miércoles, 17 de septiembre de 2014

Dragón

Y un día, caminando por un bosque a unos cinco minutos del pueblo donde vivía, encontró un Dragón, pequeño, pero un Dragón, quien se mostró bastante simpático hacia su persona. Largaba una pequeña columna de humo de su boca casi constantemente, y no medía más que un perro mediano.

Lo llevó disimuladamente a su casa, y lo encerró en su habitación. Empezó a probar qué le gustaría comer, y sacó varias frutas, carnes y otros productos de su despensa y se encerró con él en la pieza.

Al ofrecerle cada uno de los alimentos, el Dragón parecía no demostrar interés por ninguno, sacándolos de su vista con el hocico, o tirándolos abajo de la mesa.

Pasaron los días y el hombre no sabía qué hacer. El Dragón no comía nada y no había comido desde que llegó a la casa. De todos modos, se mostraba feliz, juguetón y curioso acerca de las cosas de la casa, los huecos, y le gustaba trepar y volar por los marcos de las puertas, de una habitación a la otra.

Sin saber qué hacer, el hombre fue a una biblioteca a buscar información para poder alimentar a su Dragón.

Encontró libros y libros enteros dedicados a estos animales, pero se sorprendió al leer que todos definían al Dragón como un animal mitológico, fantasioso e imaginario. Habló con la bibliotecaria, quien le dijo que los libros estaban en lo cierto, que los dragones no existían, y él, furioso, salió corriendo del lugar.

Consultó en el zoológico, donde le respondieron exactamente lo mismo, y hasta se rieron de él en un primer momento. Totalmete indignado, fue a preguntar a muchas personas, pero quedó confundido al recibir de todas la misma respuesta: Que los dragones no existen.

Revisó de nuevo los libros, entrevistó a más y más gente y volvió a consultar los libros y nadie le daba la razón.

Fue entonces cuando se enderezó y, decidido, fue a su casa a buscar al animal. Llegó, se sacó el suéter, que puso en una silla, y fue a la habitación. Encontró al Dragón durmiendo sobre una almohada, se sentó a su lado y comenzó a acariciarlo. El animal se despertó y se acomodó a su lado.

El hombre le acarició el lomo, subiendo con su mano, y al llegar al cuello comenzó a apretar un poco mientras salía humo constantemente de su boca, hasta que con sus dos manos, lo ahorcó. Enterró el cadáver cerca del bosque donde lo había descubierto, y jamás volvió a hablar de dragones en lo que le restaba de vida.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Septiembre

::: SEPTIEMBRE :::

Todo sucedía con normalidad, hasta que las tejas cayeron al suelo, como por arte de magia. Las flores azotaban con sus pétalos los adoquines del camino de la entrada.

Era un ruido ensordecedor.

Todo flotaba, o parecía volar, o parecía flotar. Las luces intermitentes. Las vigas parecían chillar de dolor. El candelabro se movía y sus velas amenazaban con quemar la seda de las cortinas.

Nos miramos, atentos, cerramos los ojos y dejamos que fluya. "Ya está, ya está" se procuraba mientras mordía los ojos.

Las ventanas latigueaban las paredes por dentro y por fuera, y de pronto, la luz.

Nos tiramos debajo de la mesa de roble, que luego se transformó en aguaribay, luego en pino, luego en polvo. El aserrín formaba un pequeño huracán en la cocina, llevándose las migas, las pelusas, las sillas, las mesas, las copas, vasos, platos, paredes, jardines.

Un punto blanco.

viernes, 29 de agosto de 2014

Efervescente

Botellas caen, vidrios, humedad.
Los manteles, clavados, soportaban los vientos.
Las copas, dobladas, chillaban de dolor.

Voces, ruidos, gritos, silencio.

Se transformaban en cosas, en sombras, en formas.
Eran deformes, negros, blancos y azules. Celestes también.

Paranoia, mil, millón, bi.

Alfileres en la panza, espadas por la nuca,
El pelo mojado, la garganta ácida.
El estómago efervescente.

jueves, 21 de agosto de 2014

Nota Editorial #12

Eeehhh... bueno, hacía mucho que no escribía en forma de humano (o intento de) para decir boludeces más grandes que las que suelo escribir, pero vi que era meritorio hacerlo puesto han acontecido varios sucesos que agrandan y alegran al Abismo, y van paso a paso, acercándolo al plan de dominio mundial.

¡SALIÓ EL SEGUNDO GRAN ABISMO ILUSTRADO! ¡Pueden pedirlo por Facebook!













Por cuestiones de dolarización, impuestos a las no-ganancias, por aumento en el valor del plutonio y porque Gozilla me lo dijo, ahora el Gran Abismo (Cualquiera de ambos dos) cuesta $35, ¡Pero ojo! Que si comprás los dos números juntos te salen $60. Sí. No sabemos sumar y no vamos a aprender ahora.

Igual seguimos regalando abismitos, estamos también preparando uno nuevo, y tratando de imprimir los números anteriores, que nos quitaron de las manos nos quitaron!

Por otro lado, quiero compartirles una nota que hicieron acerca del Abismo para el Diario La Ciudad de Ituzaingó, donde comentamos un poco dónde estamos parados (aparte de En El Abismo) y esto forma parte del crecimiento que, gracias a todos los que mandan mensajes ofensivos día tras día, estamos logrando.

(Si hacen click en la imagen pueden leer la nota ENTERA, ENTERA VIEJO!!!)

Ahora entraremos en una nueva etapa abismal, se vienen nuevos textos, viejos textos más nuevos, y nuevos textos que van a ser parecidos a los viejos, pero no importa, porque tengo torta. Bueno, OK, no tengo torta. De hecho, prefiero un paquete de galletitas de agua, muchas gracias.

Saludos poco cordiales,
Pebablds
Vicepresidente Junior




sábado, 2 de agosto de 2014

La Infelicidad

Ese día que salió de la oficina, se sentó en el colectivo de vuelta a casa y empezó a mirar por la ventanilla. Sus párpados se caían por el cansancio de días estresado, el cuerpo le dolía, recordaba días en el trabajo haciendo horas extra, llenando papeles sin sentido que nunca le dieron ninguna satisfacción, hasta que en una de las paradas, un cartel gigante se alineó con su cabeza, con la inscripción "¿Estás feliz con la vida que llevas?". Lo leyó detenidamente y lo siguió con la mirada incluso cuando el colectivo arrancó, y giró la cabeza mirándolo fijo hasta que lo perdió de vista.

Pensando, llegó a la conclusión de que debía cambiar de vida.

Vendió el auto, la casa, casi toda su ropa y se despidió de su familia para empezar a viajar, como siembre había soñado. Compró pasajes de avión y se fue.

Tiempo después, recorridos varios países y tenido miles de aventuras, se vio a la vuelta de una excursión pegado a la ventanilla de una combi y pensaba en el tiempo que no veía a su familia, que no dormía en una cama por una semana entera y que no tenía ningún tipo de estabilidad. Una avioneta pasó por el cielo con la misma publicidad: "¿Estás feliz con la vida que llevas?"

Meditó, y decidió que era momento de volver a casa.

Juntó sus cosas, y abordó un avión que lo traería de nuevo. Ya en su tierra, golpeó la puerta de su casa y nadie salió a recibirlo. Lo odiaban por haberlos abandonado y no reconocieron su regreso tal como él esperaba, negándole un lugar donde dormir. Sin plata y sin techo, fue a su antiguo trabajo a ver si podían devolverle el puesto, pero su lugar había sido ocupado por tres pasantes mucho más jóvenes, que obviamente cobraban mucho menos de la mitad que él.

Se sentó en el cordón a pensar, y no encontró alternativas.

Pasó tres o cuatro meses andando por la calle, comiendo de donde podía, haciendo trabajos esporádicos para poder comprar alcohol para poder conciliar el suelo, aguantando el frío, el calor, la lluvia y la maldad de la gente que lo miraban mal cuando se acercaba.

Caminando por un barrio al que acababa de llegar con su mochila y con la misma ropa puesta hace meses, vio otro cartel... "¿Estás feliz con la vida que llevás?".

Se detuvo, miró el cartel con atención, sonrío y continuó con su camino.

domingo, 20 de julio de 2014

Enojo

-¡Andate a tu casa!
+¡Pero esta es mi casa!
-¡Entonces andate a la mía!

lunes, 14 de julio de 2014

DO-MIN-GO

Como es sabido, los domingos son días agridulces que presentan una serie de sabores que se mezclan y entreveran para formar así veinticuatro horas con distintas gamas, tonalidades y sentimientos. Vamos a proceder a dividir al domingo en tres grandes partes.

DO:
Comprende desde las 00hs hasta entre las 4 y las 6 de la mañana. Muchos, al empezar el DO ya están en medio del tobogán de la alegría, habiendo realizado un pequeño ritual durante las últimas horas del sábado, que entre cena y post-cena, los han hecho quedar en lo que suele llamarse "Punto Caramelo". Esta, es la hora pico del domingo -y también del fin de semana entero-, porque los domingos empiezan explotando en medio de una salida destructiva en la que nos vemos inmersos, rodeados por música, sustancias que alteran nuestra percepción y música confusa, que va en crescendo hasta que, luego del summum de la noche, va cayendo en picada como nuestros párpados y sentimos desde lejos el llamado de la cama, que nos atrae imantados para caer como adoquín en el agua y perder el conocimiento hasta el siguiente momento del día.

MIN:
Un domingo normal es aquel en el que nuestros ojos se abren no antes de las 12 del mediodía, inaugurando la segunda etapa que comienza al separar nuestros párpados hasta aproximadamente las 18hs. Apenas empieza, MIN nos recibe con la boca seca, un agradable dolor de cabeza punteagudo, algunos recuerdos confusos de los que fue el DO, e imágenes que van apareciendo de a poco como flashes de algo incierto. Tenemos todos los miembros aún, ninguna cicatriz en el abdomen, la billetera -aunque más flaca que anoche- y el celular en perfecto estado. La ropa en el piso, la puerta entreabierta y signos de que estuvimos peleando con las sábanas para poder taparnos. Todo va de acuerdo al plan.

Aunque sea el mediodía, en esta etapa del domingo almorzar es opcional, y depende exactamente de la intensidad del DO. Si ha sido uno leve, podemos afrontar una tira de asado precedida por un choripán. Si la intensidad del DO fue media, apelaremos a la ensalada o a unos fideos con manteca. Pero si DO fue catastrófico, debemos dar gracias de poder estar sentados en la mesa con los ojos abiertos y el estómago por hacer erupción. Cualquiera sea el caso, luego del almuerzo -familiar o en soledad- viene la etapa más linda del domingo. La segunda parte del MIN es a partir de las 14, 15hs y es un momento de optimismo desmesurado, que nos hace olvidar qué día de la semana es, colocándolo en el puesto número uno del momento menos productivo pero más relajante de la semana. Durante la segunda mitad del MIN, podemos elegir si dormir una siesta (también dependiendo la intensidad del DO, la siesta es opcional u obligatoria),
ver una película, salir a tomar mates con amigos (esta opción es nula si el DO fue catastrófico) o tirarse en una reposera a ver crecer el pasto.

A eso de las 18 todo empieza a ponerse gris conforme la noche va avanzando.

GO:
A partir de as 18 y hasta las 23.59 del Domingo, nos encontramos en la etapa GO, que a pesar de su significado en inglés, -avanzar, ir- esta etapa es todo lo contrario. Nos volvemos lentos, caemos en la realidad espesa de que mañana comienza nuevamente la rutina, y el optimismo generado en MIN va cayendo en picada, destrozándose a medida que pasan los minutos haciendo que nos preguntemos "por qué
no hice otra cosa en vez de hacer eso que hice", cuestionando aquella elección que tomamos en MIN -sea cual sea- y pensar qué hubiera pasado si en vez de ver esa película hubiéramos salido a ver el sol.

Conforme va cayendo el optimismo se acerca la cena, una cena triste, con poca conversación entre los comensales -usualmente sobre las tareas a realizar el lunes- y rápida, porque todos luego quieren bañarse al mismo tiempo, el calefón transpira porque no da a basto y gana siempre el primero en entrar al baño como si fuera a anotar un try en un partido de Rugby.

Luego del baño se genera una meseta. Aproximadamente entre las 22 y las 23 del GO (a veces hasta las 22.30) tenemos un pequeño momento de relax, seguido por la caída final y la entrada absoluta en razón: Mañana es lunes. No hay nada que hacer. Una vez que hayamos salido de la meseta y entrado en razón, todo está perdido, sólo debemos dejarnos llevar por las sábanas, que nos envolverán con su calor para que empecemos la rutina como todos los lunes: Hechos mierda, con los ojos pegados y el hígado en la mano, pero siempre teniendo en la mente la cuenta regresiva para encontrarnos de nuevo con el próximo fin de semana.

jueves, 10 de julio de 2014

Otoño Perverso

El otoño nos presenta, dándonos una cachetada en la mejilla, al señor Frío, quien llega de a poco, de a poco, bajando la temperatura hasta que un día televantásalamañanay ¡PUM! De 10 grados pasás a sentir 1.

La cama nos encadena, pero como una fuerza liberadora, llega la rutina con un alicate tamaño industrial para liberarnos, y decirnos casi con una caricia "Dale pibe, salí de ese lugar perfecto donde te encontrás y enfrentate al mundo real". El mundo real duele, sobre todo cuando sentimos esa espada de 1 grado (o menos) atravesarnos instantáneamente en el segundo que ondeamos las sábanas para salir de nuestro hermoso y cálido campo de fuerza.

Pero como el otoño sabe que sufrimos, y se alegra macabramente con nuestro sufrimiento, sube el termostato diez grados pasado el mediodía, y nos hace transpirar no sólo por nuestros abrigos (que suelen ser exageradamente abultados y exageradamente muchos) y entramos en la terrible desición al volver camino a casa: ¿Me lo dejo todo puesto y hago de mi cuerpo un sauna, o meto todo en la mochila y creo una especie de Bomba Nuclear de fibra de algodón a punto de explotar?

Cada uno tendrá sus opiniones respecto a una desición u otra, lo interesante es que cualquiera que nos guste, va a tener grandes desventajas, pero sólo una cosa a favor: Mantenernos calientes una hora (como mucho) durante la mañana. ¿Es esto negocio?

El primer frío del año suele ser el más doloroso, donde decimos "¡Uh! ¡Cierto que el frío existía!" y nos tiramos el placard encima por la mañana, y por la tarde nos queremos morir, y le pedimos a todos los dioses que inventen ya la teletransporación por lo menos para que nuestros abrigos aparezcan en casa sin tener que sufrir una hora o más en un transporte público cargando con diez kilos de campera.

Algunos, optamos a veces en dejar algo de ropa en nuestro lugar de trabajo, para que la vuelta no sea tan complicada, pero muy en el fondo sabemos que tarde o temprano ese buzo tendrá que volver, de forma que no solucionamos el inconveniente, sino que atrasamos unos días nuestro pesar.

¡Pero no te preocupes! Antes de hacer una horca con la bufanda y colgarte del ventilador de techo, pensalo. Abriguémonos conscientemente... Sabemos, (y SIEMPRE sabemos) que el frío va a durar poco en esta época y que el otoño sólo nos está jugando una mala pasada. Le gusta inspirarnos temor, y nos acostumbra un poco al frío, dándonos tres días de un frío matutino insoportable y el siguiente, un calor casi primaveral, que nos mete la incertidumbre por la oreja, y desconfiamos: "Mmm, mejor me llevo un saquito por si refresca" y obviamente, nunca lo hace.

Así que para evitar estas jugarretas a las que el tiempo nos expone, vamos a aclimatarnos lentamente. Sientan un poco el frío que no viene mal, abríguense a conciencia para evitar bondis repletos de mochilas abultadas, paraguas (porque muchos asocian el frío con la lluvia) y gente transpiradas con tres grados bajo cero (los aromas mezclados en los bondis/trenes suelen ser peores cuando hace frío que en pleno verano).

No tengan miedo en abrir un poquito la ventanilla del bondi para que corra aire. Recuerden que también necesitamos respirar.

¡Brindemos por un otoño con menos abrigo!

Y obvio, por un invierno en el que todo andemos en remerita.
----------------------------
Escrito para Revista Clap!

miércoles, 25 de junio de 2014

El Cosmos Nos Conecta

ADVERTENCIA:
Este artículo puede tener contenido demasiado místico para algunas personas. Abstenerse de su lectura los que no creen en nada, los que creen en todo, y aquellos a los que todavía les resulta curiosa la comparación y similitud entre las palabras "Casualidad" y "Causalidad".

Es verdad que estamos hechos de estrellas. De hecho, es sabido que las partículas jamás se destruyen, sino que desintegran sus uniones para formar nuevas, y así, nuevos elementos. De hecho, las partículas que nos forman a nosotros alguna pudieron ser parte de un rayo de luz, de un dinosaurio o de la piel seca que se le cae a la gente esa que siempre anda perdiendo piel por ahí.

Dicho esto, podemos asegurar que hay personas que se toman este tipo de conexiones DEMASIADO en serio, y en un intento por comprender la raza humana y toda su mística, asegura que hay exactamente doce tipos de personas. ¿Doce? Doce. Uno por cada signo zodiacal, claro está.

Tenemos entonces este tipo de pensamiento que cataloga a los seres humanos según el día de su nacimiento, que mágica al haber pisado el mundo en ese momento automáticamente venimos seteados como una computadora por defecto con cierta configuración de humor, de gustos y de relación con otras personas.

"¡Claro! ¡Mirá como se enoja! Eso es porque es de Leo", tenemos que escuchar muchas veces. "Él es tranquilo porque es de Tauro" murmura una abuela cuando la otra le habla de su nieto. Y así, empezamos a devastarnos y degradarnos como seres humanos, de forma tal que si sos de TAL signo, es obvio que tenés que actuar de TAL manera.

¡Pero esta gente piensa en todo! Por lo que no tenemos escapatoria cuando queremos encontrar una falla en su perfecto sistema de configuración humana: "Todos los de Escorpio son hábiles para los negocios" dice una señora. "Yo soy de Escorpio y jamás me fue bien..." responde un ser humano, titubeando. "Pero en qué año naciste?" Responde la señora con seguridad. "En 1987" contesta el humano. "¡Claro! Ese año dominaba la tercer luna de Júpiter y la luz daba en el eucalipto que había en la 9 de Julio, al lado del bar Don Gregorio, y por eso es obvio que sos un escorpiano que no va con esa regla". Y así nos sentimos más y más destinados a ser algo que no sabíamos que éramos pero que seguramente nunca seremos. ¿O no?

Están también aquellos que no son especialistas en el tema, pero categorizan constantemente a las personas que los rodean tratando de relacionarlos astronómicamente. "¿NAAAA SOS DE LEO? ¡MI PRIMO ES DE LEO!" dice exaltada la dueña de casa. "Ah..." decís vos. -findelaconversación- (Y ni hablar del famoso NO CAEMOS DE CULO que los capricornianos sabrán comprender).

También abundan aquellos molestos que asocian negativamente a las personas por su signo: "Ah no, mirá, no podemos estar juntos, porque sos de Piscis, y mi ex era de Piscis, y creo que la gente de Piscis me va a lastimar siempre" te dice la chica con la que querés estar, mientras vos lentamente le contás las falanges de los dedos para calcular cuántos pedacitos quedarías si se las vas cortando de a una.

También está la virtud de este campo, que supone cierta motivación a personas que creen en este método, por ejemplo "Sos de Aries? Intentá haciendo Bungee Jumping, los de Aries son buenos en eso." Después obviamente esa vieja que nos recomendó hacer tal actividad no viene a nuestro funeral, por miedo a que la lapiden ahí mismo y sean dos funerales en vez de uno.

Entonces, esto de creer o reventar ya lleva varias explosiones dentro de nuestra sociedad, y aunque muchos todavía eligen la mística de creer, compran sus cartas astrales para que los guíen por un buen camino, leen su fortuna para anticiparse a aquellos problemas que se vienen y sacar piedras del camino antes que desaparezcan y se hacen dependientes de esto como si fuera una droga de las más intravenosas, nunca, jamás, nunca van a saber lo lindo, la hermosa sensación que sentimos aquellos a los que no nos importa cuál
va a ser nuestro futuro, pero aún así lo esperamos al pie del cañón, nosotros, los que siempre elegimos reventar.

martes, 10 de junio de 2014

Nota Editorial #11

Un abismo es como una bola de nieve, que se derrite si se queda quieta, pero en movimiento va creciendo hasta estrellarse en un todo y lo hace nada. Contrario a la nieve, el abismo carece de volumen, puesto que es un espacio vacío, y al girar, agrandarse y estrellarse contra la nada, crea todo.

Hoy se cumplen seis años desde que el abismo empezó a girar y tan vacío está que dejó pequeños todos en el camino, esos todos, algunos se derritieron, otros giraron hasta chocar con otros todos y hacerlos nada y esas nadas, pequeñas abismas, crecieron y rompieron y borraron y crecieron y crearon y sus clústeres hoy siguen rodando, aunque algunos se derritan.

Gracias por permanecer dentro de esta burbuja de nada, que es Parado En El Abismo, para chocarse, golpearse y destruirse y transformarla en un todo.

Seis años de nada, ¡y por muchos más de todo!

Pasen por el FACEBOOK que hay unos concursos interesantes para quienes quieran ganarse el Volumen 2 del Gran Abismo Ilustrado, próximo a salir en el Julio próximo. Próximo.

¡Abrazos cósmicos!
(losodioatodos)

Pebablds
Vicepresidente Junior

jueves, 22 de mayo de 2014

Cuando Cae El Sol

El frío de Julio se había ido, aunque seguía siendo Julio. El mar calmo se ponía turbio con el anaranjar del cielo. Nos miramos. Te hice un lugar al lado mío. Te sentaste.

Quietos, con la vista hacia el frente, las olas volvían inquietas mientras el cielo enrrojecía. El sol, enorme, daba fin al día acercándose al horizonte, cayendo en un movimiento que a la distancia veíamos similar al de un globo.

Una nube de vapor blanco se levantó repentinamente sobre el mar cuando el sol lo tocó, las olas, enloquecidas, se levantaban y rompían por todos lados. El sol comenzó a sumergirse en el mar. El agua hervía, salía vapor, humo, blanco y negro y gris.

La oscuridad casi lo había abarcado todo, y cuando menos lo esperamos, volvió el frío de cien Julios. Los árboles se helaban a medida que el agua hervía más y más, hasta que de un golpe, el sol terminó de sumergirse en el mar, levantando una ola enorme que lentamente se acercaba hacia la costa. Lentamente, claro, porque la veíamos a kilómetros de distancia levantarse, imponente, sobre lo que estaba a punto de dejar de ser nuestro planeta.

Mientras el Tsunami del fin del mundo estaba por devorarnos, me miraste, con la calma de la que siempre eras habitué, sonreíste y dijiste con la más sincera de tus expresiones: "Siempre pensé que el Sol era más grande que la Tierra".

lunes, 5 de mayo de 2014

Azul Oscuro

El suelo, azul oscuro, casi negro por el líquido, hacía que las baldosas casi ni se vean. El hombre, atadas sus manos y pies fuertemente al respaldo y patas de la silla, no podía hacer otro movimiento que girar la cabeza. El ciego, en cambio, suelto, gateaba tocándolo todo sin poder ver, resbalando y chapoteando entre los pequeños charcos azulados que dejaban las gotas al caer del techo, como petróleo, e iban llenando lentamente la habitación.

La puerta, casi invisible, sólo dejaba ver la cerradura como un hueco imperceptible en la pared, y sus bisagras perfectamente escondidas disimulaban muy bien su color con el de las paredes.

El hombre atado, sin poder más que sollozar, respiraba frenéticamente, jadeaba lo que podía a pesar de su mordaza. El ciego, escuchaba desde el suelo buscando la llave, sin saber si se trataba de una amenaza o de un aliado. Oía la respiración agitarse cada vez más.

Sin poder comunicarse, el hombre de la silla veía la llave asomarse en un pequeño pedestal a unos pasos suyos. Tirar la silla era imposible: Estaba como salida del mismo piso, pegada, atornillada, o lo que fuere.

El ciego se incorpora, mancha todas las paredes con sus manos buscando algo. Tantea, revisa, descubre así el pequeño orificio oculto, lo toca, lo mira con sus manos. El hombre de la silla se queja con más fuerza, salta, como haciendo señales. El ciego interpreta entonces que se trata de un amigo, pero desconfía. Deben coordinarse. El de la silla no deja de exaltarse, quiere eliminar sus nudos. No puede.

En el piso, moviéndose como una oruga, el ciego busca algo que no sabe si existe. Se mancha las manos, los codos, los brazos, el cuello. Él es azul ahora, casi negro. El hombre de la silla forcejea sin resultados. La llave, cada vez más cerca de las manos. La llave, siempre cerca de los ojos. Inconexos. Las gotas, cayendo lentamente, cada vez desde más filtraciones por el techo, se escuchan en semicorcheas que el ciego cuenta y el de la silla observa.

La llave, cerca. La mordaza, ¡La mordaza! Empieza a morder la mordaza. El ciego se acerca a la silla, toca los pies, descubre que ahí está su compañero, pero se aleja. Aún no puede confiar. Las gotas, cada vez más.

Las manos recorren el piso como sabuesos, rastrean, escuchan, gritan. Los ojos también gritan, lloran, muerden, pero desde la silla.

La mordaza empieza a ceder hilo a hilo, los dientes se gastan. Hacen chirridos agudos que molestan.

El ciego da con el pedestal, da con la llave. La agarra, la toca, la mordaza disminuye, las gotas caen, el piso queda atrás, el azul crece, el ciego se incorpora, encuentra la pared, la mordaza va aflojándose, los dientes molestan, también se aflojan, las manos vuelven a la pared, sienten húmedo, saben que es el camino, siguen la humedad hasta la cerradura, la mordaza casi cae, las manos tocan el hueco, los ojos que ven se mueven para todos lados, lloran, jadean, muerden más fuerte. Las manos acarician el ojo de la cerradura, tantean la posición de la llave, el hombre jadea más, muerde la mordaza, la afloja más. La mano encuentra la puerta, las pupilas se dilatan, la mano gira, la llave abre, las gotas evolucionan a chorros pequeños, la mordaza cae, la llave vuelve a girar, los chorros se hacen grandes, el de la silla grita "¡NO ABRAS!", el ciego se asusta, cae, la puerta se abre dejando caer dentro de la habitación una catarata que se suma a las gotas, a los chorros, disuelve el piso y termina inundándolos a ambos de un azul oscuro, casi negro.
-------------------------------
Inspirado en esta canción:


martes, 22 de abril de 2014

Por Las Dudas

Vinieron a mi casa riéndose, trayendo cinco fajos de billetes de cien dólares que tiraron sobre la mesa al entrar. Sorprendido los miré. "Son falsos", me dijeron, "los acabamos de comprar en una casa de bromas", y rompieron a reír a caracajadas.

"Muy gracioso..." dije mientras agarraba uno. Eran totalmente idénticos, se sentían igual a tacto y lo único que los diferenciaba de un billete común, a simple vista, era una leyenda que debajo del valor, decía "Billete falso, no válido para uso comercial".

Me dijeron que los tire, que ya habían cumplido su misión de sorprenderme. Los puse en una bolsa que llevé al tacho de basura, pero antes de tirarlos, los guardé en una de las puertitas del aparador de arriba.

Por las dudas.

miércoles, 16 de abril de 2014

Enredarse con lo Inalámbrico

Se levantaba todas las mañanas sabiendo que su día iba a ser una aventura impredecible. No por su trabajo en la fábrica de cartón, ni por su esposa, Elba, que atendía una librería a unas cuadras de casa, sino por su superpoder. No, no volaba, ni se teletransportaba, ni hablaba con animales, ni era súper inteligente. Su superpoder era palpar los datos que flotaban en el espacio, desde descargas que los vecinos hacían por WiFi, hasta ondas de la televisión satelital.

Entonces, era común que saltara por su ventana del noveno piso y cayera sobre un mp3 que lo llevara a planta baja, o que se tropezara con el noticiero de las doce cuando iba a comer. Una vez, mientras corría, casí le saca un ojo la discografía completa de Led Zeppelin que venía de frente, que un chico en la plaza estaba descargando con su tablet.

Entre tanta información que volaba a su alrededor, una vez se quedó atónito. Escuchó voces, se sintió atraído, pero no atraído para irse siguiéndolas, sino para quedarse inmóvil para no perderlas.

Se tropezó un poco, pero logró, después de un rato de probar posiciones en el lugar, volver a captarlas. Era una radio zonal, independiente, que le llamó mucho la atención. Ese día se quedó inmóvil dos horas, escuchando, mientras la gente que pasaba lo miraba extrañada. Una casualidad, como suele pasar, hizo que el viento le robara su sombrero -porque no dijimos que este era un hombre que vestía con estilo- y lo tirara al piso, a sus pies. Quieto, miraba con sus ojos para abajo sin mover la cabeza, al sombrero, como gritándole que vuelva, pero obviamente los sombreros no interpretan el significado de nuestras palabras, y nosotros no conocemos su idioma, así que ni se inmutó.

Al rato, una señora algo mayor que pasaba dejó una moneda dentro del sombrero del hombre, lo miró y sonrió. Ese mismo día, el hombre renunció a su trabajo y todos los días volvió a esa misma esquina, a la misma posición para poder escuchar esa misma radio que tanto le había gustado, con el sombrero -que seguía sin hablar castellano- a sus pies, donde trabaja actualmente como estatua viviente, disfrutando siempre de la compañía de su radio preferida, que le hizo olvidar todas las películas pesadas que le caían encima mientras esperaba el colectivo a la mañana, todas las novelas de la tarde que le hacían cosquillas en los pies, y todos los remixes de temas de Madonna que le taladraban los oídos.

----------------
Dedicado a la gente de La Fribuay

martes, 1 de abril de 2014

Retomar

"Volver con la frente marchita" murmura un tango en una radio destruída que escucha el portero de donde trabajas, que entredormido te saluda bostezando cuando, vos también en plena bocanada de aire (no podría decirse con exactitud quién contagió el bostezo a quién) levantás la mano sin emitir palabra, te acomodás la camisa que obviamente jamás planchaste, y vas a esperar el ascensor para lo que será un nuevo año de oportunidades (tormentos) que acaba de comenzar.

Las vacaciones son como una inyección de libertad que nos meten en la piel por lo general entre enero y febrero (hay quienes las tienen más adelante, pero vamos a hacer hincapié en las tradicionales vacaciones de verano), que entre la cosa con amigos, los viajes de mochilero a lugares desolados y esas mañanas (porque cuando uno está de viaje inexplicablemente se levanta a la mañana) en el bolsón llena de hippies se van desvaneciendo, y nos golpea el adoquín de la verdad: Las vacaciones terminaron, hola rutina, hola sobredosis de café, hola jefe, hola a la gente que no queremos saludar, hola vida de persona grande.

Así entonces, con lo que queda de nuestro hígado nos sentamos en el escritorio a pensar en lo que hicimos (porque suena como castigo y tal vez lo sea) en las vacaciones: Despertarse para merendar, acostarse después de desayunar, salir todos (TODOS) los días a algún bar, conocer gente nueva, andar por ahí como vagabundo (o sintiéndose uno).

La rutina no sólo viene acompañada de trabajo, claro, sino de cierta organización en la vida EN BASE a la vida laboral. No salir los días de semana (o salir y bancarse las consecuencias), no beber durante la semana (o bancarse las consecuencias), no quedarse en casa viendo nuestra serie favorita hasta las cinco de la mañana (o bancarse las consecuencias). Se como sea, estamos pendientes de todoloquepuedellegarapasarsi... y como a muchos poetas de la rutina les encanta decir, "nos van cortando las alas", pero pluma a pluma, para que duela. Y duele.

Quienes tienen, además de sus vidas, el cuidado de otras como (podríamos hablar de mujeres mantenidas o suegras, pero vamos a concentrarnos en) hijos, todo esto implica no solo adaptarse a los propios horarios, sino combinarlos con el de esta otra persona y hacer que cada día sea una rigurosa carrera contra el tiempo. Quienes tengan niños pequeños que vayan al jardín o primaria, sabrán que hay que desayunar/vestir/llevar al colegio en tiempo récord, y que aún así esto nos de el espacio necesario para llegar al trabajo y no perder el presentismo (quienes luchas por él) o no aguantar los primeros veinte minutos de la jornada un discurso sobre la moral, las buenas costumbres, el horario y el planchado de la camisa.

¡Pero no todo está perdido! Aún quedan los fines de semana y varios feriados donde volver a inyectarnos esa sensación de vacaciones (aunque en dosis más cortas, condensadas y explosivas) para poder calcular "bueno, si descono el viernes, paso todo el sábado en cama hasta la noche, vuelvo a salir y el domingo fisuro todo el día" y tratar de no morir en el intento, ante tan delicada sincronización etílica.

De todos modos, no hay que preocuparse. Entrar en la rutina no es tan malo, podemos reconfortarnos por el simple hecho de saber que hay personas que se toman vacaciones en Septiembre y vienen sufriendo esto desde mucho antes que nosotros, así que brindemos por lo viernes, por los feriados puente y por esos martes, miércoles o jueves en buena compañía que instantáneamente se transforman en sábados sin que nos importen las consecuencias de la mañana siguiente, ni las arrugas de la camisa, y seguimos inmersos en la rutina a la que nos acostumbran, pensando en que lo único que queremos retomar, son las vacaciones.
-------------------------------
Publicado en Marzo de 2014 para Clap! Revista

viernes, 21 de marzo de 2014

El pez por la boca vuela.

jueves, 13 de marzo de 2014

Secuencia

De la semilla al tallo.
Del tallo a las ramas.
De las ramas al tronco.
Del tronco al árbol.
Del árbol a la arboleda.
De la arboleda al bosque.
Del bosque a la hectárea.
De la hectárea al campo.
Del campo al río.
Del río al mar.
Del mar al continente.
Del continente al mundo.
Del mundo al sistema solar.
Del sistema solar a la galaxia.
De la galaxia al universo.
Del universo a las dimensiones.
De las dimensiones al tiempo.
Del tiempo a la explosión.
De la explosión a la semilla.

Y es tan sólo una semilla.

lunes, 10 de marzo de 2014

In Invisibilidad

"Si me tocás, me volveré invisible. Cualquier roce, accidental o a drede, hará que instantáneamente desaparezca. Es por eso que si te cruzás conmigo, si me abrazas, si me besas, si querés acercarte de cualquier forma, no volverás a verme jamás, solo el aire donde mi cuerpo ocuparía un espacio." Le dijo mientras fruncía el ceño.

"No hay problema." contestó, mientras se arrancaba los ojos con un tallo de rosa.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Chispas

Excéntricos ambos, eran víctimas de las modas más exóticas que alguien pueda llegar a descubrir, siempre pendientes de lo último en cada continente, siempre dos pasos adelante de cada temporada.

Él, incansable trabajador de manos gastadas, había hecho su fortuna vendiendo pan con la receta de su abuela, que una vez fallecida le dejó dentro de una botella junto con trescientos pesos que le ayudaron a comprar sus primeros paquetes de harina en el almacén del barrio, cuyos paquetes aún conserva en la vitrina centran del living, junto a un enorme ventanal que da a su campo de golf de pasto celeste, genéticamente alterado para él.

Vivió siempre cerca del barrio donde nació, siempre solo a partir de la muerte de su abuela. Su única preocupación fue que la masa levara correctamente, que no se humedezca la sal y que el horno se mantuviera a temperatura. Así, logró forjar un imperio que le dio la fortuna que actualmente posee.

Compra por internet cuanto objeto de colección único pueda encontrar: Desde sillones de formas inentendibles -algunos incluso con manuales que explican cómo sentarse en ellos- hasta utensilios de cocina con formas irregulares, capaces de extraer el ojo del comensal al pinchar un raviol.

Su ropa, siempre de las mejores telas, con colores llamativos y texturas estridentes, que lastimaban a la vista tan sólo con pestañear cerca.

Ella, en cambio, nació con la vida resuelta. Hija de un padre abogado, muy estructurado, que consintió siempre a su hija única.

Carente de madre, pero rodeada de sirvientes, vivió su infancia en una nube rosa de satisfacción, que duró hasta terminar sus estudios en medicina con un promedio de siete. Obviamente, jamás pensó en ejercer, pero hizo cuanto su padre le pidió sólo para poder mantener su status y nivel económico.

Las pocas horas de clase no se comparaban con las muchas de fiestas, sushi y viajes, tal vez en su avión privado o simplemente en el Rolls Royce que compró de capricho en una concesionaria alemana.

De gustos totalmente descabellados, solía comprar pinturas de artistas totalmente desconocidos que al parecer, no sabían lo que hacían, por precios incalculables, que luego amontonaba en un armario oscuro detrás del armario enorme donde guardaba los zapatos.

Una semana atrás, ambos buzones habían sido intervenido con el mismo sobre, del mismo color rosa, con la misma invitación, por lo que una semana después, a esa hora, en ese mismo salón, estaban ambos presentes.

Él, con un smoking de cortes desprolijos pero cuidados, color verde brillante, el pelo teñido con una tiza violeta, un carísimo perfume por el que pagó fortuna, que tenía esencias de flores ya extintas del amazonas, con fluidos de ciertos animales críados exclusivamente para licuarlos en esa mezcla, y unos pantalones largos y negros que tocaban con la punta de las mangas sus mocasines azul perlado.

Ella, con un vestido que encajaba perfectamente con su figura y se confundía con su piel, a pesar de ser celeste, con algunos andrajos de seda que chorreaban por el piso. El peinado altísimo y rubio, recogido de forma inusual pero llamativa, unos zapatos de taco aguja multicolores, anteojos transparentes, joyas a gusto y un exquisito perfume de diseñador que tenía un añejamiento de 400 años y sólo se habían creado seis frascos pequeños, los cuales contenían poderosos químicos concentrados de un aroma extraordinario,
y cuya receta fue quemada una vez concluídos los seis frascos, luego de matar a su creador, quien los hizo para una princesa rumana, que murió durante unas invasiones poco después de terminada la receta, y que nunca llegó a utilizar.

Sus ojos se cruzaron por el medio del salón, atravesando toda la pista de baile. Quizás los colores fueron los que se llamaron a sí mismos, y comenzaron a caminar mirándose fijamente, él con sus lentes de contacto rosa, ella con sus pestañas de diez centímetros.

Así avanzaron por el salón, sin mirar el sushi o el caviar que dejaban atrás en cada paso.

Él recogió de una bandeja sin torcer la vista, dos copas larguísimas y finas de Don Perignon, casi haciéndo tropezar al mozo, mientras ella sonreía irónicamente.

Su acercamiento tuvo lugar frente a una gran fuente de hielo decorada con frutas, la proximidad les erizaba la piel. Cinco metros, tres metros. Casi se tocaban, cuando sus aromas se mezclaron.

La esencia de flores extintas del Amazonas friccionó con los extraños e inentendibles químicos antiguos, generando chispas en el aire, que dieron lugar, una vez concretada la reacción, a una terrible explosión que disolvió entre aire, perfume y frutas de estación, no sólo a los dos excéntricos invitados, sino también el salón y los edificios en un radio de dos cuadras.

miércoles, 26 de febrero de 2014

La Herencia

Fallecido mi abuelo, toda la familia se juntó en una larga ceremonia que duró dos almuerzos, para repartir la generosa herencia. Todos se fueron con una sonrisa y un hermoso paquete, y yo, con una pequeña carta.

Llegué a mi casa, me encerré en mi habitación y con mucho cuidado, abrí con un cutter el sobre salivamente sellado y saqué un papelito doblado, amarillo, que al abrirse decía con letra horrible: "Detrás del patio, la gran X". Pensé en mostrarle la nota a mis padres, pero suponiendo que el hecho de que la carta fuera solo para mi significaba que yo sólo debía saber el enigma, opté por guardarme cada palabra.

Esa noche apenas pude dormir.

En la mañana, pedaleé hasta la vieja cada del abuelo. Entre bostezos, salté la reja de pesado metal negro y corrí al patio, atrás. Revisé con el lugar con los ojos. Nada. Luego, una puerta, al fondo, en el taller, un X enorme de madera la cruzaba. Corrí, entré.

Dentro del pequeño taller de madera, había algo extraño en el suelo, una baldosa floja. La levanté. No había más que tierra, pero por mi descuido, noté que la siguiente estaba despegada del suelo. La levanté. Un agujero en la tierra.

Empecé a agrandar el agujero con una pala, hasta que dí con algo pesado y pequeño. Rodeé la cosa con la pala, como liberándola, y la llevé afuera, donde el sol dejaba verme con más claridad.

Era una especie de cofre, pero no tenía llave. Así que lo abrí usando un cortafierro y el poder de un gran martillazo, y dentro, una caja roja un poco más pequeña que el contenedor anterior, cerrada con una cinta vieja, que decidí cortar.

Dentro, una pequeña lata ovalada que tomé entre mis manos. Era como de galletitas viejas, y a pesar de estar bastante despintada, aún se notaban una o dos mamushkas dibujadas. Agarré la tapa con la palma de mi mano, y haciendo un poco de fuerza pude zafarla y alejarla del resto del envase.

Dejóse entrever a la luz del sol un sobre normal, amarillento.

Lo agarré con ambas manos, parecía contener algo grande dentro, y rectangular.

Cuando me concentré en el sobre, decía muy grande con la misma letra horrible: "JAMÁS ABRIR ESTE SOBRE" pasando justo cerca del punto lacrado.

Obviamente lo guardé y enterré de nuevo. No soy ningún desobediente.