viernes, 8 de febrero de 2013

La Última Explosión

Se manejaba en el espacio tan libre, era como si respirara, como si en verdad lo necesitara, pero sabía que respirar no era vital, ya que su cuerpo había quedado atrás hacía rato. Todo su peso había desaparecido, por eso ascendía sin control, a merced del aire que ahora lo acunaba, como en una melodía adormecedora. Había logrado cumplir el primero de sus objetivos, pero el camino aún era largo, por lo que entrecerraba sus ojos y se dejaba llevar por la brisa, que cada vez más fría, lo tiraba hacia un espacio más y más oscuro. El hielo empezaba a petrificarlo, a devolverle su peso, pero ya no era el mismo. No podía moverse con la libertad con la que lo hacía en la tierra, y sin embargo, sabía que eso era lo que iba a pasar. Tenía todo calculado. Incluso, mentalmente, contaba los segundos del ascenso para tener una idea de cuándo iba a descongelarse y a liberarse de nuevo.

 El sol no estaba lejos, pero de todos modos, él no tenía apuro. Convertido en un bloque helado, sonreía sin distraerse de la cuenta, hasta que los rayos del sol comenzaron a derretir las primeras gotas, para luego de un momento, volver a liberarlo, y él, entonces, en línea recta, mirando fijamente la bola de fuego, empezó a reir cínicamente a carcajadas que rebotaban en todos los planetas, hasta que empezó a gritar, y sus gritos rompieron varias lunas, que se convirtieron en asteroides errantes. Algunas estrellas se apagaron a lo lejos, y cuando por fin hizo impacto en el sol, produjo un estallido nuclear que destruyó todo lo conocido, y como un nuevo big bang, creó un universo nuevo, una realidad paralela que ya no lo necesitaba. Por eso mismo, decidió, por voluntad propia, dejar de existir inmerso en la explosión. Y aprovechando el impulso, volvió a separarse en millones de átomos, que individualmente continuaron subiendo y subiendo, quizás en busca de otros soles. O tal vez en busca de una reconstrucción, en una realidad donde pueda existir sin la necesidad de explotar de nuevo.

3 comentarios:

Bellis dijo...

El otro día leía una novela gráfica sobre un señor con Alzheimer que lo internan en un geriátrico. Arrugas se llama la novela, y como prefacio introductorio tenía la frase de Buda:

"La nube no desaparece, se convierte en lluvia."

Me hace acordar un poco a esta entrada.

Saludos,

Bellis

José A. García dijo...

Excelente mito de creación y regeneración. Ya podemos armar nuestra propia religión a partir de estos dos párrafos!

Saludos

J.

Pablix Pebablds dijo...

Bellis: Buda era un capo! Mirá las frases que tiraba!

Jose: Podríamos! Necesitamos unas cien personas para que podamos fundarla como religión! ;) Jajaja