sábado, 2 de agosto de 2014

La Infelicidad

Ese día que salió de la oficina, se sentó en el colectivo de vuelta a casa y empezó a mirar por la ventanilla. Sus párpados se caían por el cansancio de días estresado, el cuerpo le dolía, recordaba días en el trabajo haciendo horas extra, llenando papeles sin sentido que nunca le dieron ninguna satisfacción, hasta que en una de las paradas, un cartel gigante se alineó con su cabeza, con la inscripción "¿Estás feliz con la vida que llevas?". Lo leyó detenidamente y lo siguió con la mirada incluso cuando el colectivo arrancó, y giró la cabeza mirándolo fijo hasta que lo perdió de vista.

Pensando, llegó a la conclusión de que debía cambiar de vida.

Vendió el auto, la casa, casi toda su ropa y se despidió de su familia para empezar a viajar, como siembre había soñado. Compró pasajes de avión y se fue.

Tiempo después, recorridos varios países y tenido miles de aventuras, se vio a la vuelta de una excursión pegado a la ventanilla de una combi y pensaba en el tiempo que no veía a su familia, que no dormía en una cama por una semana entera y que no tenía ningún tipo de estabilidad. Una avioneta pasó por el cielo con la misma publicidad: "¿Estás feliz con la vida que llevas?"

Meditó, y decidió que era momento de volver a casa.

Juntó sus cosas, y abordó un avión que lo traería de nuevo. Ya en su tierra, golpeó la puerta de su casa y nadie salió a recibirlo. Lo odiaban por haberlos abandonado y no reconocieron su regreso tal como él esperaba, negándole un lugar donde dormir. Sin plata y sin techo, fue a su antiguo trabajo a ver si podían devolverle el puesto, pero su lugar había sido ocupado por tres pasantes mucho más jóvenes, que obviamente cobraban mucho menos de la mitad que él.

Se sentó en el cordón a pensar, y no encontró alternativas.

Pasó tres o cuatro meses andando por la calle, comiendo de donde podía, haciendo trabajos esporádicos para poder comprar alcohol para poder conciliar el suelo, aguantando el frío, el calor, la lluvia y la maldad de la gente que lo miraban mal cuando se acercaba.

Caminando por un barrio al que acababa de llegar con su mochila y con la misma ropa puesta hace meses, vio otro cartel... "¿Estás feliz con la vida que llevás?".

Se detuvo, miró el cartel con atención, sonrío y continuó con su camino.

2 comentarios:

José A. García dijo...

Siempre el pasto es más verde en el jardín del vecino.

Hace rato que no tengo noticias tuyas. Espero que andes bien.

Saludos!

J.

Pablix Pebablds dijo...

José: Más bien. O algo tipo la gata flora vendría bien también. Estuve desaparecido en acción, pero estoy volviendo, de a poco.