo iba bajando su marcha, y empecé a sentir el viento frío de la puerta que se abrío de golpe. Una última mirada, se dió vuelta, con los ojos totalmente llenos de lágrimas que no caían. Se dio cuenta que la estaba mirando, porque me agarró desprevenido, así que levemente sonreí, con una de esas sonrisas que sutilmente dicen "todo va a pasar... tranquila", por más que una muerte nunca pase, hablamos del mal momento, de la angustia y de la impotencia de ese instante en que no sabemos cómo reaccionar. Ella me entendió, y apretando los labios y casi dejando caer una de sus lágrimas, que por suerte se quedó pegada al ojo (una vez que una lágrima cae, todas las demás lo hacen casi por inercia) dejó sin querer, salir una leve, muy leve sonrisa que decía "voy a estar bien, gracias", en lo que me pareció un segundo eterno. Justo antes de que termine ese segundo, otro rayo de empatía me atravesó, y me sentí algo angustiado. Supe entonces, que ella me había traspasado un poco de su tristeza, muy poca, pero que le había servido para sentirse mejor. En un golpe de reacción, me di vuelta y bajé del colectivo, pensando muchísimo.

Es así como la tristeza se disuelve con este entendimiento casi inexplicable. Uno la va pasando a distintas personas casi de imprevisto y sin querer, pero es que inconscientemente uno traspasa un poquito de su propia tristeza a los demás, diluyéndola así entre tal vez decenas de personas que logran conectarse con uno, para las que ese poquito sería casi inofensivo. Pero la tristeza no es inofensiva, ni en la unidad de medición más ínfima.

Cuando me vi abajo del colectivo, sabía lo que había pasado, y totalmente pensativo me subí al 166, que me acercaría aún más a mi casa. Fue un viaje de una hora totalmente reflexivo, de esos en los que uno ve por la ventana, sin mirar por la ventana.

lunes, 27 de junio de 2011

Nota Editorial #2

Debido a distintos inconvenientes y problemas técnicos (casi muero en un ataque nuclear) sepan ustedes amablemente disculpar a toda la empresa Paradoenelabismo S.A. por sus intermitentes apariciones a lo largo de este último mes. Se comunica a los señores lectores, espectadores y radioescuchas, que la transmisión de este medio será momentáneamente interrumpida hasta que se vea concluida la fase "6 Finales: Estoy hasta las manos" próxima a comenzar. Se calcula que en el mes de agosto retomaremos la continuidad de las ediciones tal como era en la época de oro, donde las letras iban y venían en libre albedrío.

De todas formas, también se comenta que se están gestando nuevas publicaciones, que pasado dicho período serán, valga la redundancia, publicadas para que usted, sus hijos, su perro y godzilla puedan disfrutarlas.

Sin más, hago propicia la oportunidad para enviarles un cordial saludo.
Atte., Pebablds.
Vicepresidente Junior

sábado, 18 de junio de 2011

Odio VI (Auuuuun hay máaas!)

 Bueno, queridos lectores, si es que realmente leen, hoy (ayer) ha sido un viernes largo y de mierda, por lo tanto, las pilas del odio han sido cargadas. Tanto es así, que mis pelotas (hoy estoy maleducado, sí) están haciendo la travesía de Julio Verne hacia el centro de la tierra, de tan abajo que las tengo (ya pasaron el nivel del suelo). Por ende, me enorgullece traerles una nueva edición de odio, que les debía de la encuesta anterior (pueden votar cosas copantes a la derecha). Y bueno, sin más preámulos, chúpenme la oreja:

Odio que las rueditas vengan en paquetes tan chiquitos: Aunque se que podría tranquilamente intoxicarme hasta la muerte con esa porquería, siempre me quedo con ganas de más cuando como un paquete!

Odio los vendedores de ropa. Cuando estoy en el probador te dicen de afuera a los gritos "Y? cómo te queda el bóxer apretado con leopardo??" -¡ME LEVANTA LA COLA, PELOTUDA, Y GRITÁ UN POCO MÁS FUERTE QUE EL QUE HACE LOS CHORIS EN LA ESTACIÓN DE ONCE NO TE ESCUCHÓ BIEN!

Odio los que dicen "todo regio": Qué mierda tienen en la cabeza???

Odio los psicólogos: Me niego totalmente a pagarle a alguien para contarle mis problemas, para que luego de interminables sesiones concluya que soy gay, o que tuve un problema en la infancia. Para eso está facebook, que ponés "Estoy triste porque mi gato escupió una pelusa" y miles de personas sin mucho que hacer empiezan a blasfemar sobre las pelusas, el gato, y larrep!

Odio que los remiseros me hablen de sus problemas: Me han contado que tienen problemas con la mujer, con la suegra, y hasta uno me dijo "el médico me dijo que no podía excederme con las comidas, porque me podía morir, pero yo todos los viernes me clavo unos buenos tacos mexicanos con picante!". O van al psicólogo, o se abren un facebook ya!

Odio las matemáticas: PUTAS!

Odio que la gente termine los nombres en "y": Por ejemplo Pably, Flory, Jony: Símbolo indudable de ignorancia. (A menos que te llame Johnny o seas inglés).

Odio las pizzas que tienen salsa golf: Qué onda? Es algo terrible!!! Te manchas todo, se te cae la porción SIEMPRE, se desarma... y ni hablar de los palmitos! AAAAAAAAA!

Odio a los que nunca se sacan los anteojos de sol: O están drogados a lo Andy chango, o tienen una especie de tumor cerebral. Creo que la del tumor es más creíble, nadie se puede drogar como Andy.

Odio los que escupen cuando hablan:
Voy a inventar un paraguas para caras. O mejor aún, voy a evitar hablar con gente. La gente me irrita, y más cuando me habla!


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Este odio ha sido cortito y al pie, no es que se me haya acabado, es que NO ME ROMPAN LAS PELOTAS!

:)

domingo, 12 de junio de 2011

Pregunta Cósmica

¿Cuánto pesa un peso?

domingo, 5 de junio de 2011

¿Qué es el arte?

Esta es una pregunta casi de esas que acompañan al hombre a lo largo de su historia, y por más que algún cómico te diga "es cagarte de frío" sabemos que estamos lejos de esa respuesta, a menos obviamente que se nos ocurra contemplar la belleza de un cuadro de Mondrian en medio de la antártida, aunque eso, más que arte, es ser medio pelotudo.

Wikpedia (que tranquilamente ya podríamos decir que es como -o mejor- que un diccionario de la RAE, aunque muchos duden de su contenido) define al arte como "...cualquier actividad o producto realizado por el ser humano con una finalidad estética o comunicativa, a través del cual se expresan ideas, emociones o, en general, una visión del mundo, mediante diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros o mixtos."

Sabiendo entonces que el arte es en sí una expresión del humano para generar comunicación o con un fin estético... ¿Por qué mierda todos dicen que lo que hacen es un arte?

"El arte de cocinar mandioca los martes a la mañana", "El arte de arreglar un carburador con un encendedor y una percha", "El arte de navegar en barco por el pacífico" y muchas otras cosas que hacen sentir a la gente importante, porque creen que lo que hacen es arte.

¿De qué estamos hablando señores? Uno podría justificarse y decir "...porque cocinar mandiocas los martes a la mañana es una expresión del hombre que transmite el estado de ánimo del cocinero y genera emociones distintas en cada uno de los comensales", pero yo digo que nos dejemos de joder y que al pan, pan, y al vino, gracias.

Todo bien con que le tengamos aprecio a nuestras actividades, pero si empezamos a decir que todo es arte y a devualuar entonces el verdadero valor del arte, DaVinci va a revivir, lo va a llamar a Miguel Ángel, y mediante una poción mágica que incluye pelo del bigote de Dalí y cera de la oreja de Van Gogh (al primero que mencione la bandita gallega lo cago a piñas) para revivir un ejército de Dadaístas que destruyan el mundo en el nombre del verdadero Arte.

Obviamente, encontramos dentro de las ramas del arte, personas que hacen cosas que muchos dicen "¿y por esto le pagaron veinte millones de dólares?" como por ejemplo, cuando uno ve un cuadro de Jackson Pollock que no es más que un montón de manchas, potenciadas con basura, e incluso pis del artista. Pero el arte, supongo, es eso.

Hacer pis en un cuadro y que te paguen en dólares de seis o siete cifras. Como siempre, la culpa no es del que lo vende, sino del que lo compra, pero si sos un jeque árabe y tenés que impresionar a tu harem de 200 mujercitas, es obvio que con un pancho y una coca no las vas a cautivar, a menos que ese pancho y esa coca hayan salido millones de dólares. Pero es mejor comprar una obra de arte, que dura un poco más de tiempo, y no te la querés comer, a menos claro, que a Marta Minujín se le ocurra hacer un cabildo de gelatina, y como su gran concepto de arte efímero invita a destruir la obra, podría invitar a cada uno de los espectadores a participar de la obra y comérsela.

Pero en fin, dejen de categorizar todas las actividades del ser humano como arte, y pónganse a laburar!!!!!!!!!!!

Y por favor!!! Dejen de sacar libros que se llamen "El arte de..."


Sin afecto,
Paradoenelabismo S.A.
Muchas gracias.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Fuego

- ¿Por qué te mandaron ahora a que vengas?
- La señorita dice que me porté mal.
- ¿Qué hiciste?
- Nada.
- No, nada no, por algo te mandó a que me vengas a ver.
- Es que casi prendo fuego a una compañerita.
- ¡¿Y por qué hiciste eso?!
- Porque me estaba molestando.
- ¡¿Y cómo es que a una criatura de tercer grado se le ocurre prender fuego a alguien?! ¡De los treinta años que llevo atrás de este escritorio nunca escuché nada igual!
- Bueno, pero por ahí nunca nadie le dijo lo que me dijeron a mí.
- ¿Y qué te dijeron?
- Era mi novia y me dijo que no me quería más.
- ¿Y por eso la querías prender fuego?
- Sí, ¿Usted no querría lo mismo?
- Mirá, yo cuando tenía tu edad las cosas eran muy distintas. Ahora tendrías que estar encerrado sin poder salir. Voy a llamar a tus padres para que te vengan a buscar.
- ¡No! ¡Por Favor! ¡Le juro que no lo hago más!
- Escuchame, ¡no podés prender fuego a la gente porque sí!
- Pero yo tenía una razón...
- ¡Dejate de pavadas! Quedate ahí que voy a llamar a tus padres.
- ¡Pero déjese de joder!
- ¡¿Cómo le hablás así a una autoridad?! ¡Ubicate porque vas de mal en peor!
- Bueno, me parece que va a tener que llamar a mi papá al trabajo entonces.
- ¿Dónde trabaja tu papá?
- En los bomberos voluntarios.
- ¿Qué?
- ¡Muejeje!
- ¡Deja eso!
- ¡MUEJEJEJEE!
- AAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhh!

martes, 24 de mayo de 2011

Tacto

Abrió los ojos. O eso creyó. Volvió a abrirlos. Estaban abiertos. Notó entonces dónde se encontraba. En realidad, no sabía dónde se encontraba. Era la oscuridad misma. Un negro increíble, como nunca antes había visto. Pudo notar que estaba sentado, apoyado sobre lo que parecía ser una pared. Le dolía la cabeza levemente, pero estaba bien, desorientado, pero bien. Pensó en decir algo, lo dudó un instante hasta que un "hola" salió de sus labios tímidamente. Había eco. Pensó entonces que estaba en una habitación cerrada. Subió agarrándose de la pared. Estaba cubierta con una sustancia algo resbalosa, y tenía una textura granulada algo desagradable. Al principio le costó incorporarse, confundido por la oscuridad, perdiendo a veces el equilibro. Notó que el piso era liso y que podía caminar. Lo hizo, siempre pegado a la resbaloza pared. Buscando algún interruptor para prender la luz, siguió caminando por la pared, y comenzó a sentir un olor extraño. Sus sentidos estaban totalmente alerta y agudizados, a causa de la falta de visión. Por un momento cerró lo ojos y caminó de la misma forma. No había diferencia.

En su caminata, notó que la pared en un punto comenzaba a ser lisa, y aunque seguía esa extraña sustancia resbalosa y escurridiza, él decidió continuar. La pared parecía no terminar jamás, hasta que de repente, pisó un charco. Sintió el sonido de sus pies chapoteando en un líquido un poco menos vizcoso que el de la pared. Se agachó para tocarlo con un poco de miedo, notó su espesor y pensó en probarlo, pero se arrepintió al instante. Tenía la boca seca y un leve mareo, pero no iba a probar esa sustancia. Comenzó entonces a despegarse de a poco de la pared para seguir ese líquido. Sentía el eco del chapotear de sus pies cuando pisaban, y casi resbala un par de veces, pero pudo pilotearlo. En un momento, realmente tropezó y cayó, pero no se había resbalado. Se tropezó con algo contundente. Se había golpeado la nariz contra el suelo, y sentía cómo la sangre salía por ella. Se la apretó con una mano y con la cabeza hacia arriba y comenzó a gritar. Sólo el eco respondía sus gritos una y otra vez. Nada parecía cambiar, por más fuerte que gritara y por más maldiciones que diga.

Se dió cuenta que todo estaba pasando realmente, que el dolor era real, que las sensaciones eran reales, como el dolor de cabeza que cada vez se hacía más intenso, mientras que la sangre de la nariz paraba de salir de a poco y se sentía mareado. Decidió entonces agacharse a examinar el objeto con el que se había tropezado. Era blando, completamente frío. Parecía de tela. Comenzó a tocar con sus manos una especie de tubo de tela blando. Lo recorrió con sus manos, podía apretarlo, estaba muy frío. Llegó a un punto en el que tenía una inflexión. Pudo doblarlo. Continuó más por el tubo, y se dió cuenta que llegaba a un punto donde se ensanchaba, continuó y notó que salía un tubo más ancho y algo irregular. Pudo apretarlo con todas sus fuerzas, sintió cómo se aplastaba, y notó que también era mucho más frío que el anterior. Continuó siguiendo unos cuantos centrímetros hasta llegar a una esfera dura en la punta de ese tubo. La tocó con ambas manos, estaba muy fría. Notó entonces dos pequeños agujeros por donde le cabían los dedos, y en el medio, una pertuberancia que salía unos centímetros hacia afuera. Pero lo que más lo aterró, cuando al fin se dió cuenta, fue el orificio más grande justo debajo de la pertuberancia: Blando y húmedo. Metió la mano dentro y le pareció sentir una especie de gelatina rugosa.

Comprendió entonces, que estaba tocando una cabeza. Una horrible cabeza, conectada a un cuerpo totalmente inerte y frío. Empujó entonces la cabeza en un impulso y en la oscuridad saltó hacia atrás. Quedó en un charco de líquido viscoso que rodeaba al cuerpo. Comenzó a sofocarse, gritó hasta que ya no pudo. Sus pulmones no tenían más aire. Saltó y corrió cuanto pudo, pero todo era en vano. No encontraba una luz, ni una puerta. Todo era paredes que parecían encerrarlo cada vez más. Y así, derrotado, cayó al piso, ya sin aire, jadeando, sintiendo nuevamente el río de sangre que le brotaba de la nariz. Tenía frío. Quiso cerrar los ojos. Los tenía cerrados. Los abrió. O eso creyó.

lunes, 23 de mayo de 2011

Curiosidad Dominguera

Las personas que comen mucho chocolate por día, tienen más chocolate en sangre que las que no.

jueves, 19 de mayo de 2011

Alfalfa

Aquel hombre tenía extraños rituales, dignos de ver en algunas que otras sectas de esas que abundan en la sombra de las grandes ciudades, pero a diferencia de éstas, vivía en un gran campo de alfalfa, dónde las luces no alumbran por la noche. Todas las mañanas, el sol empujaba al negro del cielo para dar lugar a un abundante turquesa que rebalsaba por el horizonte de la llanura. La vista alcanzaba entonces a divisar algunos pequeños ombúes a la lejanía, bandadas de pájaros que cantaban al amanecer y una ruta que dividía al prado en dos, de este a oeste, donde cada tanto refunfuñaba el motor de alguna camioneta vieja, tal vez llevando la cosecha al silo, o incluso algún camión más grande que marcaba su autoridad, imponiendo su potencia que hacía eco en la nada.

Todas las mañanas, exactamente a la seis menos diez, el hombre se levantaba de su catre bien armado. Sin ponerse los zapatos, se dirigía al baño, donde practicaba distintas técnicas de cepillado de dientes: hacia arriba y hacia abajo, hacia los costados, en movimientos circulares y diagonales, etcétera. Cinco minutos después, y aturdido por el frío del campo, se ponía el abrigo marrón, la boina, colocaba un poco de tabaco en una cajita de aluminio y comprobaba que su pipa aún esté en el bolsillo del abrigo. Salía por la puerta de atrás, hacia el campo de alfalfa, donde tenía su tractor estacionado bajo un precario techo de chapas que apenas lo cubría de las despiadadas tormentas que castigaban al suelo cuando decidían caer como elefantes desde el cielo.

Después de unas cuantas horas de recorrer el campo y comprobar que todo esté en su correcto lugar y orden, el hombre volvía a su casa de madera para comer un buen guiso de pato, algunas verduras hervidas o una sopa bien energética, para luego de la siesta iniciar su segunda recorrida.

Era época de lluvias, y el hombre temía por sus plantaciones de alfalfa, aunque también estaba alegre porque vería llover, y la lluvía regaría la tierra, mejorando la cosecha. El espectáculo de la lluvia en medio de la llanura es algo incomprendido para quien vive en la ciudad, y aunque lo vea en primera fila, es imposible que logre encontrarle un verdadero sentido.

En esas ansiadas y detestadas épocas de lluvia, el hombre solía preparar su piloto amarillo. Cuando se aproximaba la fecha del diluvio, comprobaba que su impermeable esté en perfectas condiciones, revisando las costuras y los pliegues en busca de grietas o agujeros. A veces, sólo bastaba con colocar algún pequeño parche o remiendo para que la prenda quede, valga la redundancia, impermeable, lista para soportar aquellas pesadas lágrimas que caían con una gran fuerza sobre él y su dueño.

Cada vez que llovía, el hombre salía a caminar, primero por el campo de alfalfa y luego por la ruta. Hacía siempre el mismo camino, para recordar cómo volver en caso de una emergencia. Siempre y cada vez lo hacía con agrado y satisfacción. Amaba que su simple abrigo plástico lo mantenga seco en semejante tempestad, y obviamente, la lluvia regaba por sí misma los cultivos de alfalfa y le ahorraba mucho dinero y muchísimos días de trabajo.

Pero ese año todo fue distinto.

Era ya el segundo día y aún no había caído ni una gota. El sol brillaba como nunca, manteniendo su posición egocéntrica en medio del cielo, acaparándolo todo con su brillo y quebrando la tierra, ya seca, pidiendo casi a gritos por un poco de humedad.

Una semana había pasado y no había una nube en el cielo. El sol seguía amenazando con destruir la alfalfa, el trabajo de un año. Y no sólo eso, sino que el incendio de los pastizales que rodeaban la pequeña casa de madera era inminente.

El hombre, casi preocupado pero sin mostrar rasgo alguno de debilidad, se sentó en un banco a pensar. Recordó todo su ritual ante la lluvia. Tenía todo preparado. El piloto, el abrigo, el tabaco y la pipa. Pero faltaba la lluvia. Algo dentro de sí, le hizo pensar todo al revés. ¿Qué pasaría si sale con el piloto, como si estuviera lloviendo, pero en pleno sol?

Y en un intento desesperado por salvar sus campos, lo hizo.

Esa mañana se puso su abrigo. Llenó la cajita de tabaco y palmeó en el bolsillo izquierdo de su saco: La pipa estaba allí. Luego fue al armario y agarró el impermeable amarillo. Lo desdobló lentamente y se lo puso, casi con miedo a la herejía que estaba cometiendo. Lo sabía. Pero poco le importaba ya.

Fue entonces que lentamente se acercó hacia la puerta. Cada paso era un mundo. Cada madera chirriaba, como advirtiendo lo peor. Él lo sabía, pero ya estaba decidido a hacerlo.

Se vió cara a cara con la puerta trasera. Tragó saliva. La miró. Agachó su cabeza y logró ver en el picaporte oxidado un pequeño dejo brillante que lo llamaba. No se pudo resistir y cuando quiso arrepentirse, su mano lo había girado. Estaba afuera. Comenzó a caminar hacia el campo de alfalfa bajo el sol de la mañana. Caminó como su ruta habitual de lluvia lo indicaba, sólo que bajo un despiadado sol que parecía del mediodía que amenazaba con quitar cada centrímetro cúbico de agua que poseía dentro de sí.

Logró ver entonces la ruta. Se acercó lentamente, sofocado, gimiendo. Juró para sus adentros que había cometido el peor error de su vida. Aunque logró dar unos pasos, tuvo que caer sobre la tierra metros antes de llegar a la ruta. Sus rodillas levantaron polvo con el que él mismo se atragantó y comenzó a toser, mientras miraba al piso. La única sombra cerca era la de su propia cabeza, y mientras su vista se nublaba y su garganta se secaba al ritmo de su tos, comenzó a ver sus gotas de transpiración caer sobre la tierra seca, esa especie de arenilla sensible que toma la forma de todo lo que la toca. Su transpiración había dejado ya un pequeño charco bajo su cabeza, y él, apoyado sobre sus rodillas y sus brazos extendidos, casi no podía respirar. Pensó en que debía haber esperado unos días más, que realmente se había equivocado. Entonces, su cabeza empezó a transpirar para afuera. Ya no escuchaba ni sentía con claridad. Su cabeza estaba cada vez más húmeda. Su visión comenzó a oscurecerse. Sintió frío de repente. Estaba completamente mojado.

Alzó su cabeza, y el sol había desaparecido. En su lugar, nubes negras, rayos, y lluvia caían sobre él. Sonrió, como si desde el principio hubiera sabido lo que hacía. Se levantó como pudo y terminó su ruta.

Al volver a su casa, triunfante, pasó por el campo de alfalfa casi saludando a las flores y los brotes que flameaban agradecidos al compás del terrible viento que los azotaba. Ese día llovió. Llovió como nunca antes había visto llover. Dulce y desaforadamente. Se fue a dormir con una sonrisa. Lo había logrado.

Al día siguiente, los primeros rayos del sol le abrieron los ojos. Luego de lavarse los dientes, de ponerse su saco, de llenar la cajita y de verificar la presencia de su pipa, salió al campo de alfalfa por la puerta trasera. Al recorrerlo, notó extraños brotes entre la alfalfa que él conocía, que se erguía impecable en la llanura. Desorientado, revisó. Acarició los brotes nuevos, para darse cuenta que tenían raíces fuertes y firmes. Comenzó a desenterrar una, dos, tres, diez...

Eran batatas. Todas ellas eran batatas.

El hombre, cabizbajo, había aprendido su lección. No desafiaría más a la lluvia.

Decidió entonces, esperar siempre que llueva, y juró jamás volver a salir con su impermeable amarillo un día de sol.

sábado, 14 de mayo de 2011

Carta Abierta

A quien corresponda:

"Estamos cansados de que todo siempre termine bien y que nuestros hermanos sean devorados por las historias que vienen de la cabeza de algún bebedor de whisky capaz de hilar un par de palabras seguidas! Los príncipes jamás de casan con plebeyas, y las princesas nunca se casan con sapos! Eso es todo mentira! Nos repugna ese comportamiento positivo e irreal, que hace que miles de nosotros perdamos nuestro tiempo educando a nuestros hijos, para que luego hechen a perder todo el esfuerzo que hicimos, llevándonos como corderos a un plato repleto de mentiras, engaños e ilusiones baratas. Es técnicamente imposible que un aprendiz de mago pueda enfrentarse y vencer al hechicero viejo y experimentado o a un maldito dragón, y que, además, se quede con la princesa, la chica más linda del reino.

Es absurdo pensar en cuentos de hadas. Las cosas no terminan bien casi nunca, y cuando lo hacen nunca vuelven a ser lo mismo. ¿Qué nos vienen a decir ahora? El príncipe azul del que tanto hablaban, valiente caballero de pelos dorados que logra salvar a la divina princesa raptada por una asquerosa bestia de origen desconocido, fuerza decomunal y tamaño dinosáurico, ese príncipe, luego de casarse con la princesa, se enfiesta todos los días luego del banquete real con diez doncellas a la vez, un caballo, y tres esclavos que obliga a que le laman los dedos de los pies.

¿Es esta la clase de comportamientos que avalamos con tanta inocencia y que ayudan a dormir a nuestros hijos?

Decimos BASTA!

No vamos a tolerar más este tipo de amenazas psicológicas con las que crecen sus pequeños y con los que nosotros sufrimos tantas pérdidas. Deberían entonces, dar lecciones de vida. No siempre el que quiere puede, no siempre el que salva a la chica se queda con ella, y sobre todo, que la vida te patea mucho más de lo que todos creen, y si hacemos que las futuras generaciones sigan creciendo bajo los efectos de estos cuentos alucinógenos, arropados por la inocencia que los caracteriza, todos van a chocar contra una gran pared de concreto, generando así, la autodestrucción del mundo.

Por eso decimos:
- BASTA de pérdidas injustificadas, producto de esas historias baratas.
- BASTA de criar una nueva generación de débiles.
- BASTA de tratar de extinguirnos.

- ¡BASTA DE FINALES FELICES!"

Atte.
Adelina Rufa.


Sociedad de Perdices del Mundo


PD: Ya tendrán más noticias nuestras.