lunes, 17 de septiembre de 2012

La Escondida


Nadie nos vencía en las escondidas. Éramos los mejores, así que hicimos un pacto. A partir de ese momento, uno de los dos contaría diez años, y al finalizar la cuenta, iría a buscar al otro por cualquier parte del mundo, y "picar" al otro en esa misma pared.

Hicieron la ceremonia del sorteo, donde uno de ellos sacó el palito más fino, quedando así como el contador, mientras que el restante, se condecoró como el buscado. No se verían por, como mínimo, los próximos diez años.

El tiempo pasó, y los niños dejaron de serlo. Nunca más supieron uno del otro, hasta que una carta certificada llegó a casa del contador que él mismo se había enviado diez años atrás, y hasta casi había olvidado.

Ese mismo día, comenzó la búsqueda. Primero, en el barrio de siempre, luego en los alrededores. No pudo encontrarlo de forma inmediata, por lo que comenzó a buscar información. Habló con todos los vecinos, anotó un cuaderno entero con los testimonios y suposiciones de las personas que vivían cerca, aunque algunos se contraponían con ellos mismos, contando relatos imposibles, teorías absurdas y mentiras alevosas.

Cinco años más duró la búsqueda, hasta que, saliendo de una casa en Madrid, España, se encontró con el buscado. Sin decir nada, los dos hombres se miraron, y salieron corriendo, dejando todo atrás, totalmente serios.

La vuelta no fue fácil, luchando entre ambos por ver quién conseguía el pasaje de avión más temprano, gastando así todos sus ahorros en el servicio más caro y personalizado que una línea aérea podría ofrecer.

Uno tomó un vuelo, y el otro, otro con apenas minutos de diferencia.

Ambos fueron mirando por la ventana todo el vuelo, sin comer, sin dormir, tan sólo tomando un pequeño vaso de agua (uno de los dos tomó soda) que la azafata les regaló con una sonrisa.

Del aeropuerto, era un viaje de dos horas. Uno optó por tomar un micro escolar que transportaba tomates, que enganchó justo a la salida del aeropuerto. El otro, consiguió casi quince minutos después, que un motoquero lo acercara al destino, ya que iba de paso.

Estaban a metros de la puerta que deberían cruzar para llegar al destino. Se vieron a la distancia y comenzaron a correr con todas sus fuerzas. Cruzaron la puerta casi al mismo tiempo, llevando uno de ellos diez centímetros de ventaja. Corrieron y corrieron por el pasillo que daba al patio, que daba al fondo.

Al llegar al fondo, buscando tocar la pared y ganar el juego, se quedaron anonadados al darse cuenta que la pared había sido derribada, y el fondo en el que jugaban ya no era ese fondo. El lugar donde habían estado, había desaparecido.

Los hombres, sin mirarse, se quedaron parados unos minutos, y comenzaron a reírse a carcajadas, casi hasta quedarse sin aire.

8 comentarios:

Ana dijo...

Genial como escribis! :) me encantó

Yashira dijo...

Estupenda tu historia Pablix, me gustó mucho. Volver a la infancia, deshacer el camino y darte cuenta que todo ha cambiado, no solo tú. Creo que eso es la vida amigo mío.

Un abrazo desde mi mar,

Eva Letzy dijo...

jajaja!!! Me encantó! Qué bueno que hayas pasado por mi blog, así conozco el tuyo...
Un saludo desde Madrid

José A. García dijo...

Eso se llama constancia hasta el fin.

Muy bueno. Yo lo hubiera hecho más tétrico, pero hubiera perdido mucho.

Saludos

J.

virgi dijo...

Bueno, si todo eso sirvió para encontrarse de nuevo...
Besos, gracias por tu visita,

Un Simple Blog dijo...

Que linda historia que se fue proyectando cual película en mi mente a medida que iba leyendo

Lunática dijo...

No solo nosotros cambiamos, nuestro entorno también. Nuevos paisajes, nuevas fronteras...Muy lindo.Saludos!

Pablix Pebablds dijo...

Ana: Gracias querida! :)

Yashira: Así es la vida, totalmente. Abrazo!

Eva: Gracias! :) Abrazo transoceánico!

Jose: Podrían haberse querido matar, no? Jaja saludos!

Virgi: Si, obvio que sirvió! :)

UnSimpleBlog: Genial! Grabamela en DVD así la veo yo también!

Lunatica: Todo cambia, todo explota!