lunes, 13 de mayo de 2013

Amor Simultáneo


En la oscuridad de la sala del cine, en plena escena típica de película romántica, una señora casi sexagenaria se levanta de su butaca para ir al baño un momento. Al pasar por el medio de la fila, un hombre, también casi sexagenario, se la queda mirando. Cuando la señora estaba por llegar a la entrada, el hombre se para de golpe y grita "¡Mónica!". Algunos espectadores lo miran de reojo, y se escuchan algunos "shh" en la sala. El hombre, sin prestar atención a esto, vuelve a gritar "MÓNICA!", siendo más los que empiezan con quejidos, mientras trataban de no perder el hilo de la historia romántica que se proyectaba en la pantalla.

La mujer se da vuelta, se acomoda los anteojos y se acerca de a poco. El hombre, atolondrado, se pasa por encima de las rodillas de algunas personas, que se iban quejando mientras el hombre les tapaba brevemente la visión.

Al estar un poco más cerca, la mujer sonríe y grita "Tomás!" y a pesar de los insultos de la gente, se fueron acercando.

"¡Tantos años!, pensé que..." grita Tomás desde varias filas atrás. "¡Jamás! ¡Te busqué todo este tiempo!". La gente empezaba ya con insultos más subidos de tono, y algunos pochoclos volaban azarosamente por el aire, buscando la cabeza de alguno de los dos.

Corrieron lo que sus rodillas les permitieron, ella por el pasillo, él pasando con dificultad por encima de la gente, hasta que por fin, se encontraron en medio de la fila, entre butacas, y se tomaron las manos mientras se miraban fijamente a los ojos, los dos de pie, bajo una lluvia intensa de pochoclos, papeles, golosinas, y gritos de "¡SIENTENSE VIEJOS!".

"No puedo creer que estés aca...", dijo Tomás. "Jamás pensé que te volvería a ver", dijo Mónica con decenas de pochoclos pegados en los rulos rubios que aún se mantenían justo como Tomás los recordaba. "¡CÁLLENSE POR FAVOR!" gritó uno que estaba dos filas más adelante. "¡SIÉNTENSE FORROS!" gritó el de la fila de atrás, al que la pareja tapaba la visión.

"No vamos a volver a estar lejos uno del otro" dijo Mónica, con los ojos llenos de lágrimas. "Jamás voy a dejar que el destino nos vuelva a separar", dijo Tomás, apretándole las manos un poco. "¡PERO NO SE PUEDE VER LA PELÍCULA ASí!" - "¡ESTO NO SE PUEDE CREER!" gritaban los espectadores, ya bastante furiosos.

Tomás y Mónica seguían mirándose fijo, de pie, en medio de la sala del cine. Se miraban tan fijamente que hasta sus miradas molestaban a los que los rodeaban, pero poco les importaba, a pesar de que, como el pocholo se les había acabado, empezaban a revolear baldes y vasos de gaseosa a medio terminar. Sus cabezas se atrayeron mutuamente y comenzaron a besarse, mientras en la película se veía a los protagonistas caminando por un parque, y la sala era un caos de gritos, insultos y objetos voladores comestibles.

Mientras se besaban, al tiempo que tapaban la visión de gran parte del público y molestaban a la parte restante, un guardia llegó y les pidió que se retiraran, pero ellos no lo escucharon. El guardia, tras varios intentos, se dio por vencido y se fue, causando más abucheos del público.

La gente, una a una empezó a irse, mientras algunos seguían tirándoles lo que encontraban a la pareja de ancianos. Cuando ya no quedaba nadie en la sala, solo ellos, cayeron que estaban en una sala de cine, ahora vacía, y se dieron cuenta de lo que habían provocado. Se echaron a reir como dos adolescentes, mientras, solos, se sentaron a ver los últimos minutos de la película, abrazados y cubiertos de una capa pegajosa, producto de las gaseosas, caramelos y pochoclos con que les habían tirado.


Pero no todos se habían ido de la sala, sino que un hombre se había quedado mirando todo desde algunas butacas atrás. Al encontrar a la pareja abrazada, se presentó y les ofreció, ya que el era un gran director de cine, llevar su historia a la gran pantalla.

Un año después, la película fue todo un éxito y los cines se abarrotaban de espectadores. ¡Claro! La gente siempre prefiere ver lo que sucede en la pantalla, perdiéndose así mil historias mejores que ocurren justo frente a sus ojos.

3 comentarios:

José A. García dijo...

La realidad está sobrevalorada, por eso es mejor ver una pantalla a girar un poquito el cuello y ver qué pasa frente a nosotr@s...

O eso dicen los que dicen que ellos saben, en fin.

Saludos

J.

Lucrecia Borgia dijo...

¡Qué lindo!...
Igual que Bonnie & Clyde...

saludos

Pablix Pebablds dijo...

José: Muy buena frase la de "la realidad está sobrevalorada". Coincido.

Lucrecia: Claro! sólo que sin tantos disparos... creo!