jueves, 22 de noviembre de 2012

El Jugador


Se acodó lentamente sobre la mesa, dejando la cabeza suspendida entre sus manos, que formaban un triángulo hacia el piso, mientras miraba fijamente como todos se alejaban un paso de la mesa, y aquél hombre de traje blanco, rojo y negro, que muchas veces habría sabido ser su peor enemigo, y tantas otras su angel de la guarda, empezaba a hacer rodar la pequeña pelotita blanca en sentido contrario al que giraba la ruleta.

De nuevo en la misma situación. En sesenta de sus ochenta años, había tenido altas y bajas, pero su mayor disfrute era el extremo, el todo o la nada. Recordaba entonces su infancia pobre, los zapatos remendados, la ropa gastada, la comida insípida, los gatos, los miles de gatos que coleccionaba su familia, sus cinco hermanos y sus tres hermanas, de los que por fin se había podido alejar cuando descubrió su talento.

Mientras la pelotita giraba frenéticamente y los casilleros negros y rojos se fundían en un solo color gracias a la velocidad, recordó aquél día en que ganó sus primeros cinco pesos en aquel puestito de la calle, donde un hombre desafiaba a adivinar las cartas. Nadie había podido vencerlo, excepto él. Primero una vez, que
intuyó fue la suerte. Dos veces seguidas, suerte de principiante. Tres veces seguidas, para despertar el asombro de todos, incluyéndose a sí mismo.

Su vida, su escape, fue jugar sin parar. Apostaba siempre en puestos callejeros, se metía en problemas, y lograba escapar, siempre bien, siempre legal. A los veinticinco años había ganado una pequeña fortuna, que seguía apostando. La bebida, el tabaco, el éxito, todo pendía siempre de un ligero hilo. Y lo perdió todo, y sin embargo nunca se rindió, y volvió a ganar, y así también volvió a perder.

Mientras los demás jugadores se mordían los codos, expectantes del destino de sus fichas, él seguía firme, seguro, acodado en el marco de madera oscura de la mesa que lo sostenía.

Sabía que de un momento a otro todo se podía ir, y a pesar de su edad y de su condición, no había nada que lo hiciera sentir más vivo que esos diez o quince segundos de esperar que empezaban a correr cuando la pelota iniciaba el recorrido fugaz de su órbita. Los segundos eran puñales que se clavaban en su cuerpo, pero a su vez, también podrían darle los recursos para curar esas mismas heridas. Se relamía con indiferencia en la situación, los grises jamás habían sido lo suyo, y este caso no fue la excepción. Sostenía que jugar de a poco era morir tímidamente, sin el placer y la emoción que él sabía encontrar en el escaso girar de una esfera blanca.

Y así fue, como ese pequeño levitar cesó su marcha, y la verdad golpeó con su mejor estocada.

- Veintitrés rojo.

Lentamente se incorporó, se puso de pie totalmente erguido, sacándose el reloj de la muñeca y los zapatos importados de los pies, y con una inmensa naturalidad y una admirable calma, los puso arriba de la mesa junto a las llaves de su auto. Del bolsillo de su pantalón, sacó un par de monedas, que contó en la palma de su mano, como enumerando botones, para volver a ponerlas en un sólo movimiento dentro de su bolsillo, sonrió al tiempo que asentía con la cabeza al croupier y tras una lenta media vuelta, se fue caminando, viejo y descalzo, hacia la salida del gran casino.

8 comentarios:

deltanea dijo...

¡¡Lo vi todo mientras lo leí!!
Eso es sinónimo de un buen cuento :)

Bellis dijo...

Un poco a ésto me refería cuando pensaba para mis adentros que quería vivir con calma pero intensa y apasionadamente.

"Y la vida como viene, va" decía Fito.

MUY BUEN CUENTO.

Saludos,
Bellis

Pablix Pebablds dijo...

Deltanea: Gracias!! Me alegro que se haya proyectado la historia en tu cabecita :)

Bellis: Es así, lo intenso dura poco, y luego, la calma, la descarga. Gracias por pasar!

Eva Letzy dijo...

Pobre tipo, y bueno, hay adrenalinas peligrosas... Si el es feliz jugando...
Me gustó el final, la imagen del tipo yéndose descalzo.
Saludos

Geraldine, dijo...

pensar que hay mas de uno así en la vida real, encima arrastran a la familia a la ruina.....ahora si es un tipo solo, es una buena forma de vivir al límite siempre no?

Lucianna dijo...

Menos mal que acá no aceptamos como forma de pago nada que no sea efectivo. Lo único que me falta es que me llenen de olor a pata el local.

José A. García dijo...

Eso por creer en el azar, uno tiene que ser capaz de crear su propia suerte, o no ser nadie.

La segunda opción, siempre, es mucho más fácil.

Saludos

J.

Pablix Pebablds dijo...

Eva: Es una imagen feliz y triste a la vez. Pero lo bueno es que la felicidad está adentro suyo.

Geraldine: Puede ser, aunque hay muchas formas de vivir al límite. Cada uno elige la que más le convence.

Lucianna: Ojo, que si te dan un auto 0km no creo que te niegues! :)

Jose: El azar es interesante, de hecho, todo es azar!