domingo, 13 de septiembre de 2015

Cenizas

- ¿Y ahora estás viviendo? - Me preguntó.

La dejé escapar porque no había motivos. Corrió por la espesura hasta transformarse en trigo, y de su tallo jamás crecieron las cenizas, aunque su alma siempre fue de fuego.

Atravesamos pantanos, espesuras, mesetas y desiertos hasta llegar donde nos habíamos encontrado por primera vez, pero no fue como aquella; esta oportunidad se hicieron presentes los relámpagos, las tres lunas y los avispones.

Supusimos que era uno de esos sueños horribles, una pesadilla encarnada, pero el dolor era demasiado real. Temíamos despertarnos y seguir en el sueño, temíamos el bucle infinito de caer sin tocar fondo.

Temíamos los planes del destino.

Pero no podíamos tampoco, cancelarlo todo. Éramos, estábamos, al mismo tiempo que dejábamos de existir instante tras instante. Y en un tercer tiempo, íbamos a ser, íbamos a estar.

Se veían las estrellas, las constelaciones, las galaxias y todos los universos posibles. Era un limbo. No. Eran como diez limbos. La nada multiplicada por mil.

El tiempo no surtía efecto, no funcionaba. Lo habíamos destruído.

Alrededor, un huracán hacía flotar las dimensiones, y los buenos y los malos pensamientos. Y todos los demás. Y la ira. Y la paz. Y la incertidumbre. La incertidumbre que siempre nos acorraló.

Y pensar, y pensar, y pensar en los colores, en los fantasmas, en las grietas, en todos los ruidos. En los colores otra vez. Blanco. Blanco. Blanco. Blanco. Blanco.

- Creo que no - Respondí.

sábado, 15 de agosto de 2015

El Loop de las Piedras

Somos seres pensantes, que vivimos en sociedad amuchados en autos, colectivos, edificios, ascensores y manifestaciones a favor de distintos pensamientos e ideologías que sorprenderían a cualquier filósofo de la Grecia Antigua.

Es así que, al vivir tan encimados, pegados uno al lado del otro, a veces, lo de "pensantes" nos queda un par de talles más grande e incorporamos en nuestra rutina ciertas imperfecciones que se van dando esporádica pero constantemente y nos hacen descreer de nosotros mismos, aunque con la convicción de que no lo volveremos a hacer, volvemos y volvemos y volvemos y volvemos (y así para siempre) a cometer los mismos errores.

Metafóricamente hablando, supongamos que vamos corriendo por una pista de atletismo, esas de polvo de ladrillos lisiitas, lisiitas, cuando de golpe, unos centímetros frente a nuestros pies, crece un cascote sólido, imposible de evitar. Lo impactamos, volamos hacia adelante, destrozamos nuestros codos, las rodillas, el mentón, se nos salen un par de dientes, pero como podemos, nos levantamos y al mirar hacia adelante, notamos que estamos un poco más atrás de esa piedra, pero la piedra ya se ha ido. Terminamos de incorporarnos, nos limpiamos el polvo de la remera blanca y seguimos la corrida hacia adelante, pero exactamente en el mismo lugar, el cascote aparece, inevitable, y volamos, y tenemos frutillitas en las extremidades que van a doler MUCHO al bañarnos, y una frustración amarga, tapada por la inocente idea de que no va a volver a pasar, pero nos levantamos y de nuevo, estamos unos metros atrás. Avanzamos, y, como no hay dos sin tres, volvemos a volar y a volar y nuestras rodillas ya son huesos, no tenemos más dientes, no podemos bañarnos nunca más, nuestra piel ya tiene un color aladrillado imborrable que cada vez nos va convirtiendo a nosotros mismos, en un cascote.

"Caminante, no hay camino, se hace camino al tropezar con la misma piedra una y otra vez"

viernes, 14 de agosto de 2015

Selectividad

Una mañana, la vi corriendo con terror de aquella esponja húmeda que yacía en el fondo de la bañera.

Otro día, después de almorzar, la vi gritando por una aceituna que había caído fuera del plato al levantarlo.

La tercera vez, pasó cuando una nube de aspecto gracioso y redondo pasó por el cielo, delante de sus ojos. Empezó a correr como nunca, hasta refugiarse en un cuartito cercano.

La fui a buscar y le pregunté qué le pasaba. Levantó su cabeza, y temblando me respondió: "Uno puede tener miedo cuando quiere".

viernes, 7 de agosto de 2015

Las Aventuras de la Silla Roja

Y una vez más, la silla roja esperaba ansiosa el peso sobre su cuerpo. Se sentía débil, frágil, simple, se sentía malquerida y abandonada. Pero su color se intensificaba por las mañanas, cuando veía a todo el mundo correr de un lado para el otro, sabiendo que alguno se cansaría, o necesitaría hablar por teléfono y ahí acudiría a ella, a su tapizado color manzana casi alfombrado.

Disfrutaba cuando los demás la disfrutaban a ella, y guardó secretos de romances, de guerras de oficina que tenían los guardias de seguridad por las madrugadas, tirándose compases, reglas y engrampadoras, disfrutaba girar tresciento sesenta grados mil veces a la izquierda, dosmil a la derecha y subir y bajar para ajustarse a la altura de su eventual dueño para facilitarle el acceso al escritorio.

Vio subir y bajar pasantes, jefes, gerentes, y ascender pasantes a secretarias, secretarias a esposas, de esposas a viudas, de viudas a millonarias, pero sin jamás emitir una opinión ni un juicio sobre lo que veía, simplemente su conciencia se ocupaba en la espera de alguien que distribuya su peso sobre su asiento por aunque sea, unos momentos.

Y con el pasar de los años, de las generaciones, de las gestiones y las idas y vueltas de la economía, ella seguía ahí, tan roja como siempre, fiel a su misión, contenta de la espera y ansiosa por sentirse útil, y sin embargo, nunca nadie la mencionó en una conversación, ni en un informe, ni la tomó en cuenta para una decisión importante, ni siquiera le preguntaron cómo estaba, hasta que claro, la empresa fundió, los empleados no fueron más, y el edificio fue abandonado porque ya nadie quería comprarlo.

La silla roja quedó ahí, jugando con el polvo, recibiendo los rayos del sol que entraban por una de las hendijas que dejaban las maderas que tapaban las ventanas, que cada tanto eran interrumpidos intermitentemente por los transeúntes que pasaban por la vereda, y con los que la silla roja mataba el tiempo, imaginando qué peso tendrían, y si eran guardias, pasantes, empleados, jefes o gerentes, porque eran los únicos tipos de personas que había visto en su maravillosa existencia.

miércoles, 5 de agosto de 2015

El Calor Después del Calor

Resulta que estaba por empezar a escribir de otra cosa, y ya tenía la idea masomenos cocinada, cuando una mañana me levanté totalmente transpirado, tapado por las sábanas y frazadas que suelo usar a fines de agosto/principios de septiembre y me dije "Alguien se olvidó la estufa prendida", y sí, definitivamente alguien se la olvidó, pero en alguna galaxia cercana y nos vino todo el calor de golpe.

¿Quién se robó la primavera? Salimos del invierno para entrar en un verano que nos pegó duro, y seguramente vuelva a haber días de frío, pero el placard se vuelve loco, tiene miedo y no sabe ya si al despertar mañana vamos a ir al cajón de las medias o al de las sungas (porque es obvio que todos guardamos las sungas que SÍ usamos en un cajón especialmente reservado para ellas), o si saquearemos el área de camperas.

Mucho culpan al calentamiento global, otros a los dinosaurios, algunos empiezan a creer que el infierno se acerca y se aleja de la superficie generando o echando atrás la ola de calor, pero ¿cómo podemos realmente saber lo que pasa?

¿Qué pasaría si sólo viviéramos en verano?

Las empresas de aires acondicionados romperían las ventas, pero el consumo eléctrico aumentaría considerablemente, ya que el calor por lo general se produce con gas (si, ya se que existen generadores de calor eléctricos, pero no me jodan), y el frío con electricidad, mucha electricidad.

Entonces, es probable que haya que instalar más centrales eléctricas para soportar este consumo, y muchas se fundirán. Explotarán e incendiarán con fuego eléctrico los campos, que derivarán en incendios forestales casi imposibles de controlar, puesto que los focos estarían muy dispersos y los cuerpos de bomberos no darían a basto para apagarlos a todos a la vez.

Luego, el fuego llegará a las casas, obligando a la gente a escapar y huir hacia lugares del campo a los que el fuego no ha llegado aún, esperando que lo haga de un momento a otro. La tierra se convertirá en llamas, los océanos se evaporarán debido a las temperaturas altísimas producidas por el fuego que, para ese entonces habrá eliminado al 99% de la población y de los seres vivos.

El vapor de agua llegará a la atmósfera, limpiando el humo negro que se había concentrado por la quema del mundo, volviéndose una toda nube blanca, que explotará en lluvia, apagará el fuego y llenará al mundo de agua nuevamente, pero esta vez cubrirá una superficie mayor al 95%, dando lugar a una nueva etapa terreste con vida acuática.

Si se lo están preguntando: Sí, el planeta está conspirando para matarnos.

Si también se lo están preguntando: Sí, los delfines son muy inteligentes y están planeando todo esto.

Y por sí también se lo están preguntando: Sí, no tengo idea de qué estamos hablando.

¡Feliz primavera cálida para todos!

viernes, 17 de julio de 2015

Tercer Manifiesto del Abismo

LA MUERTE DEL ABISMO

Como bien sabemos, hemos estudiado y aprehendido, todo tiene un final. Todo en este universo, tiene fecha de caducidad, y el abismo, claro, no es una excepción. Aunque por su egocentrismo puede llegar a creerse inmortal, el abismo bien sabe que sus días están contados, como marcas en una pared, o como pétalos de un rubí.

Es así, entonces, que el abismo se funde en sí mismo, implosiona, haciéndose cada vez más chico, desarmando su supernova, volviendo inversa la gravedad, rebobinándose. Por él transitan las venas, los colores, las infusiones de sangre hervida que él mismo había generado, acortándose, desencintándose, helándose.

Vuelto una canica, se estanca, mira a su alrededor y prepara su muerte, aún creyéndose inmortal, como hasta hace pocos instantes, antes que todo comenzara.

Al inmolarse, corren por el espacio la luz y el sonido, alentándose, alcanzándose, relampagueando y extinguiéndose, junto con todo alrededor.

LA NADA

Una vez extinto, todo no existe. La luz se tragó todos los colores, y al desaparecer, escaparon con ellos todo lo recordable, lo existente.

No quedan ni pequeñas partículas, ni luces, ni ondas.

El fin. Gracias por todo.

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EL NACIMIENTO DEL ABISMO

Como bien sabemos, la existencia es cíclica. Pero, ¿cómo podría formarse algo a partir de nada? Este, uno de los hechos de más intriga milenaria de la humanidad, tiene su explicación en base al egocentrismo mencionado en La Muerte. Es tanta la energía emanada por su no-existencia, y tanta su furia por no ser parte del universo, que vuelve a crearse desde cero a sí mismo, en una explosión magnífica, repleta de colores, de árboles, de soles, de radiación y de mitologías.

Es así como el abismo siempre existe, incluso cuando él mismo decide dejar de existir, manipulando su materialidad en el universo, imposibilitando su no-ser por pura necedad, irritándose frente a su propio vacío, proclamándose a sí mismo, inmortal.

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jueves, 9 de julio de 2015

Un Segundo Antes de Dormir

Un segundo antes de dormir, salvamos al mundo.

Cerrar los ojos, concentrarse, despejar la mente, relajarse, e intentar conciliar el sueño, es algo tan cotidiano para todos como pelar una papa (porque todos, alguna vez, pelamos una papa). Sin embargo, en este proceso cotidiano y necesario, aún para quienes duermen menos de la media recomendada por el 90% de los odontólogos, tiene en su summum una cualidad vital, que es cuando se detiene el tiempo y el cerebro, haciendo uso de su máximo potencial, nos hace indestructibles, inmortales, sabios.

En el momento JUSTO anterior a sumergirnos en el trance del sueño, se nos ocurren las mejores ideas: Poemas nunca antes escritos, canciones increíbles, ideas para salvar a la humanidad, inventos curiosos y simples que podrían hacernos millonarios, y miles de genialidades más.

Es en ese instante que nos jactamos de nuestro intelecto superior, y nos autonombramos genios salvadores de la humanidad y de los planetas lindantes: ¡Cómo no se me había ocurrido antes! ¡Sí! ¡Es la idea que estuve esperando todos estos años! ¡Al fin voy a dejar de robarle la comida al gato del vecino y voy a poder tener mis ingresos!

Obviamente, mientras perfeccionamos nuestro plan maestro que nos va a sacar de la clase media y nos catapultará directamente a una pileta de oro rellena de vino caro, y una cuenta bancaria aún más extraordinaria, vamos quedándonos dormidos sin darnos cuenta.

Ahí mismo, entramos en una especie de coma, en el cual podemos pensar pero no podemos movernos. Entonces, divagamos un poco más, damos detalles, imaginamos la fama, la rozamos con el pensamiento, intentamos soñarla aún despiertos.

Y es justo en el instante donde todo está resuelto, donde los engranajes giran, los patitos se ponen en fila y el par jugadores no falta, al igual que los caramelos del frasco, que están toditos, es que nuestro intelecto superior de homo sapiens más evolucionado que el resto, pensamos en levantar nuestro cuerpo en trance y ANOTAR todas las ideas fantásticas y así, al otro día a primera hora, ponerlas en marcha y conseguir la gallina de los huevos de oro. Pero obviamente, optamos por confiar en nuestra memoria afectada por los años, las sustancias psicotrópicas o los tres kilos de mandarina que comimos al mediodía, porque la promo de la verdulería del barrio no nos dejó escapar, y así, confiados en que a la mañana vamos a tener conocimiento pleno de lo que acabamos de tramar, nos vamos a dormir.

Y al dormir, seguramente, nos borran la papelera de reciclaje donde guardamos con SEGURIDAD las mejores ideas, y nos despertamos con la mente en blanco, con un resabio de que anoche pasó algo entre nuestras neuronas, pero no podemos decir qué con seguridad, y la idea, una vez más se desvaneció.

Claro, mientras pensamos todo esto, el gato del vecino ya se comió toda su ración de comida, la verdulería no tiene más promociones y como si fuera poco, llegamos tarde al laburo, perdemos el presentismo, pero manteniendo el buen humor y el pensamiento placebo de "Tengo que empezar a anotar mis ideas" que impide que nos inmolemos en un supermercado suplicando un 2x1 en bifes angostos y 12 cuotas sin interés.

martes, 7 de julio de 2015

ahihayayahy

Creo que no nos estamos entendiendo. Vimos imágenes en TODAS las redes sociales. Nos lo dijeron familiares, amigos e incluso desconocidos. Nos repudia el universo. Y sin embargo, tenemos problemas con las palabras "ahí, ay, hay, ahy" y sus miles de variantes deformes.

Desde la escuela de Leyes del Abismo, donde se dictan los más profundos conocimientos sobre el arte de la escritura correcta, promovemos la perfección en cuestiones de ortografía, gramática, y aberraciones tan deformes que dejarían ciego hasta a tu vieja.

(Vale aclarar, que el Abismo en sus escritos pone faltas a estas leyes, horrores ortográficos, omisiones y cdlkvjhdflh TOTALMENTE A PROPÓSITO para que no sea todo tan perfecto, viste.)

La cosa es que hoy, luego de escribir sobre los signos de puntuación, los puntos suspensivos, y algunas cuestiones similares, quiero aclarar con un ejemplo muy entendible para que nos entendamos. Porque entendiendo, se entiende la gente.

EJEMPLOS:

"Hay Vino": Bien. ¡Salud!.
"Ay, vino": Puede entenderse como "Ay, qué repugnante vino" o "Ay, esta semana no la ponés ni en pedo". En cualquiera de los casos, el vino sigue siendo nuestro.
"Ahí vino": Sería que un nuevo personaje apareció. Ojo, seguro se vaya a tomar el vino.
"Ahiíy vino": Significa que ya estamos casi a punto caramelo, por lo que habría que ir a buscar otro vino.
"adfhii viyno": Llegó el segundo vino.
"aahsdfdhi Výnóuy2": El segundo vino nos cagó a trompadas.
"asffddsfgdhn vetobgajagegsnb": No había lugar para el tercer vino, pero lo tomamos igual.
"dsgufvgjgfhkgjhflñkgblkjsdbñsbgkj0t78": ♫ No di maaas, y le di noches exóticaaas ♫
"Che boludo, mirá, tengo celular nuevo ayyy jajaja": Mensaje enviado por una persona que encontró tu celular en el piso y se lo re choreó.
"Ayyyýyýyy gordisss, siiii, miraa saca fotos y todo": El chorro era mujer.
"Mamá que ahy para comer?": Y además, no sabía escribir.

¿Cuál es la moraleja de esta historia? 
Que tenés que tomar todos los vinos que puedas, mientras no pongas "Ahy".

Salud!

jueves, 2 de julio de 2015

Invfierno

Algunos se preguntan cómo será la vida después de la muerte, si existe el cielo, si hay un infierno. Nadie sabe cómo es cada uno de esos paisajes mitológicos que forman parte entre la mística del desconocimiento y de la religión que muchos practican, pero sí es cierto que, aunque muchos digan que están concatenados y que no existe uno sin el otro, podemos decir que EL INFIERNO EXISTE y llega en el hemisferio sur, cada Julio.

Este infierno no es un lugar repleto de llamas y agonía, sino que todo lo contrario: El frío quema más que mil incendios y nos hace recluirnos en una perpetua prisión de sábanas, perpetua por lo menos hasta que asomen las primeras flores de la primavera, cosa que para muchos, es más de una eternidad.

Es así como muchos deciden combatir el frío de Julio que amenaza con romper dedos, con  apretar bufandas y con hacer complicado desnudarse para darse una ducha (porque la mayoría de la gente se baña DESNUDA, SÍ, ¡DESNUDA!) con algunas infalibles técnicas que no hacen que el frío se vaya, pero por lo menos nos entretienen y hacen que todo pase más rápido.
Una estrategia bastante común es abrigarse con unas veinte capas de ropa de lana, que no sólo hace que te quieras rascar TODO el tiempo, sino que también dificulta ampliamente la capacidad motriz, haciendo que una simple tarea como caminar por la vereda se vuelva dificultosa y horrible.


Una muy utilizada en los transportes públicos en la gran técnica del invernadero, que consiste en cerrar herméticamente el vehículo para compartir entre todos un caldo de cultivo de gérmenes,

sudor vaporizado de todos los viajantes que respiramos continuamente y claro, eso sumado al exceso de ropa produce cierta descompensación que nos obliga a desprender gases de olores extravagantes que se trenzan con el resto, armando una verdadera trampa mortal.

Los guantes... ¡LOS GUANTES! Terrible invento del ser humano, específicamente preparados para gente que no hace nada durante todo el día, ya que el uso de los mismos hace imposible cualquier tarea: Cocinar, escribir en papel o en la computadora (MENOS en el celular), jugar a algún deporte, hacer trabajos de cualquier tipo. Por ende, si estás por empezar una conversación para levantarte una chica o un chico y ves que tiene guantes, abortá la misión al instante: Lo vas a tener que mantener el resto de su vida, y si te morís primero se queda con toda tu herencia, porque la gente que tiene guantes es así, cruel y despiadada.

Están los que deciden recluírse de la sociedad entre un valle de sábanas y frazadas, abusando así de las películas clase B y la comida caliente y calórica, siendo estos quienes luego, dos meses más tarde, empiezan las dietas y ejercicios para "estar bien para el verano", aunque el espejo no les diga que parecen un tanque australiano porque claro, la mayoría de los espejos no hablan, por lo menos no sin la ingesta de duros estupefacientes de los que no hablaremos en este artículo.

Es así como cada uno inventa estrategias, excusas y más excusas para evadir el frío, evadir responsabilidades y evadir salidas, todo sea por permanecer dos o tres meses a cubierto, esperando por fin, la caída del infierno congelado que muchos sobreestiman, otros exageran y algunos, les decimos "¡Pónganse una campera y dejen de romper las pelotas, que no vivimos en Alaska!".

Salud.

jueves, 25 de junio de 2015

Infinitos

"El simple hecho de apagar todas las luces de una casa, hace que las cosas desaparezcan." me decía una y otra vez, tapándose y destapándose los ojos con una cinta de papel que había armado y pintado a modo de antifaz, sin agujeritos para los ojos.

Y ahí mismo, en medio de la vertiginosa improvisación de un saxofón que sonaba de fondo, reventaron los focos, y se arrimaron un poco las paredes, unas con otras. 

"¿Fuiste vos?" me preguntó riéndose.

"¡Claro!" contesté, dejando el destornillador, aún humeante, en el suelo.

De repente la habitación, negra, se volvió un campo, se volvió infinita. Podíamos correr kilómetros en línea recta sin descansar, podíamos gritar, saltar, teletransportarnos unos metros más adelante, o unos kilómetros más atrás.

Y así, sumergidos en la intemperie de la oscuridad, pudimos romper el techo, disolver las paredes. 

Las lámparas revivieron, nos estampamos contra el cielo y caímos al suelo, dejando grietas en todo el parqué. 

Por suerte quedaba todavía, un rollo entero de cinta de papel, y varias horas antes de que salga el sol.

miércoles, 24 de junio de 2015

CongelaDedos

Sabemos que el frío es un enemigo despiadado, y no tiene perdón ni clemencia ante nuestros suplicios. Es así, tan macabro su actuar, que no le basta con hacer que nos abriguemos con diesicéis capas de tapados de lana, tres remeras y ocho pares de medias de las que tapan hasta las rodillas, sino que ataca directamente a nuestra humanidad, a nuestra capacidad de actuar. Se mete con nuestro talón de Aquiles, que a pesar de ser metafóricamente un talón, está en las manos: Se mete con los dedos.

Sí. Aquellas pequeñas extremidades articuladas de la mano, son los blancos más fáciles del frío, que suele actuar haciéndoles bulling y casi petrificándolos, incrementando exponencialmente nuestra incompetencia.

Es así que durante los días frío enviamos mensajes de texto como "th epsoeor a las deiz en la puerya" sin estar ebrios, intentando mientras, que no se nos caiga el celular, porque podemos mover la mano tan lentamente que no alcanzaríamos a atraparlo. Esta lentitud se da también cuando queremos realizar casi cualquier actividad, desde una simple como abrir un picaporte (que si es de metal nos va a dar un poco más de frío horrible) hasta algo complejo como tocar la guitarra, donde nuestro cerebro envía información a los dedos para que se muevan en determinado orden, y los dedos le dicen "Loco, ¿qué carajo te pasa?, ¿no ves que no damos a basto con el personal?" y llaman al sindicato y se pudre todo.

Nunca vamos a poder entender por qué la mano más fría siempre es la del mouse, así le pongamos onda y la movamos, tratemos de hacerla entrar en calor, infructuosamente, claro, provocando así una escasa productividad en horas laborales, o casi nulas ganas de usar la computadora para hacer trabajos prácticos o estudiar.

Eso sí, está comprobado que para chatear con diez personas a la vez por Facebook, subir fotos a Instagram, o postear cosas que odiamos en Twitter, la mano sube la temperatura y se mueve siempre lo más bien, así que debe ser el trabajo que nos enfría los deditos!

ANEXO:

Ni hablemos de los dedos de los pies, que se congelan aún peor, pero no los sentimos, flotando en un sufrimiento silencioso hasta que de alguna forma, algún mueble, una silla, el perro o cualquier elemento contundente impacta de forma brutal e inesperada con ellos y sentimos ese dolor lento, frío y cálido a la vez, retorciéndonos en el piso, enumerando todos los insultos que sabemos y llorando como infelices, quedándonos sin poder caminar por unos cuántos segundos.

lunes, 15 de junio de 2015

Segundo Manifiesto del Abismo: La Necesidad del Movimiento

Un abismo es como una bola de nieve, que se derrite si se queda quieta, pero en movimiento va creciendo hasta estrellarse en un todo y se convierte en nada.

Contrario a la nieve, el abismo carece de volumen, puesto que es un espacio vacío, y al girar, agrandarse y estrellarse contra la nada, crea todo.

Este abismo tal como lo conocemos, lleva seis años desde que empezó a girar y tan vacío está que dejó pequeños todos en el camino, esos todos, algunos se derritieron, otros giraron hasta chocar con otros todos y hacerlos nada y esas nadas, pequeñas abismas, crecieron y rompieron y borraron y crecieron y crearon y sus clústeres hoy siguen rodando, aunque algunos se derritan.

El movimiento, la nada y el todo son los grandes pilares del abismo, puesto que siendo un abismo la nada donde cabe un todo, requiere del movimiento para que esto ocurra. Sin nada, no hay todo, sin todo no hay nada y sin movimiento no existen ni la nada ni el todo.

Imaginen una realidad estática, donde los planetas no orbiten, donde el universo no se expanda, donde las estrellas no envejezcan, donde no existan movimientos tectónicos que vomiten volcanes o que los apaguen, donde no existe el viento y las hojas de los árboles que no podrían existir queden estáticas en su propia inexistencia.

Claramente en ese escenario no existiría la vida, sería una hoja en blanco antes de ser creada, porque nunca existió el impulso, la idea motora que la materializó, y en parte, eso es el abismo: Una idea contenida esperando ser materializada, pero en pleno movimiento que, de a poco, la acerca a su existencia.

martes, 2 de junio de 2015

Silencio En Silencio

Todos los silencios esconden miles de sonidos, eso ya es sabido y sumamente repetido por miles de poetas contemporáneos, por músicos, por amantes de la literatura.

Hay sonidos que tienen en sí mismos sostenidos, bemoles, rojos, verdes, amarillos, turquesas, metáforas, líneas, historias, cigarrillos, caricias, complicidades, guiños, aire, viento, huracanes, tormentas, ventanas, lluvia, agua, mares, ríos, mates, pasto, árboles, pájaros, cielos, soles, lunas, meteoritos y saturnos.

Pero el silencio más poderoso de todos, y a su vez el más atroz, es el silencio que contiene dentro de sí otros silencios, cuya fuerza es inmensa y suele generar ese efecto de vacío capaz de destruir sostenidos, bemoles, rojos, verdes, amarillos, turquesas, metáforas, líneas, historias, cigarrillos, caricias, complicidades, guiños, aire, viento, huracanes, tormentas, ventanas, lluvia, agua, mares, ríos, mates, pasto, árboles, pájaros, cielos, soles, lunas, meteoritos y saturnos.

Ese vacío, ese silencio al cuadrado, suele aparecer más allá de la muerte, es la muerte triple, cuando mueren la palabras, los sonidos, los sentidos, y nada más puede propagarse, porque todo, hasta lo más fuerte, es incapaz de penetrar el vacío, que por más contradictorio que suene, es la fuerza más increíble que existe, la destrucción en su máximo exponente, el lado mil por ciento salvaje de la existencia, que arrasa con todo, con la felicidad, con la tristeza y con todo lo imaginable.

El silencio dentro de un silencio, son millones de bombas de hidrógeno cayendo al mismo tiempo en un mismo punto, en una milésima de segundo que dura más de una hora, y nos permite viajar miles de millones de años al pasado, momentos antes de que se produzca el big bang.

Esto sucede cuando REALMENTE no queda más por decir.

jueves, 28 de mayo de 2015

Des-Desencuentro

Se venían mirando desde que se subieron al colectivo. Sólo miradas, sin muecas, ni sonrisas, ni ademanes de nada. Y sólo con sus miradas, y quizás de tanto conocerse de viajes anteriores en el mismo transporte, a la misma hora, acordaron implícitamente que ella se bajara una cuadra después y él una cuadra antes.

Él la dejó pasar primero sin hablar, con un leve gesto de la mano y casi amaneciendo una sonrisa. Ella dejaba un rastro de perfume que él siguió sinuosamente mirando hacia atrás como le decía un cartel sobre la puerta que no olvide.

Cruzaron la calle, como caminando por separado y accidentalmente se metieron al mismo café. Se sentaron en mesas opuestas, y sus miradas siguieron cruzándose, formando trenzas invisibles en el aire que daban tres, cinco, diez vueltas y se entreveraban con el vapor del capucchino de vainilla y el cortado doble con crema.

Ella pidió edulcorante, él azúcar. Revolviendo los sobres dentro de las tazas, dentro de los platos, sobre la mesa, conectados por el parqué de alto tránsito, movían los dos la pierna derecha al mismo ritmo, como sincronizados con el tempo de So What, de Davis, mientras el murmullo de la gente bajaba, y la trompeta parecía acapararlo todo.

Las piernas se movían frenéticamente, aún conectadas por el parqué, oyendo las trompetas, entre miradas sin murmullos que zigzagueaban entre humo, vapor, miel, edulcorante y esas galletitas horribles que siempre ponen en los platos cuando uno pide café.

El track del cd llegó al final, el murmulló pareció subir (siempre estuvo al mismo nivel), el ruidito del golpear de la taza, de ambas tazas contra el plato, el vaso de soda. La galletita no. Ninguno de los dos.

La cuenta, el mesero, la propina, el parqué, la puerta. Otra vez la dejó pasar, esta vez su perfume tenía detalles de canela, y él, con la misma pulcritud y neutralidad de siempre, prosiguió.

La esquina, ella a la izquierda. Él, derecha.

Mañana va a ser un día incómodo en el colectivo.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Efervescente

Botellas caen, vidrios, humedad.
Los manteles, clavados, soportaban los vientos.

Las copas, dobladas, chillaban de dolor.

Voces, ruidos, gritos, silencio.

Se transformaban en cosas, en sombras, en formas.
Eran deformes, negros, blancos y azules. Celestes también.

Paranoia, mil, millón, bi.

Alfileres en la panza, espadas por la nuca,
El pelo mojado, la garganta ácida.
El estómago efervescente.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Flotante

Vemos la luna como si no fuera una luna.

La vemos ahi, quieta en el cielo cubierta por las nubes, como acechando.

La vemos en el cielo tan normal, sin pensar que es un cascote de millones de toneladas flotando, si, flotando en un mar oscuro.

¿Te imaginas una montaña flotando? ¿El Aconcagua flotando? Parece maravilloso, imposible. Bueno. La luna son miles de Aconcaguas flotando a la vez. Y es real. Creo.

Y la vemos ahi, tan no-milesdeaconcaguasflotando. Tan redonda. Tan cotidiana.

La luna es una pelota, la vemos como una pelota.

Sentimos que esta ahi. Decimos "mirá la luna, qué linda que está", porque esta naranja, porque a veces es roja, pero cuando simplemente esta, no la vemos como un asteroide capaz de destruirnos, despiadada y pesada.

La vemos ahi, peso pluma, sin pensar que está flotando, volando.

Y la vemos porque la vemos, y cuando no la vemos, no la vemos, sin pensar dónde estará, qué estará tramando.

Nos tropezamos todo el tiempo con una pelota inmensa que vuela por encima nuestro, la señalamos y seguimos esperando el colectivo, como si supiéramos sin temor a equivocarnos, que ella y que nosotros, mañana volveremos a vernos.

*

viernes, 24 de abril de 2015

Definiciones #1

Soy el pájaro que se cae,
la sonrisa que envenena,
la distancia que marea,
la rima que desafina.

Soy semilla en el asfalto,
el silencio en semifusas,
la luz por su ausencia,
el compás más corrido.

Soy la uña encarnada,
la lengua muda,
la boca torcida.

Soy el techo del cielo,
la sangre por fuera,
la explosión.

Soy el agua estancada,
la montaña dormida.

Soy un agujero,
soy el sol.

Soy lo que se rompe.

Soy un girasol.

martes, 31 de marzo de 2015

El Rincón

Se dice que hay un rincón de cada casa del que nadie vuelve, del que sólo se escuchan sombras caminar por el aire. Un lugar donde los perros nunca huelen, donde las moscas nunca se posan. Es un sitio recóndito, secreto que los arquitectos guardan celosamente, y que aquellos que pertenecen a la cofradía protegen con su vida, así tengan que tragar veinte cucharadas de cal antes de morir.

Es una esquina, o una ochava, o una especie de zigzag, siempre a la vista de todos, pero al pasar de nadie, justo donde nunca da la luz. Tan pequeño que nadie puede esconderse, pero nunca pasa desapercibido.

Lo vemos siempre, pero no sabemos. No sabemos que lo vemos siempre. Y esa es la razón del secreto. Es un rincón tan común del que nadie sospecharía, pero cuando se descubre, la gravedad pierde sentido, los floreros se secan, las hojas se transforman en polillas y las cortinas salen despavoridas.

Es el punto justo donde el feng shui y la conexión astral perpetuan, donde el ying y el yang son uno solo. Y tan fácil es hacerlo, y tan fácil destruirlo, que ni las arañas tejen en sus límites.

El tema es complicado, puesto que si uno, sin saber, introduce su cabeza en esa esquina, esa ochava, o ese zigzag, es posible que se devuelva como un monstruo, como una escultura del siglo XV o como nada, siendo la nada misma su existencia, siendo que no sería más.

Y es por eso que tamaña energía es el secreto más escondido de quienes estructuran paredes, de quienes levantan vigas y quienes en pura coordinación silenciosa levantan las esquinas, las ochavas y los zigzags con más poder en el universo.

jueves, 12 de marzo de 2015

La Copa Molida

Después del maravilloso espectáculo que había presenciado esa tarde, esperé sentado en mi mesa hasta que todo el público se había ido. Me quedé incluso después de que las meseras salían del baño con su ropa de civil, apuradas para tomar el último colectivo.

Me quedé hasta que salió él, alto, bien vestido, sonriente y con una pequeña mochila en uno de sus hombros.

Me levanté, le di la mano mientras le comentaba que me había encantado su función: La humildad, la gracia, el show, todo había sido espléndido. Sonrió mirándome a los ojos y agradeció con amabilidad cada una de mis palabras.

Tras dar un paso para alejarse de mi, no pude contenerme y le confesé que quería aprender.

"¿Aprender?" Me dijo. "Sí, quiero que me enseñe a ser mago, ilusionista, quiero incorporar su gracia, su talento, y tal vez en algún momento, si es que soy bueno, poder montar mi propio show en la ciudad donde nací, o incluso si usted lo permite y lo concede, formar parte del suyo".

Al principio se nego, pero ante mi insistencia no le quedó más opción que darme su tarjeta para que lo dejara ir.

La primer clase fue intensa, puros entrenamientos casi físicos, de manos, movimientos de muñeca, expresiones faciales, y tardamos casi un mes en que accediera -aunque yo estaba ansioso desde el primer día- a mostrarme uno de sus trucos.

"¿Cuál te gustaría aprender?", me dijo con un tono amable, pero firme. "Siempre me llamó la atención cuando usted muerde esa copa de vidrio con su boca. ¿Es una copa real?" - "Así es, es real, pero no creo que estés preparado para ese truco". De nuevo, insistí casi hasta no dejarle opción. Accedió.

La copa, normal, traslúcida, hermosa, fría. La tuve en mis manos. "El secreto es morder la copa sin que el vidrio se astille hacia arriba, haciendo fuerza con la mandíbula inferior, luego moliendo cuidadosamente el vidrio con las muelas, guardando la mitad en uno de los cachetes, y la otra mitad tragándolo lentamente y en porciones muy pequeñas, casi ínfimas".

Lo hice al pie de la letra, él iba atentamente siguiendo mi cuidadoso manejo de la copa. Al tragar el polvo de vidrio que mis muelas habían destrozado, empecé a asfixiarme, me dolía todo, me picaba el cuello, me ardía el estómago.

Caí al piso agarrándome el cuello, y él, parado al lado mío totalmente firme, lanzó una sutil carcajada al aire mientras murmuró "Un mago nunca revela sus trucos".

martes, 3 de marzo de 2015

Siempre Todo es lo Mismo

Siempre lo mismo, los mismos lugares, la misma gente. Se había cansado de pasar siempre y ver lo mismo, aquella señora que a punto de cruzar la calle siempre se le volaba el paraguas, aquel atardecer que contemplaba todos los días antes de irse a dormir, los pájaros cantando siempre sobre el mismo árbol anaranjado por el otoño.

A la mañana, siempre la misma montaña con nubes, hermosa, pero siempre la misma. ¿No podría correrse de lugar, o por un día mostrarse sin nubes? ¿No podrían esos patos del estanque convertirse en cisnes, en perros o en elefantes y hacer algo distinto?

Hasta que una tarde, cansado de pasar una y otra y otra vez por lo mismo, lo mismo de lo mismo, y ver siempre lo mismo, se decidió y por primera vez en treinta años, cambió todos los cuadros de las paredes de su casa.