martes, 24 de agosto de 2010

Vida y Obra de un Cascote

Uno pensaría, a primera vista, que un cascote es algo completamente insignificante. Algo que esta ahí, pero que es lo mismo que si no estuviera, algo tan neutral en nuestras vidas que es imposible pensarlo como indispensable.

Con esta negatividad impulsada por los prejuicios, empezamos esta nota, que espero sirva para entender un poco la mecánica del proceso de nacimiento y evolución de un cascote. Ya pronunciarlo puede sonar gracioso, haciendo referencia a un casco grande por ejemplo, o a la violenta frase "ehh puto!! te voy a cascotear el rancho!!", o sólo por su fonética, pero lejos de eso, un cascote es un pedazo de algo más grande: Un escombro de una pared derribada, un puñado de tierra sólida, una piedra, un trozo de alguna pieza de albañílería... en fin.. un cascote es un pedazo del mundo.

Los hay de miles de tamaños, colores, formas completamente irregulares e impredecibles y de distintos materiales. Nosotros mismos podemos ser quienes demos vida a uno de estos grandes elementos de la naturaleza. Solo basta con encontrar una pared que no nos agrade demasiado, sea por su color, porque nos impide pasar a la bóveda de un banco o porque el cuadrito de flores que colgó mamá simplemente nos da náuseas. Sea cual sea la razón por la que una pared nos irrite, solo basta con agarrar una maza lo suficientemente maciza como para penetrar de uno o varios golpes la pared, hasta que un pedazo de ella caiga al piso. He aquí, damas y caballeros: Un cascote. Nuestro cascote.

Como pudimos leer antes, la reproducción de un cascote tiene ciertas similitudes con la humana, cuando un elemento contundente ingresa en otro (que puede ser igual de contundente) a los golpes -y por más desubicado o asqueroso que parezca, nadie puede negar la estrecha relación que une nuestro proceso reproductivo con el de un cascote- para que luego de un tiempo de golpear caiga al mundo un nuevo individuo. También podemos notar ciertas diferencias entre los seres humanos y los cascotes: Estos últimos son siempre machos, rugosos e irregulares, y por más que haya personas con estas mismas características, también hay mujeres, gente que tiene pelo, etcétera, por lo que podemos decir entonces que un cascote puede representar a cierto grupo (macho, rugoso e irregular) de nuestra sociedad. Pero el acto sexual de un cascote involucra más del 98% de las veces a tres individuos: El objeto grande a demoler (órgano sexual femenino), el objeto contundente que avanzará con velocidad hacia el primero, buscando la fuerza suficiente para atravesarlo (órgano sexual masculino) y muchas veces un tercero que es el responsable de hacer que estos dos anteriores colapsen para que el acto tenga lugar, impulsando al órgano sexual masculino contra el femenino, casi siempre con violencia (vándalo). También podemos hablar del proceso de inseminación artificial de los cascotes, para el que sólo se necesita el órgano sexual femenino y un explosivo fuerte, como la dinamita, prescindiendo así del macho y del vándalo. Cabe aclarar que no siempre se produce de esta forma, pero es la más común en países tercermundistas como Argentina, principalmente cuando un grupo social se encuentra disgustado por algo.

Por eso, notaremos que el grueso de la población de cascotes del mundo se ubica principalmente en estos puntos, aunque en países del primer mundo, por más que cueste creerlo, también hay gente que actúa para que nazca un cascote, aunque de diversas formas que no aclararemos en este escrito, sólo para no aburrir a quienes hayan llegado a leer hasta este punto sin haberse aburrido (redundancia necesaria).

En cuanto a su fisonomía, podemos decir que el tamaño natal de un cascote depende de dos factores importantes, que son el tamaño y consistencia del órgano femenino, y la velocidad, dureza y también el tamaño del masculino (porque hablando de cascotes, el tamaño SI importa). Un cascote recién nacido, entonces, puede tener distintos tamaños que derivan de esas variables, pero los cascotes poseen un proceso evolutivo muy distinto al resto de las especies del mundo: Su masa corporal va decreciendo a lo largo de su vida, hasta que desaparecen completamente. Este desgaste del cascote, es completamente inalterable, ya que una vez nacido, comienza y no se detiene hasta la muerte. Dependiendo del estilo de vida que lleve el cascote y el tamaño que tuvo al nacer, este proceso puede durar desde un día hasta miles de años. De hecho, experimentados científicos afirman haber encontrado cascotes procedentes de eras como la paleozoica o la mesozoica, cuando los humanos éramos sólo monos.

Y remontándonos a eras prehistóricas, podemos observar claramente que en el comienzo de la humanidad, los cascotes y los humanos convivían en armonía, ya que hay pruebas fehacientes de que nosotros hemos evolucionado gracias a los cascotes. Por ejemplo, cascotes alterados que datan de hace miles de años, fueron usados como puntas de flecha por nuestros ancestros para cazar su alimento y defender su territorio de otros animales, de otros humanos o de godzilla. También se han oído historias que hablan de ciertos cascotes que, frotándolos con fuerza y una gran habilidad, pueden generar fuego, muy útil si estamos por morir en manos del invierno, o si protagonizamos un accidente de avión en medio de la selva y no nos gusta la carne humana cruda.

Pero no todo en la vida de un cascote es color de rosas. Muchas veces, incluso hoy en día, en nuestra sociedad, hay gente que ve muy mal a los cascotes, los discrimina por ser utilizados como armas de grupos violentos, de bromistas que aman romper vidrios de casas desconocidas durante la noche o simplemente de personas cansadas de que las viejas les reclamen con fervor el asiento del colectivo (si, en toda nota debo hacer referencia a esto). De todas formas, es muy importante destacar que los cascotes tienen un temperamento sumamente tranquilo, comparable con ciertos maestros del budismo y la concentración. No hay cascotes malos, es la gente la que los usa mal.

Aunque siempre hay excepciones. Generalmente los cascotes sufren de vértigo, por lo que si uno los sube a un lugar alto, estos emprenden un desesperado descenso, que muchas veces termina con violencia sobre el suelo o, en el peor de los casos, sobre alguien con mucha mala suerte. Los cascotes suelen tener ciertas glándulas, aún no comprendidas por el ser humano, que transmiten datos a través del contacto de unas con otras. Estas glándulas transmiten las emociones de un cascote a otro de forma instantánea, aunque normalmente el cascote que recibe la información debe ser del mismo o de menor tamaño que el que la transmite para poder absorberla como suya y actuar de la misma manera. Es por esta glándula (llamada "glándula del vértigo" por estudiosos del tema) es la que contagia el vértigo y el descenso de un cascote a otro. Este hecho, aparentemente insignificante, no lo es si nos trasladamos a la punta de una montaña, donde un cascote cae y comienza a transmitir su desaforado vértigo a otros compañeros, generando un número exponencial de cascotes vertiginosos cayendo en picada hacia el valle, que da como resultado lo que nosotros, los humanos, llamamos "avalancha" o "derrumbe", que no es más que una estampida de cascotes.

Cuando una avalancha toma cierta fuerza, es imposible detenerla, y los cascotes no pararán hasta hacerse polvo, o romperse en miles de pedazos, lo que aumentaría la población de cascotes. Se puede decir también que una avalancha es la fiesta romana u orgía de los cascotes. Como pudimos comprender, son seres extremadamente sexuales y tranquilos, aunque si comienzan a contagiarse vértigo, podríamos vernos en un problema si nuestra casa queda en el fondo de un valle.

Como conclusión de este pequeño documental escrito, podemos decir que un cascote es una parte esencial de la vida, que muchas veces actúa como juez y verdugo sobre nosotros y otros seres que habitan el planeta. De hecho, afirmamos que el planeta entero es un cascote que nació de una explosión, o de un planeta mucho más grande. Si señores: Vivimos en un gran cascote, un cascote que nos dio vida y le debemos nuestro total respeto, a él y a los suyos, amén.



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Eso es todo por el día de hoy. Espero que ahora cuando vean un cascote, entiendan la complejidad del asunto.

http://paradoenelabismo.blogspot.com

5 comentarios:

estepania dijo...

cascote vos! =)

Micaela dijo...

tienen nombres?
si no tienen, les puedo poner yo los nombres?

ya tengo pensado como 50

:)

Pablix dijo...

Si, yo quizas sea un cascote.

Se pueden llamar pedro, alfonso, jeremías, nombres así... con onda entendes?

Anónimo dijo...

se contagian el vertigo unos a otros interesante eso tambien es conocido en la psicologia de las masas como histeria colectiva. y son primos cercanos de las toscas!

Anónimo dijo...

Maciado para leer a las 8.02am :P