miércoles, 22 de agosto de 2012

Esquinas Peligrosas


En medio de la noche, un grito rompe el silencio para soltar una agonía que muchas veces se repite, sobre todo en verano, cuando nuestros pies descalzos logran encontrarse en medio de una casi absoluta oscuridad, con la fría madera de una puerta mal cerrada, que atrae al meñique del pie hacia su cuerpo para impactarlo y
llenar de dolor la cara de su dueño.

Mi odio hacia los cajones mal cerrados, cuyo fundamento no es más que un leve TOC, también tiene su gran parte en estos dolores, fáciles de evitar.

Las esquinas de las puertas o los muebles, tienden a imantar nuestras partes más sensibles para tratar de destruirlas. Es un dolor que dura unos cinco segundos (y queda desvaneciéndose por otros tantos más), pero a veces es tan insoportable que a uno se le pianta una lágrima.

Los muebles más antigüos, que son casi siempre los más duros, nos engañan haciéndonos creer que podemos pasar por ahí con espacio de sobra, pero cuando lo intentamos, ¡PAF!, nos perfora la cadera la maldita esquina, haciéndonos pegar un saltito bastante maricón (y ni hablar si a alguno le sale un grito de esos agudos e inesperados).

Otro problema, es en ámbitos laborales, cuando de repente entramos a una oficina donde tenés una reunión importante, y al tratar de echarle un filito al mueble de al lado de la puerta, nos golpeamos de forma asquerosa y soltamos un leve pero audible "LA CONCHA DE TU MADRE", haciendo que la reunión comience a cientosetenta y dos kilómetros bajo el nivel del mar, haciendo imposible remar la situación.

La solución no es tan complicada... podríamos crear muebles con las puntas más redondeadas o cubiertas con amistosa goma eva de colores o aprender a cerrar bien puertas y cajones (que además me molesta que estén entreabiertas!).

También podríamos dejar de ser tan pelotudos y fijarnos por dónde caminamos.

Pero creo que es más fácil cambiar los muebles.

5 comentarios:

Yashira dijo...

Jajaja, síiii, es más fácil cambiar los muebles, nunca dejaremos de ser tan pelotudos, como dices.

Me ha gustado ese análisis que haces del dolor, se nota que lo cataste.

Besos Pablix,

Jonathan Minutillo dijo...

Yo he escuchado un grito maricon en un partido de futbol hurlinganiero

José A. García dijo...

O podríamos hacer las habitaciones más grandes, también.

J.

Bellarte dijo...

Como tú eres un dios, deberías levitar no?

Pablix Pebablds dijo...

Yashira: Ciertamente, prefiero correr todos los muebles del mundo a dejar mi estupidez!

Jonathan: No hay pruebas fehacientes de ello. Nadie te creerá.

Jose: Igual, seguiríamos incomodándonos con el más pequeño obstáculo.

Bellarte: Como me camuflo entre los mortales, no muestro mis poderes en este mundo.